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miércoles, 22 de mayo de 2024 10:00h.
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Sociedad

Catalanizar España (José María Carrascal, 1978) 

 

josé maría carracscalSolamente la gente pureta cochambrosa nos acordamos hoy de quién es y qué fue José María Carrascal. Un periodista bastante carca que se hizo famoso, en los últimos años del bestial régimen franquista y en los tiempos de la llamada Transición. El hombre, todavía felizmente vivo, se hizo famoso por sus estrafalarias corbatas pero también por su no menos esperpénticas opiniones. Pero, haciendo bueno aquello de que hasta un reloj parado acierta dos  veces al dia, a Carrascal también le sonaba la flauta en ocasiones. Y este artículo que me recuerda 2005 desde Barcelona, es un ejemplo de una de esas ocasiones, porque Carrascal desde luego, cuál nuevo Santo Tomás, aquí mete el dedo en la llaga de la verdad. Un texto escrito y publicado en ABC (hay que jeringarse) nada menos que en 1978 y que a quienes no conocen  Cataluña (y, por tanto, no la entienden) les resultará difícil asumir. Pero se trata de una realidad patente. Cataluña siempre ha sido una avanzada de la civilización y la cultura en esta peste (palabra de Nobel) que se regodea en la zafiedad, brutalidad e ignorancia que infecta la vida de los pueblos que sufrimos en esta estado de derecha que es España. Ojo, que Carrascal ni era, ni es ni será independentista. Y entonces, como supongo que ahora, defendía que Cataluña se quedara. Lo que él decía y propugnaba es que, si España  siguiera el ejemplo de Cataluña, conseguiría sacudirse el polvo medieval que le cubre y atosiga. Y yo, Chema Tante, añado que, si así hubiera sido, no por ello se había apagado la justa ansia del pueblo catalán por su independencia, sino que ésta, y la de otros pueblos que la demandamos, hubieran llegado sin violencia, sin conflictos y habrían desembocado en un marco de solidaridad, convivencia y paz. Justamente todo lo contrario de lo que quieren las hordas pperociudadanas, la estupidez psoeísta y la brutalidad fascista falangista. Por todo eso ruego leer con detenimiento lo que escribía Carrascal en 1978 y deplorar conmigo que no se le hubiera atendido en su día.