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13:21h. lunes, 12 de abril de 2021

financió el alzamiento militar, que sin él no hubiera sido posible

La guerra de España y Juan March, el Rockefeller español - por Erasmo Quintana

 

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La guerra de España y Juan March, el Rockefeller español - por Erasmo Quintana *

FRANCO 18 JULIOMucho se ha tratado, y divagado, sobre el brutal levantamiento militar contra el pueblo español (1936) por la más alta burguesía; ese pueblo llano amante de la libertad, que había elegido a las izquierdas como salida a la gran depresión económica, el abandono a su suerte y al profundo analfabetismo y abuso de las clases adineradas, caciquiles y obligado a un humillante vasallaje conducente a la hambruna, mientras las grandes fortunas de los March, Koplowitz, Fierro, Meliá, Aguirre, Fenosa, Letona, Banús, Coca, Carceller, etc., vivían en un paraíso. Hasta nuestras cortas miras siempre han llegado noticias de lo necesario e imprescindible de aquel golpe de Estado con armas contra el pueblo. Recientes historiógrafos han ido arrojando luz sobre aquellos terribles sucesos, arrumbando “verdades oficiales”, todo lo cual nos lleva a espacios de ágora luminosa. 

JUAN MARCHHoy sabemos con detalle la gran ayuda que supuso a Franco el mafioso contrabandista mallorquín, Juan March Ordinas, el Rockefeller español, al que la República tuvo entre rejas. Alardeaba de ser “el último pirata del Mediterráneo”. El mayor contrabandista de Europa quería acabar con la democracia para establecer “el orden natural de las cosas”: agua la necesaria para nadar plácidamente como rana. Con la República no podía hacer lo que mejor sabía: trapichear, asesinar a lo capo y hacer contrabando con el tabaco, las armas y el petróleo. Sus prácticas contrabandísticas mermaban los ingresos del Estado, por lo que fue en repetidas ocasiones encarcelado por la República. Además se le acusaba de  corrupción, soborno y prevaricación; lo que lo retrataba, razón por la que financió el alzamiento militar, que sin él no hubiera sido posible.

En los prolegómenos, se dirigió al general golpista, Emilio Mola, alias “el Director” y le entregó la suma de un millón de pesetas. Los siguientes generales sublevados, Sanjurjo -jefe del alzamiento-, Goded y Franco, recibieron la misma cantidad.

mola sanjurjo franco goded

dragon rapidePoco después de haber estallado la guerra, se presentó March en el cuartel del general Mola y le hizo entrega de unos valores bancarios que ascendían a seiscientos millones de pesetas, una extraordinaria fortuna para la época. Como se ve, a las grandes haciendas, al poder económico y a la Iglesia, les interesaba derrocar la II República porque ésta perjudicaba a sus intereses más queridos. March puso su fortuna al servicio del golpe militar, pues a todo lo anterior, añadir que pagó parte del armamento que vino de Alemania, calculándose que le costó  mil millones de pesetas. Sabíamos que aparte la desconocida ayuda de la Iglesia Católica, Juan  March fue una de las fortunas que colaboraron a favor de los sublevados alquilando el Dragon Rapide para que Franco, saliendo del Aeropuerto de Gando, en Gran Canaria, llegara a la Península para encabezar el golpe. En el trayecto se quitó el traje de civil y lo tiró al mar por la ventanilla, disfrazándose de árabe.

avión savoiaA finales de los cuarenta, un periódico inglés (lo tuve en mis manos y me lo tradujeron) refirió dicha anécdota contada por el piloto: “A trescientos kilómetros por hora, yo he llevado la inquietud española desde Canarias a Tetuán. A bordo de mi avión iba un misterioso árabe, que no era otro que Franco”. Lo que yo no sabía es que también compró doce aviones Savoia, gastando una desconocida cantidad de millones en comprar su fábrica. Puso a disposición del Caudillo cinco millones de dólares en París, Roma y Lisboa, por si la intentona golpista fracasaba. La fortuna de Juan March Ordina se estimaba en unos cuatro mil millones de pesetas en 1936; cuando terminó la contienda, aquélla se había convertido en diez mil millones. La guerra le sirvió como fuente de beneficios, y con razón decían de él que tenía el don de hacer dinero con cualquier cosa que tocara. Además de saber que “tiempo de transición, tiempo de transacción”.

cartilla racionamientoA los tres años de acabada la guerra incivil y plena II Guerra Mundial venía yo al mundo en medio de cartillas de racionamiento en el país europeo del estraperlo, y escasez brutal de todo lo más esencial y necesario para la vida de un recién nacido. No había qué comer ni siquiera medicamentos. La valentía de mi madre y los especiales cuidados de aquel extraordinario médico de familia que fue don José Martinón León, me salvaron la vida. Mientras, una clase privilegiada (la que ganó la guerra) no se enteraba de la miseria que ocupaba todos los rincones de un pueblo perdido en una Isla perdida en medio del océano Atlántico. Tuvo que pasar décadas para que las cosas cambiaran a mejor. En parte, porque aunque Gran Canaria, después de alcanzar la doble provincia en 1927, había despegado con magnífica pujanza en lo económico debido sobre todo a su extraordinario puerto de mar, la isla hermana de Tenerife exigió el fifty-fifty, por lo que debíamos entregarle de nuestra superior Recaudación de Impuestos lo necesario para que ella estuviera a la par con Gran Canaria, cosa esta que hizo se frenara ostensiblemente la riqueza de nuestra Isla y por tanto, de sus hijos. No sé yo, de haber sido al revés, si Tenerife hubiera hecho lo mismo.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Erasmo Quintana


ERASMO QUINTANA RESEÑA




 

 

MANCHETA 9