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viernes, 09 de diciembre de 2022 00:00h.

Necesitamos reapropiarnos de nuestro presente y de nuestro futuro, empoderarnos de nuevo como pueblo

"Canarias paraíso de la desigualdad. 30 de mayo, nada que celebrar" - CANARIAS EN BREGA

 

f CA E BRG

Canarias en Brega

Este 30 de mayo, coincidiendo con el día institucional de Canarias, personas venidas desde todo el Archipiélago se dieron cita en el puerto de la Cruz convocadas bajo Canarias en Brega, en una acción de protesta social con el lema: "Canarias paraíso de la desigualdad. 30 de mayo, nada que celebrar". 
Las activistas repartieron plátanos a modo de protesta junto a datos de pobreza en las islas, desplegaron paneles en los que las vecinas pudieron colgar sus quejas y denuncias, así como pancartas en las que expusieron las sangrantes cifras de exclusión social y pobreza que vivimos en Canarias. A su vez se puso de manifiesto el destrozo medioambiental producido por la industria turística en contraste con las cifras de muertes que llevan consigo las nefastas políticas migratorias.
Así lo plasmaron en su comunicado:

Aquí estamos, una vez más, las de abajo, como siempre, tratando de dignificar y de resignificar este Día dedicado a nuestra dolorida y maltratada tierra.

El Día de Canarias dicen que se celebra hoy. ¿El Día de Canarias? ¿De qué Canarias estamos hablando?

¿De la que cuenta con la tasa más elevada de paro de todo el Estado español? ¿O de la Canarias con más del 40% de su población en exclusión social? ¿O quizás estamos aquí para celebrar que tenemos una de las listas de espera en Sanidad más larga de todo el Estado? Puede ser también que se haya reunido toda esta gente aquí hoy para festejar que tenemos la ruta migratoria más mortífera de todo el planeta o para felicitarnos porque somos uno de los territorios con la cesta de la compra más cara de todo el Estado y además con los sueldos más bajos.

¿Esa Canarias es la que estamos celebrando?

¿Quieren que hablemos de Canarias?

Pues bien, Canarias es un territorio maltratado, con unos niveles de desigualdad estructural intolerables y que, a pesar de aportar uno de los Producto Interior Bruto más alto al Estado español a través de los ingresos que genera el Turismo, encabezamos los índices oficiales de exclusión social y pobreza en todas sus formas. Sí, ese vanagloriado e intocable Turismo, que condena a nuestra población a las migajas que le ofrece, ocupando los puestos más bajos y peor pagados de la insuficiente cadena de empleo. Población, por cierto, que no ha parado de empobrecerse a medida que la industria turística ha ido aumentando con el paso de los años.

A más turismo, más desigualdad. Si a ello sumamos la destrucción del territorio que esto provoca, los vertidos incontrolados al mar, la generación de residuos y la necesidad de importación del 90% de los alimentos para mantener engrasada esta maquinaria, tenemos como resultado un combo insostenible medioambiental, social y económicamente.

El problema del acceso a la vivienda es otra de las lacras que condena a nuestras jóvenes y a la población en general: la falta de vivienda pública con alquileres asequibles, la cantidad de casas abandonadas en manos de fondos buitre o las políticas turísticas de viviendas vacacionales están desplazando a la gente de sus núcleos habitacionales tradicionales y están sufriendo el incremento de los precios derivados de la especulación inmobiliaria, lo que en los últimos tiempos además se ha visto altamente agravado por la instalación en el Archipiélago de las llamadas “trabajadoras a distancia”, con grandes sueldos del extranjero muy superiores a los aquí percibidos y con campañas publicitarias destinadas a la atracción a este sector, realizadas lamentablemente por instituciones públicas locales. Encabezamos las listas de los peores índices en cuanto al estado del bienestar: Según cifras oficiales 1.368.400 personas vivimos en la precariedad, sin poder hacer frente a los servicios básicos o viviendo directamente en exclusión; el paro juvenil se sitúa por encima del 40%; un 39,6% de nuestra población en exclusión económica; 456.000 personas con problemas de salud mental y un 47,6% en exclusión de los derechos básicos. Éstas son sólo algunas cifras que reflejan una realidad de profundas desigualdades sociales, económicas y culturales que hacen insostenible la vida. A todo ello debemos sumar la superpoblación, que nos sitúa en densidades de más de 500 habitantes por kilómetro cuadrado de suelo no protegido y la creciente falta de soberanía sobre nuestros recursos -agua, mar y aire-, entregados sistemáticamente a multinacionales en pos del interés general (que no es más que una falacia para llamar al interés de unos pocos) para robarnos nuestro paisaje, llenarlo de molinos, placas solares y proyectos disfrazados de verde que sólo buscan la subvención, mientras que el precio de la energía no hace más que aumentar. Proyectos como el que pretenden llevar a cabo en Gran Canaria con la central hidroeléctrica Chira-Soria, al más puro estilo Florentino Pérez con las represas de Latinoamérica, el hotel de La Tejita en el sur de Tenerife, los hoteles de las Dunas de Corralejo, las carreteras que atraviesan en canal nuestro territorio y nuestras montañas sagradas (sí, todas son sagradas no sólo las del centro de Gran Canaria), o el reciente mega-atentado hotelero que pretenden llevar a cabo en uno de los últimos rincones vírgenes que quedan en el sur de Tenerife, el Puertito de Adeje, son sólo algunos ejemplos de la cantidad de aberraciones que se cometen permanentemente en nuestra tierra con el único objetivo de seguir favoreciendo los intereses de unos pocos en detrimento de un desarrollo sostenible y socialmente justo para nuestro pueblo. Lo peor de todo es que, lejos de parecer que por parte de las instituciones se quiera poner freno a toda esta locura, no hacen sino aumentarla, al dictado de las grandes empresas y las multinacionales, augurando una catástrofe irreversible que ya sufrimos en estas Islas colapsadas y que sufriremos con más peso las de siempre, las de abajo.

Es hora de resignificar nuestro día y nuestra tierra. Mirarnos pa’ dentro y pa’ fuera. Parar, respirar y repensar qué estamos haciendo y en qué maldita rueda sin sentido nos estamos metiendo.

Es hora de luchar por esta tierra que tanto dio a quienes en ella habitaron durante siglos. Necesitamos reapropiarnos de nuestro presente y de nuestro futuro, empoderarnos de nuevo como pueblo. Tenemos que invertir en Educación sobre Canarias, formando y sensibilizando a las nuevas generaciones sobre nuestro patrimonio natural, arqueológico e histórico, así como en el respeto a la diversidad sexual y en la defensa de la igualdad de género. Tenemos que ponernos de nuevo en pie, alzarnos para trazar una vereda común, sin injerencias y desde la igualdad, hasta conseguir un proyecto de dignidad, soberanía y justicia social para Canarias. Sólo de esta manera lograremos construir una base sólida con personas críticas con su entorno, que la defiendan, la amen y la cuiden. Sin influencias colonizadoras de gobiernos que nos expriman por intereses económicos y políticos.

Todavía estamos a tiempo. ¡VIVA CANARIAS LIBRE!

CANARIAS EN BREGA
CANARIAS EN BREGA

 

MANCHETA MAYO 22