¿Vuelve Alemania a las andadas? - por Joaquín Rábago
¿Vuelve Alemania a las andadas?
Joaquín Rábago
Alemania no es ya el país exterminador de judíos como lo fue en el Tercer Reich. Incluso se presenta hoy como el mayor defensor de Israel, con permiso de EEUU, lo que le convierte por cierto en cómplice de otro genocidio.
Alemania ha convertido la “seguridad” de Israel en su propia razón de Estado. ¿Qué otro país habría premiado con su Cruz Federal del Mérito a una mujer como Beate Klarsfeld, que se permitió abofetear en público en 1968 al canciller federal Kurt-Georg Kiesinger por su pasado nazi?
Pero ¿justifica todo ello el temor de muchos, como el que expresó en su día el gran novelista francés François Mauriac al decir, en relación con la división de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial que se alegraba de que hubiese dos en lugar de solo una?
Frase repetida más o menos por el ex primer ministro italiano Giulio Andreottí, quien dijo cínicamente que le gustaba tanto Alemania que prefería que hubiese dos.
Alemania no es ciertamente la de los años treinta, pero preocupa sobre todo a Rusia su enemigo de entonces, que sigue siéndolo hoy, la insistencia de su canciller federal, Friedrich Merz, y su ministro de Defensa y político más popular del país, Boris Pistorius, en convertir a Alemania en la mayor potencia militar del continente.
Alemania, tradicionalmente motor económico de Europa, no oculta su intención de volver a liderarla aunque, como dice el abogado y comentarista alemán Erik Jochem, ahora sea de modo “invisible”, bajo la cobertura de la Unión Europea.
Jochem recuerda cómo los colaboracionistas franceses justificaban en su día la ocupación germana con el argumento de que Alemania estaba construyendo “una nueva Europa” y cómo defendían en los años cuarenta del siglo pasado la guerra con Rusia como el gran combate de la civilización contra la barbarie (1).
El pretexto es ahora Ucrania, pero tampoco eso es una novedad: Ucrania ha sido continuo motivo de conflicto. Por el tratado de Brest-Litovsk, que marcó el fin de la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, el Gobierno bolchevique renunció a Ucrania y otros territorios del viejo imperio ruso.
Ucrania volvió, sin embargo, a Rusia con la creación en 1922 de la Unión Soviética, pero más tarde, con Hitler ya en el poder, sectores importantes del nacionalismo ucraniano se aliaron con la Alemania nazi en un intento, finalmente frustrado, de independizarse de la URSS.
Ahora, Alemania no oculta su interés en que Ucrania vuelva a formar parte, esta vez bajo la cobertura de Bruselas, de su esfera de influencia, con lo que, como dice Jochem, se cerraría el círculo.
La nueva Alemania unificada necesita a la Unión Europea, señala Jochem, para perseguir sus ambiciosos objetivos de dominación económica del continente, y en cuanto llegue la paz a Ucrania, sus empresas entrarán allí a saco como han hecho en otros países del este de Europa.
Jochem recuerda al efecto una afirmación del conocido historiador antirevisionista alemán Fritz Fischer, según el cual, si se exceptúan los excesos criminales de su ideología racista, “Hitler no fue un accidente” en la historia secular alemana.
El líder nazi dijo entre otras cosas que Alemania se había equivocado buscando colonias en otros continentes cuando las colonias estaban en el este de la gran masa euroasiática, en Rusia y el Cáucaso.
¿Es lo que siguen pensando algunos en Berlín cuando hablan, como la jefa de la diplomacia europea, la estonia Kaja Kallas, de que hay que hacer todo lo posible para “fragmentar” a Rusia?
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En declaraciones al podcast “Neutrality studies”, del politólogo suizo radicado en Japón Pascal Lottaz.