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viernes, 01 de julio de 2022 23:40h.

Catástrofe electoral en Andalucía - por Elisabeth Lebrument García

 

F ELISABETH
F ELISABETH
Ilustración de Fernando Francisco Serrano.

 

Catástrofe electoral en Andalucía - por Elisabeth Lebrument García, militante del PCE y miembro de la Coordinadora Andaluza de Izquierda

 

En un contexto de profunda crisis económica, con una inflación desatada y un progresivo empeoramiento de las condiciones de vida de los asalariados, funcionarios y pensionistas y un PCE desaparecido y debilitado, desangrado por la continua baja de militantes, ¿es el momento de continuar apoyando a Enrique Santiago?, ¿o no es precisamente el XXI Congreso la ocasión para dotarnos de una nueva dirección en el PCE?

Las elecciones de ayer en Andalucía constituyen un fracaso de la coalición «Por Andalucía» en la que se integra el Partido Comunista de España. Ha obtenido un total de 5 escaños y un 7,68% de votos de un censo de 6.378.352 electores . En las anteriores elecciones, con la coalición «Adelante Andalucía», lograron 17 escaños y 585.949 votos. Un mal resultado en toda regla, agravado por el hecho de que ninguno de los cinco nuevos diputados de la coalición «Por Andalucía» tiene el carnet del PCE, algo que es la primera vez que ocurre en la historia del Parlamento de Andalucía (tres de Podemos, uno de Más País y otro de IU).

Teresa Rodríguez, que retuvo la marca de «Adelante Andalucía» ha conseguido 2 escaños y un total del 4,57% de votos. La previa expulsión de Teresa Rodríguez y sus ocho diputados afines del grupo parlamentario de Adelante Andalucía, operación propiciada por Ernesto Alba, Toni Valero y Enrique Santiago, ha provocado la presentación de dos candidaturas compitiendo en un mismo espacio político, lo que ha contribuido a los malos resultados. Como dice el refranero popular «quien siembra vientos, cosecha tempestades».

En las más reciente elecciones de Castilla-León, Unidas Podemos alcanzó un solo escaño con un total de 62.138 votos, mientras que en las anteriores en esa misma demarcación los partidos coaligados en dos candidaturas sumaron 100.449 votos y dos escaños. En general, todos los procesos electorales, sin excepción, celebrados desde el XX Congreso de diciembre de 2017 a la presente, han mostrado una disminución persistente de apoyo electoral a todas las coaliciones en la que ha participado el PCE con su actual dirección política.

Pero a pesar de estos datos que ya se preveían con anterioridad en Andalucía, Enrique Santiago y los reformistas no están dispuestos a dejar paso a un cambio en la  dirigencia del PCE que lo reorganice sobre los postulados ideológicos y políticos que por abrumadora mayoría fueron aprobados en el último proceso congresual.

Tras incumplir durante cuatro años los acuerdos del XX Congreso del PCE, Enrique Santiago pretende ahora revalidar la Secretaría General  esgrimiendo los «resultados» de la Conferencia previa del Partido Comunista de Andalucía que elige al mayor número de delegadas y delegados, celebrada el pasado 5 de junio, y que estuvo plagada de irregularidades y auténticas transgresiones a la legalidad partidaria.

Fuentes del aparato del PCE han manifestado que: «a punto de concluir la fase de conferencias regionales y nacionales de los territorios, el equipo de Enrique Santiago constata que ya ha alcanzado el apoyo mayoritario en el proceso del Congreso», y añaden que: «el actual secretario general comunicará en los próximos días su disponibilidad para continuar como máximo responsable del partido en el siguiente ciclo, configurando una dirección colectiva que referencie las propuestas políticas y organizativas que han obtenido la mayoría en este proceso congresual».

Puede que en estos momentos, Enrique Santiago aún disponga de una mayoría formal ante el XXI Congreso, aunque en todo caso lo es por una escasa minoría de delegados. Tan exigua que de haberse constituido el proceso congresual con un número idéntico de 400 delegados como el anterior, en lugar de los 500 de ahora, hoy la candidatura de Cubero habría superado ya a la de Enrique Santiago.

Ahora bien, que la mayoría formal, con toda clase de marrullerías, se decante por el momento del lado reformista, en modo alguno significa que esta cuente con la mayoría política. Será el próximo Congreso quién determine el mandato congresual para los siguientes cuatro años y quiénes deban asumir las responsabilidades de la dirección de la organización. Es entonces cuando se conformará la mayoría política. Como ha señalado Alberto Cubero, cabeza de la lista alternativa, «han contado como propios los 170 delegados andaluces, pero no todos defenderán las tesis de Santiago», añadiendo, con anterioridad a las elecciones andaluzas,  «y más cuando en Andalucía hay unas elecciones de por medio que pueden tener consecuencias a la interna del partido… han perdido 12 de los 17 territorios».

Si duda que la debacle electoral de ayer domingo obligará a muchos delegados de la candidatura de Enrique Santiago a repensar el sentido de su voto en el XXI Congreso. Apostar por Enrique Santiago es votar a favor de nuevas derrotas políticas, una dinámica que se viene produciendo de manera sistemática en todos los procesos electorales que han tenido lugar desde diciembre de 2017 a la fecha y en los que ha participado el PCE. Enrique Santiago, Ernesto Alba y Toni Valero, no suman, restan.

