Zelenski parece crecientemente desesperado y los jefes militares rusos, cada vez más furiosos - por Joaquín Rábago
Zelenski parece crecientemente desesperado y los jefes militares rusos, cada vez más furiosos
Joaquín Rábago
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, parece cada vez más desesperado por las presiones de Donald Trump para que llegue cuanto antes a un acuerdo con el Kremlin que equivaldría para él a una claudicación.
En su última conversación telefónica con el político republicano, Zelenski volvió a pedirle urgentemente garantías de seguridad que, según él, debe ratificar también el Congreso de EEUU.
A uno le resulta sorprendente ver cómo el líder ucraniano no sólo pretende decirles a los europeos lo que hay que hacer con Rusia, es decir fragmentarla, sino que pretende también dictarle a Trump las condiciones de las garantías que reclama.
Al mismo tiempo y tal vez tenga algo que ver con eso, Zelenski parece sentir la amenaza política del popular ex comandante en jefe de sus Fuerzas Armadas, al que decidió alejar en su día de Kiev, nombrándole embajador en Londres.
Zaluzhni parece haber aprovechado su estancia en el Reino Unido, tal vez el país europeo que junto a Alemania ha prestado siempre el mayor apoyo militar a Ucrania, para tejer una red de contactos que podría servirle si se presentase a unas eventuales elecciones presidenciales en su país, a las que Zelenski se resiste.
Zaluzhni ha criticado últimamente a Zelenski por no haber seguido el plan estratégico que le propuso y haberse involucrado por el contrario en una operación militar desesperada y finalmente desastrosa como la invasión de la región rusa de Kursk, que aquél calificó de simple operación de relaciones públicas.
Zelenski aparece así cada vez más controvertido en su propio país aunque siga recibiendo el apoyo entusiasmado de los líderes europeos, felices de que haga por ellos el trabajo sucio de combatir con las armas que le suministran a la detestada Rusia de Vladimir Putin.
Mientras tanto, el Gobierno ucraniano quiere llegar a acuerdos con el Reino Unido y algún otro país europeo como Francia para la producción conjunta de armamento, por ejemplo, la del misil de largo alcance Flamingo.
Se trataría de trasladar la producción de esos nuevos misiles de crucero, diseñados por los propios ucranianos, a lugares donde no estén al alcance de los misiles rusos.
Hace unos días, uno de esos misiles atacó la planta de Votkinsk, una instalación clave del complejo militar-industrial ruso, lo que provocó la cólera de la cúspide militar.
Algunos generales rusos, visiblemente furiosos, hablan de que Moscú no podía seguir tolerando esos desafíos y debía dar una respuesta incluso nuclear.
Mientras tanto, la Comisiòn Europea busca la aprobación de un nuevo paquete de sanciones contra Rusia -el número veinte-, que incluye medidas drásticas contra los buques de la llamada “flota fantasma”, es decir los cargueros que, con pabellones de distintos países, transportan petróleo ruso.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la jefa de la diplomacia, Kaja Kallas, ha puesto un gran empeño en esas sanciones, que van contra el derecho marítimo internacional, y a las que se han resistido Grecia y Malta, dos países con poderosas industrias marítimas.