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jueves, 04 de junio de 2026 08:46h.

Canarias: el paraíso que se desangra para engordar a la industria turística - por Xuxo Morán

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Canarias: el paraíso que se desangra para engordar a la industria turística

Xuxo Morán

 

Canarias ya no resiste. Con solo 7.500 km² de superficie —un archipiélago frágil, seco y limitado en recursos—, ha soportado en 2024 la carga de 17,7 millones de turistas, más que Egipto, Argentina, Brasil, Colombia, Australia o Suecia. Países todos que multiplican por decenas o cientos el tamaño del territorio canario. ¿A alguien le parece esto razonable? ¿O seguimos celebrando el récord como si fuera un éxito colectivo?

Canarias no está batiendo marcas: está siendo explotada hasta el agotamiento.

Mientras los hoteleros y touroperadores sacan pecho, el canario medio vive una pesadilla diaria: no puede acceder a una vivienda, los precios de los alimentos suben sin freno, los servicios públicos colapsan, los sueldos siguen congelados y la precariedad laboral se convierte en norma. La presión poblacional, que en momentos punta supera los 20 millones de personas en un año, es incompatible con cualquier modelo de vida digna o de equilibrio ecológico.

La raíz del problema está clara: Canarias ha sido vendida. No a sus visitantes —que también son víctimas de este modelo insostenible—, sino a los lobbies turísticos que, con la complicidad directa del Gobierno autonómico, diseñan el territorio a su antojo. Hoy por hoy, en las islas se gobierna desde las recepciones de los hoteles, no desde el Parlamento.

No es casualidad que se sigan autorizando macroproyectos turísticos, campos de golf, urbanizaciones ilegales y parques temáticos, mientras no se construyen viviendas públicas ni se interviene el mercado del alquiler vacacional. No es accidental que quienes se manifiestan por un modelo sostenible sean criminalizados o tachados de “radicales”. El radicalismo verdadero es permitir que una tierra con recursos hídricos limitados, con una biodiversidad única y una población en el límite de la pobreza, sirva como patio de recreo para las élites turísticas europeas.

¿Hasta cuándo vamos a tolerar que un territorio menor que la provincia de Badajoz reciba más turistas que Australia o Argentina?

Esto no es desarrollo. Esto es saqueo. Y quienes lo permiten —y se enriquecen con él— tienen nombre, apellidos y cargos públicos. Mientras se llenan la boca de sostenibilidad, siguen impulsando leyes y planes urbanísticos que solo benefician a los grandes inversores. Mientras se recitan discursos sobre el “futuro de los jóvenes”, se permite que no puedan independizarse hasta pasados los 35. El gobierno de Canarias es hoy rehén —cuando no cómplice— del negocio turístico.

Y lo peor es que no hay plan B. El monocultivo turístico no deja margen de maniobra. Cuando el turismo se frene —por crisis, pandemias, conflictos o agotamiento—, el vacío será total. La dependencia absoluta de una sola industria es una sentencia a medio plazo.

Canarias no puede seguir siendo el decorado barato del norte global. No puede seguir siendo un vertedero de turistas low-cost, un parque temático sin derechos para quienes lo habitan. O se detiene esta espiral suicida, o las islas dejarán de ser un paraíso —porque ni siquiera sus habitantes podrán vivir en ellas.

Este modelo no necesita maquillaje. Necesita ruptura.

18M
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XUXO MORÁN
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