Trump, el elefante en Davos, tampoco esta vez decepcionó - por Joaquín Rábago

Relacionados:

Trump, el elefante en Davos, tampoco esta vez decepcionó

por Joaquín Rábago

Donald Trump, el elefante en Davos, no decepcionó tampoco esta vez con un discurso rebosante como todos los suyos de autobombo, falsedades, continuas contradicciones, reproches a los europeos y en el que confundió hasta cuatro veces Groenlandia con Islandia.

TRUMP EN DAVOS

Trump en Davos: mensaje completo

En relación con el tema más esperado de su intervención en el Foro Económico Mundial, su deseo de hacerse con Groenlandia, que calificó despectivamente de “trozo de hielo”, descartó el uso de la fuerza, aunque dijo que si la utilizara EEUU, sería “imparable”,  pero exigió el inicio inmediato de negociaciones para que Dinamarca le “devuelva” su isla.

“Los daneses pueden decir que sí y se lo agradeceremos; pueden también decir que no y lo recordaremos”, afirmó en tono amenazante sin aclarar qué medidas estaba dispuesto a tomar.

Cada vez parece más claro que pese a todo lo que dice de que Dinamarca es incapaz de defender ese territorio frente a Rusia o China, que no han mostrado en ningún momento interés por la isla, Trump la ambiciona porque quiere emular a otro presidente imperialista, Theodore Roosevelt, tal vez para que un día tallen también su cabeza en el monte Rushmore.

Como es habitual en él últimamente, Trump volvió a quejarse de la ingratitud de los daneses y de los europeos en general y dudó de que éstos fuesen a estar al lado de su país si los necesitase como Estados Unidos estuvo siempre a su lado en la OTAN.

Con lo que se olvidó deliberadamente o no, que con Trump siempre es difícil saberlo, de la solidaridad de Europa con EEUU cuando, tras los atentados contra las Torres Gemelas neoyorquinas, el presidente George W. Bush lanzó su guerra global antiterrorista. 

Por cierto que Dinamarca, históricamente uno de los más firmes aliados de Washington, perdió  hasta 44 soldados en Afganistán, proporcionalmente más que el resto de los países.

“Es muy poco lo que pedimos, un trozo de hielo en relación con todo lo que hemos dado a la OTAN”, se lamentó el republicano en su discurso inconexo y en el que saltaba continuamente de un tema a otro. Encontrarle algún sentido a su verborrea es tarea inútil.

Trump dijo también que en Europa la situación no era buena y que el continente no iba “en la buena dirección”,  criticó en concreto la sustitución de los hidrocarburos por las energías limpias y llamó incluso “estúpidos” a quienes compran turbinas eólicas.

Y como si él mismo se hubiese paseado alguna vez por las calles de las ciudades europeas, dijo que el continente “se ha vuelto en algunos sitios irreconocible” en referencia a la llegada de inmigrantes “de lugares lejanos”. 

Mucho más inteligentes son las palabras que pronunció también en Davos el día anterior el primer ministro canadiense, Mark Carney, quien alertó de “la ruptura” que se ha producido del orden mundial y la llegada de “una realidad brutal en la que las grandes potencias no se someten a autolimitaciones”.

MARK CARNEY

Carney se refirió también al “doble rasero” del llamado “orden mundial basado en reglas” y dijo que Occidente no había tenido ningún problema con él mientras era su principal beneficiario.

A propósito de ese orden internacional, es inevitable hablar del Consejo de Paz de Gaza creado por Trump y que éste parece querer convertir en una organización que sirva para resolver futuros conflictos y pueda sustituir a su detestada ONU.

Tendrá un comité de dirección de siete personas, que presidirá  Trump,  y sus decisiones y actividades dependerán del propio Presidente, que exige además el pago de mil millones de dólares a los países que quieran ser miembros permanentes. Para Trump hasta el orden internacional es puro negocio.

Los países que han aceptado de momento la oferta de Trump no son precisamente modélicos, y así están Marruecos, Argentina, Vietnam, Hungría, Kosovo, Israel y también Bielorrusia, cuyo presidente, Aleksandr Lukashenko parece querer últimamente congraciarse con Washington. 

Rusia y otros dicen estar considerándolo mientras que el Reino Unido, Noruega y Francia, entre otros países europeos, lo rechazaron. Irritado sobre todo por el “no” de París, Trump amenazó al presidente francés con aranceles del 200 por ciento a los vinos y al champán.

JOAQUÍN RÁBAGO