Las delegaciones al XXI Congreso, adscritas formalmente a una u otra candidatura, no deben olvidar en ningún momento que la deriva reformista, instalada desde hace décadas en la organización y fortalecida por Enrique Santiago en estos cuatro últimos años, ha sido una tragedia para el PCE, para la clase obrera y para el conjunto de las capas populares españolas. Convirtió al Partido en una organización electoralista, alejada de la lucha de clases; lo ocultó para que dejara de ser un punto de referencia visible a la clase trabajadora y a las capas populares en la lucha contra el neoliberalismo y por la emancipación social y provocó, al mismo tiempo, la diáspora de las y los comunistas en nuestro entorno. También contribuyó de manera decisiva a la sustitución del sindicalismo de clase, combativo, solidario y socio-político, por otro de colaboración de clase, lo que produjo un incalculable daño a Comisiones Obreras, colocándola a remolque de los intereses del capital y, finalmente, favoreció de manera determinante la configuración y el sostenimiento posterior del régimen postfranquista del 78 que encabeza una inaceptable Monarquía.

A todo esto hay que añadir los posicionamientos que desde el gobierno de coalición vienen sosteniendo los afiliados del PCE con responsabilidades en el ejecutivo socialdemócrata, favorables a la OTAN, al envío de armas a Ucrania, al incremento de los presupuestos de guerra y al fomento de políticas belicistas, alineados con el imperialismo, sin olvidar el muy escaso cumplimiento de los acuerdos del gobierno de coalición de finales de 2019 y su sustitución por políticas insuficientes e incluso contrarias a la mayoría social.

Los numerosos incumplimientos del programa del gobierno de coalición se han debido a que la actual dirección del PCE ha renunciado a la movilización social para exigir el respeto de estos acuerdos de coalición, y solo ha promovido esta cuando iba  dirigida a apoyar al ejecutivo. Ahora, esta política reformista que abandona la lucha en la calle y en las fábricas y que todo lo centra en los votos, recibe un nuevo mal resultado también en el ámbito electoral. ¿No será esta ausencia de movilización obrera y popular que favorecen los reformistas la verdadera y principal causa de las continuas derrotas electorales de las coaliciones en las que ha participado el PCE en los últimos años? ¿no es acaso la presencia en un gobierno neoliberal y atlantista la causa por la que los reformistas apuestan por la desmovilización social?

No se dejen engañar, sigue habiendo lucha de clases. Fuente: Diario 16, 01.05.18.

En un contexto de profunda crisis económica, con una inflación desatada y un progresivo empeoramiento de las condiciones de vida de los asalariados, funcionarios, trabajadores autónomos y pensionistas, y un PCE desaparecido socialmente y debilitado, desangrado por la continua baja de militantes, ¿es el momento de continuar apoyando a Enrique Santiago?, ¿o no es precisamente el XXI Congreso la ocasión para dotarnos de una nueva dirección en el PCE?

Necesitamos un nuevo PCE, un partido consecuentemente defensor de los intereses obreros y populares desde la movilización en la calle y en los centros de trabajo, y también desde las instituciones representativas, sin ataduras a gobiernos neoliberales. Negociar con el adversario político, con el enemigo de clase ¡sí! pero desde la movilización y la lucha de clases, como nos enseñan los trabajadores cuando se sientan con la patronal a discutir sus condiciones de trabajo mientras sus compañeros paralizan la producción mediante la huelga y  salen a la calle en defensa de sus intereses de clase. Un PCE del siglo XXI, dotado de amplia democracia interna, que apueste por el sindicalismo de clase y combativo, desde dentro y desde fuera de los sindicatos autodenominados mayoritarios, cuyas direcciones se doblegan hoy al capital y que promueva, al mismo tiempo, un amplio protagonismo ciudadano en un proceso constituyente republicano que  reconozca amplios derechos y libertades democráticas a nuestro pueblo y que estimule y desarrolle la lucha de clases, al mismo tiempo que satisfaga las reivindicaciones más perentorias de los trabajadores y de las capas populares. Un PCE que trabaje con audacia, inteligencia y realismo en la tarea de ir creando las condiciones necesarias para hacer realidad una alternativa antimonopolista con apoyo en la lucha social y política, desde la más amplia movilización, contra la Europa del capital y contra la OTAN, que reivindique la devolución al Estado de todas las grandes empresas que fueron privatizadas, la reindustrialización de nuestro país, la reforma agraria, la nacionalización de los sectores económicos estratégicos, incluida la sanidad privada y la industria farmacéutica, el fortalecimiento de la Seguridad Social, la adecuada atención de quienes no pueden acceder a un trabajo digno y la recuperación de todos los derechos laborales que le fueron suprimidos a la clase trabajadora desde la transición y hasta nuestros días. Un PCE, asimismo, respetuoso con sus Estatutos y su programa congresual y que promueva, además, la reincorporación de los miles de comunistas que lo han abandonado, en la unidad interna de los comunistas, en el estímulo a la afiliación de las nuevas generaciones de jóvenes y en la unidad del movimiento comunista.

Es este el PCE que debemos impulsar y empezar a construir en el próximo XXI Congreso luchando siempre por alcanzar en él la mayoría política, sin candidaturas de falsa unidad. ¡Ni un paso atrás!

* Gracias a Elisabeth Lebrument García, a HOJAS DE DEBATE y a la colaboración de Arturo Borges Álamo

 

HOJAS DE DEBATE
MANCHETA MAYO 22