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jueves, 29 de septiembre de 2022 10:05h.

Canarias es una nación bajo dominación colonial (1) - por Isidro Santana León (2012) (Publicado en la revista EL GUANCHE)

 

FRASE ISIDRO

Canarias es una nación bajo dominación colonial (1) - por isidro Santana León (2012) (Publicado en la revista EL GUANCHE)

 

Decir esto parece una perogrullada, al menos para los que así lo tenemos asumido, pero es necesario hacerlo comprender a los canarios asimilados y, sobre todo, a los políticos analfabetos que dicen representarnos, para que se abstengan de hacer el pato allá donde abran el pico y, por su bien, vayan digiriendo y diferenciando el concepto Nación de otros como el de Estado, Región, etc. De igual modo, en honor al conocimiento y a la información de rigor, reprobarlos por los eufemismos empleados para adornar el término colonia, tales son: provincia de ultramar, territorio ultraperiférico, sur de Europa, región española, comunidad autónoma y hasta edulcorándola con el mendaz epíteto de “Islas Afortunadas”. Se me viene a la cabeza reflexionar sobre esto porque, toda vez que se destaca algún aspecto o símbolo que alude a nuestra nacionalidad (la Bandera Nacional –la de las siete estrellas verdes–, la Radio Nacional de Canarias, el “Debate de la Nación Canaria” o el Himno Nacional de Canarias –por su puesto que me refiero a “Canto de tierra”, del grupo Taburiente y no al vergonzante arrorró seleccionado para seguir durmiéndonos), saltan algunos rastreros, asimilados y migajeros canarios al servicio de la metrópoli, quejándose de que es un atrevimiento peligroso llamar nación a nuestra nación.

La Nación, a diferencia del Estado, no es una organización política administrativa: la nación es un ente vivo, cambiante y evolutivo, con afianzadas raíces y, como su etimología indica, proviene de nacer o de nacimiento. Es de entender que la primera nación es la mujer y, por lo tanto, la madre, pues, de igual modo que la tierra es la base y esencia de la fecundidad y la que genera la familia, por lo que el mal empleado apelativo Patria se debería cambiar por Matria. En aquel entorno que la familia elige y precisa para subsistir –entendida la familia, no desde una óptica católica sino como relación de parentesco, así lo expresa la antropología moderna– ésta se multiplica formando colectivos mayores, adaptándose al clima y a las particularidades geográficas, condicionantes éstos que le determina los rasgos antropofísicos para la adaptación. Esa relación del colectivo con el medio y su particularidad le hace amoldarse al mismo, ingeniando técnicas para obtener recursos para la supervivencia, que ha de lograr con la colaboración de sus miembros: familia, clan, pueblo... El medio y los métodos obligan a la comunicación –la palabra–, forjan la cultura, el arraigo, la identificación y el sentimiento de pertenencia. De las técnicas ingeniadas para subsistir, que podrían ser la recolección, la caza, la pesca, el marisqueo, la agricultura, el pastoreo, la elaboración de la cerámica, la cestería, el curtido de las pieles etc., emana la idiosincrasia y la psicología, condicionadas, además, por las características propias del entorno tales son los olores, los colores, los sabores, los sonidos, la temperatura, la altitud…, y que, junto a la imaginación, los símbolos, los mitos, los ritos, la danza, la curandería, las normas de convivencia y otros, forman un conjunto etnográfico y antropológico con identidad propia llamado Nación o Matria.

En una simbiosis vital, el individuo y el colectivo forman la Nación y, a su vez, la Nación determina al individuo y al colectivo. Decir que no se tiene nación es decir que no se tiene raíz, origen, familia ni alma. Cuando el comienzo de la invasión “española” en Canarias, el catolicismo, con sus procedimientos colonialistas para emprender el sometimiento del pueblo indígena, bajo pretexto maquiavélico, la primera consideración que hizo de nuestros abuelos precoloniales fue que carecían de alma; sintetizando el despropósito con el termino de “bárbaros”, a los que había que evangelizar y “civilizar” para convertirlos en hijos de Dios, jefe mítico de la empresa expansionista. Bárbaros por no someterse a una “civilización” foránea basada en el dogmatismo y la extravagancia de quienes creían, y aún lo creen, que su cultura e intelecto son superiores a la de los canarios y, por ello, arrogarse, como si un derecho legítimo fuere, la dominación y servidumbre de nuestro pueblo. Esta aclaratoria daría para un libro entero, que debieran leer e interpretar ese grupo político iletrado llamado nacionalista y, sobre todo, esos bastardos “amátridos” que dicen no tener ascendencia, no tener nación. De todas formas, muchos de los aspectos que aquí se señalan se recogen detalladamente en mi obra “Orgullosamente bárbaro”

El Estado, como ente administrativo, es un mecanismo rector del que se dotan las naciones libres para delimitar sus fronteras y para establecer, acordar y aceptar un conjunto de normas por las que ha de regirse con respecto de otros Estados, siempre con vistas a armonizar la buena vecindad, el comercio, la cooperación, la convivencia mundial…, y el que dota a la nación de potestad soberana. Además, el Estado sirve como mecanismo para organizar la nación, sistema que ha de estar fundado y fundamentado para dar respuesta a las particularidades, necesidades y demandas de la misma: del pueblo.

Por otra parte, la Región es un concepto geográfico y no administrativo, aplicado para designar zonas en las diferentes latitudes y longitudes. A Canarias, concretamente, y usado como eufemismo de colonia, la llaman “Región Ultraperiférica”, lo que quiere decir que su enclave está fuera de los limites marítimos de la metrópoli –de España– y, por consiguiente, fuera de la potestad jurídica y legal de ésta. Si hay que contextualizar la Nación canaria dentro de una zona determinada, es inapelablemente natural registrarla en la Región del Noroeste de África, a la que pertenecen otras tantas naciones, por ser el verdadero enclave geográfico donde está situada. Aunque en los mapas de Europa o de la Península Ibérica nos pongan al lado de Las Baleares –en España– o del Cabo de San Vicente –en Portugal–, la realidad es indiscutible: estamos en África. Aunque el colonialismo español nos disfrace de europeos, y por más que los políticos colaboracionistas hagan su proselitismo al respecto, bajo ese atavío postizo y artificial subyace nuestra realidad objetiva: estamos en África. Por mucho que pregonen sucias argucias, como que nuestra supervivencia y dependencia está unida a España y Europa, nuestros verdaderos intereses pasan por lograr el Estado y República Independiente de Canarias, para poder relacionarnos con todas las naciones del mundo, con África y desde África.

A veces, cuando esta caterva caciquil que dice representarnos alardea de ser canaria, yo me avergüenzo y no menos me entristezco. ¡Pobre pueblo, pobre Nación Canaria, si supieran en que garras están!...

Continúa...

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Isidro Santana León

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