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martes, 27 de septiembre de 2022 07:55h.

Otra chorrada de Alonso, bajar el precio de la guagua - por Chema Tante

A Carlos Alonso, toda la fuerza se la va por la boca. No es capaz de tomar una decisión lógica. Y, ya lo he dicho muchas veces, no se trata de incapacidad, porque el hombre tiene preparación de alta calidad y ha demostrado que bobo no es. Lo que ocurre es que, cuando se toman decisiones con la mente puesta en la calculadora y en la cartera, las ideas se desborrifan. Para el tremendo follón que tienen montado en Tenerife con los atascos en la llamada autopista del norte no hay otra solución que la potenciación del transporte público colectivo y la disuasión de uso individual del coche particular. 

Otra chorrada de Alonso, bajar el precio de la guagua - por Chema Tante

A Carlos Alonso, toda la fuerza se la va por la boca. No es capaz de tomar una decisión lógica. Y, ya lo he dicho muchas veces, no se trata de incapacidad, porque el hombre tiene preparación de alta calidad y ha demostrado que bobo no es. Lo que ocurre es que, cuando se toman decisiones con la mente puesta en la calculadora y en la cartera, las ideas se desborrifan. Para el tremendo follón que tienen montado en Tenerife con los atascos en la llamada autopista del norte no hay otra solución que la potenciación del transporte público colectivo y la disuasión de uso individual del coche particular. 

Pero Alonso, como es uso y costumbre en su partido y aleccionado por su mentor Melchior, intentó sacar su tajada del asunto, construyendo una -otra- obra monumental, que le supusiera a él, Alonso y a su partido un beneficio. Pero algo que no serviría de nada: Ya puede Alonso abrir más y más carreteras, porque, al final, todos los coches se encontraran en el fonil de la entrada a la ciudad. Eso hace mucho tiempo que se sabe, y las soluciones se han puesto en un monton de ciudades que prohíben, penalizan, frenan, la entrada de coches particulares.

La evidencia ha sido tan contundente, que Alonso ha tenido que reconocerlo. Pero, en su desesperación, no se le ha ocurrido otra cosa que ese invento de bajar abruptamente -un 85%- el precio del billete de guagua. Pero lo ha hecho, así, a lo bestia. Porque el aumento de frecuencia de las guaguas no parece suficiente ni se sabe qué previsiones han tomado los respectivos ayuntamientos para el estacionamiento en las zonas adyacentes a las paradas de guagua. Alonso no se ha enterado de que la gente de las localidades de origen de las personas que llegan todos los días a la ciudad en sus coches, no pueden alcanzar la respectiva guagua a pie. Y, luego, tampoco se habla de las medidas que han tomado para movilizar a esas personas desde el intercomunicador hasta sus destinos finales respectivos. El tranvía le servirá a alguna gente, pero no a toda.

De manera que, si funcionara como atractivo al uso de la guagua esa bajada de precio, las colas se formarán, alrededor de las paradas, de coches, buscando aparcamiento; y de personas, esperando inútilmente una guagua atestada. 

Eso, claro, pasará, el primer día. El siguiente todo el munvo volverá a salir a la carretera con su coche, cada quien en el suyo. Y al final, la pobre TITSA se encontrará con el mismo volúmen de pasaje, pero con una recaudación muchísimo menor.

Es lo que digo. El oro enturbia el cerebro.