La UE se ha tendido su propia trampa en su intento de castigar a Rusia - por Joaquín Rábago

La UE se ha tendido su propia trampa en su intento de castigar a Rusia

Joaquín Rábago

Hacía tiempo que había perdido la pista del conocido columnista conservador estadounidense George Will, a quien redescubrí recientemente por azar en un podcast. 

GEORGE WILL

Premio Pulitzer y colaborador, cuando yo le leía habitualmente, del diario The Washington Post, Will era uno de los comentaristas mejor documentados de la actualidad internacional.

Ahora, como tantos otros  profesionales, como Seymour Hersh,  Chris  Hedges,  Max Blumenthal o los profesores John Mearsheimer y Jeffrey Sachs, expresa también sus opiniones en plataformas de internet y no en los medios que antes los acogían.

Will se refería el otro día en tono muy crítico a la decisión adoptada por Bruselas de apropiarse, ya que no del principal, sí en cambio de los intereses generados por los alrededor de 210.000 millones de activos rusos congelados en Europa.

El Kremlin, comentaba el periodista, no se quedó, sin embargo, de brazos cruzados ante lo que percibió como una clara ilegalidad, sino que decidió responder con la misma moneda, sirviéndose de los activos que muchas grandes empresas europeas tienen en Rusia.

La lista de empresas sujetas a las represalias rusas es muy grande y entre ellas están gigantes como la alemana Volkswagen, el grupo bancario austriaco Raffeisen, el francés Sociéte Génerale o la compañía energética británica British Petroleum.

La exposición total de esas empresas llegó a superar, según calculaba Will, los 200.000 millones de dólares, lo que provocó pánico en los gobiernos europeos más directamente afectados.

Es cierto, algo que no explicaba el comentarista, que algunas de esas empresas ya no tienen allí una exposición significativa al  haber decidido desprenderse de muchos de sus activos: por ejemplo, en el caso de Volkswagen, la planta de Kaluga y las subsidiarias locales, vendidas a un inversor ruso.

También el Raffeisen Bank International, el más expuesto inicialmente en Rusia de todos los bancos europeos, ha reducido su exposición aunque ha tenido muchas dificultades y se ha visto obligado a provisionar grandes sumas para hacer frente a litigios.

Los gobiernos europeos han caído en su propia trampa, fruto de una decisión tomada, según comentaba Will, por consideraciones supuestamente morales o de justicia frente a la que veían como injustificada “agresión” rusa al país vecino.

Las consecuencias, sin embargo, han sido enormes, empezando por la fractura de la UE ya que hay países como Hungría o Eslovaquia que se opusieron a la maniobra confiscatoria de Bruselas, circunstancia que ha sabido justamente aprovechar Moscú.

Las contramedidas de la Federación Rusa son consecuentes con la distinta actitud de los países europeos ante la decisión comunitaria de confiscar los activos, y así son las empresas alemanas o francesas las que han terminado pagando el precio más alto.

Rusia, comenta Will, no lucha contra la UE  como bloque homogéneo y sólido, sino que trata de explotar las diferencias entre los Estados miembros, introduciendo cuñas entre ellos.

Y lo que es, en su opinión, más grave, el sistema financiero de Occidente, basado en un principio tan sólido como la inviolabilidad de los derechos de propiedad y de modo muy especial de la “propiedad soberana”, se tambalea.

Hasta ahora, un gobierno se limitaba a gravar fiscalmente la propiedad, a regularla, a exigir transparencia, pero en ningún caso podía confiscarla por motivos exclusivamente políticos como ha ocurrido con los activos rusos.

Y los bancos centrales de todo el planeta se hacen mientras tanto la misma pregunta: ¿qué impediría que lo que los gobiernos europeos han hecho con una gran potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad, lo intentaran también con cualquiera de ellos?

De modo que todos esos bancos centrales, ya sean de Asia,  de África o de Latinoamérica, están llevando a cabo una revisión urgente de sus reservas para determinar qué parte de la riqueza nacional es vulnerable a eventuales medidas confiscatorias de Occidente.

Así, poco a poco y calladamente se están desprendiendo todos ellos de sus reservas en dólares o euros, diversificando sus activos, comprando oro a un ritmo nunca antes visto y desarrollando sistemas de pago alternativos para sus transacciones comerciales.

Arabia Saudí, por ejemplo, acepta que China pague en yuanes el petróleo que le compra, mientras que la India comercia en rupias con Rusia o Brasil lo hace con China utilizando también sus monedas nacionales. Y después de medio siglo de hegemonía, el sistema del petrodólar se está poco a poco desmantelando.

ACTIVOS RUSOS LA PILA DE MILLONES RUSOS CONGELADOS, SEGÚN ChatGPT
JOAQUÍN RÁBAGO