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lunes, 05 de diciembre de 2022 09:35h.

La pobreza y la discriminación no justifican el terrorismo, pero lo explican - por Chema Tante

Escucho a montones de analistas, preguntarse por las causas que mueven a tanta gente joven, de las comunidades árabes en Europa, a unirse a DAESH, para combatir o formar parte de grupos terroristas. La mayoría de tales analistas, al mismo tiempo, niegan que esas personas jóvenes, que han nacido y se han educado en ciudades occidentales, pertenezcan a clases pobres o discriminadas. Se les escucha rechazar lo que ha dicho Bergoglio con tanta claridad o que ha sostenido con contundencia Miguel Urban, de Podemos: que en el fondo de los motivos para enrolarse en el terrorismo musulmán, está precisamente las deterioradas condiciones de vida que sufren. Dicen aquellos analistas, que las familias de estos chicos y de estas chicas se enmarcan en clases medias, acomodadas, que son familias consolidadas, que llevan varias generaciones instaladas en Europa.

La pobreza y la discrminación no justifican el terrorismo, pero lo explican - por Chema Tante

Escucho a montones de analistas, preguntarse por las causas que mueven a tanta gente joven, de las comunidades árabes en Europa, a unirse a DAESH, para combatir o formar parte de grupos terroristas. La mayoría de tales analistas, al mismo tiempo, niegan que esas personas jóvenes, que han nacido y se han educado en ciudades occidentales, pertenezcan a clases pobres o discriminadas. Se les escucha rechazar lo que ha dicho Bergoglio con tanta claridad o que ha sostenido con contundencia Miguel Urban, de Podemos: que en el fondo de los motivos para enrolarse en el terrorismo musulmán, está precisamente las deterioradas condiciones de vida que sufren. Dicen aquellos analistas, que las familias de estos chicos y de estas chicas se enmarcan en clases medias, acomodadas, que son familias consolidadas, que llevan varias generaciones instaladas en Europa.

Incluso he escuchado decir que las afirmaciones de Bergoglio y Urban son peligrosas, porque "justifican el terrorismo".

A mí me parece que lo peligroso es empeñarse en la ceguera, en no asumir, precisamente, el envilecimiento de la vida en las clases medias en Europa, como efecto nefasto de las medidas neoliberales. Se ha producido un progresivo empobrecimiento, en el plano económico y en el plano de los valores que, en el caso de los colectivos inmigrantes procentes de países árabes o africanos, potencia los agravios nunca desaparecidos de la discriminación.

No puede olvidarse, en el caso de Francia, las muchas veces que se han producido disturbios en los barrios inmigrantes. Como no puede ignorarse la continuada persecución verbal, y a veces de obra, que practican los partidos de extrema derecha, que se ensañan con las personas inmigrantes. Como sería ridículo que se niegue la discriminación laboral por motivos raciales que nunca ha desaparecido en las empresas de Europa. Hubo momentos, cuando las condiciones económicas lo permitían, en que todo el mundo encontraba trabajo, aunque con frecuencia los peores empleos eran para la inmigración. Y ahora, en que la ocupación laboral se hace más complicada, quienes llevan la mejor parte son las personas de origen europeo, postergando a las de origen extranjero, por mucho que tengan la nacionalidad del país.

La gente joven de familias inmigrantes se encuentra con graves dificultades económicas, con empleos precarios y mal pagados, lo mismo que les pasa a la mayoría de las chicas y los chicos de toda Europa, con una degradación de los valores morales. Pero en el caso de jóvenes de familias árabes, aparece otro elemento decisivo. Gran cantidad de esas familias han mantenido con fuerza sus esquemas morales y religiosos. Con todo eso, es comprensible que muchachos y muchachas que sufren desorientación, con pocas esperanzas de una vida aceptable, atiendan las llamadas del integrismo religioso yihadista.

Reconocer la realidad no es justificar, ni mucho menos, el terrorismo, sino comprenderlo. Y la única manera de eliminar el delito y recuperar a delincuentes, es comprenderles, saber sus causas, para evitarlas. Pretender combatir el terrorismo con más violencia es, como ha dicho Dominique de Villepìn, intentar apagar un fuego con un lanzallamas. Creer que con eliminación de libertades, represión y endurecimiento de las penas se reducirá el terrorismo, es no saber ver el resultado de las experiencias anteriores.

Una idea, cuando es fuerte, por muy errada que sea, como es el caso del integrismo religioso, solamente puede ser removida con otras ideas, con el convencimiento, con la educación y, por supuesto, con la eliminación de las causas que le dan origen. Ahora, hablamos de discriminación, de racismo, de acoso laboral, de deterioro económico. Esa es la explicación que tanto buscan.

En palabras de Néstor Nongo: "el mejor antídoto contra el yihadismo, es la educación, la cultura"