Buscar
viernes, 27 de enero de 2023 00:00h.

Sobre el matrimonio de los guanches - por El Padre Báez

 

el padre báez...cabe decir, que fieles a la doctrina de la Iglesia que conocieron antes de venir o llegar a las islas

Sobre el matrimonio de los guanches - por El Padre Báez *

Sobre el matrimonio de los guanches, cabe decir, que fieles a la doctrina de la Iglesia que conocieron antes de venir o llegar a las islas -pues venían de donde la expansión primera y con creces de mayor fruto comparados con otros-, mantienen a pesar de la separación o incomunicación -que realmente siempre hubo contacto, y no hay siglo desde antes de Cristo y posterior, hasta la mal llamada conquista, que no se hablara de las islas en distintas obras por distintos autores, habiéndolos en (repito) cada siglo, con lo cual queda demostrado se sabía aquí vivían los guanches, llamados canarios por su origen-, pues, que referente al antimonio, la monogamia y la fidelidad, hasta que la muerte los separaba, era lo común y normal, lo habitual y lo correcto. No en vano se trata de un sacramento -y sacerdotes (faycán) tenían-, y como tal cosa sagrada o divina, y en ello los guanches muy cumplidores, lo llevaban a raja tabla. De ahí, la base y  origen de su formación primera y mantenida por siglos, respetaban esta unión sacramental que causa admiración, y es ejemplo a seguir. Y ¡cómo se preparaban para el rito o ceremonia del matrimonio! Pues, confiaban a aquellas monjas, o religiosas, llamadas por ellos harimaguadas, que viviendo los tres votos de la vida consagrada, traída del Norte de África, y cual práctica ya desde el cristianismo primero, y que profesaban, éstas mujeres dadas a Dios y al bien de los hombres, preparaban -como lo siguen haciendo al presente distintas Congregaciones, Institutos y Órdenes Religiosas, vírgenes como las harimaguadas, a las que los guanches, confiaban sus hijas, para que las formaran y prepararan al matrimonio. Volvamos sobre nuestra monjas guanches, para decir lo normal y general en toda religiosa o alma consagrada a Dios, que las nuestras como las de toda la Iglesia en lo largo de su existencia, han vivido y viven en castidad o en pureza, la virginidad de quienes se entregan al culto divino, especialmente volcadas a la oración, pues les era propio -como es normal- su cercanía a Dios a quien llamaba Acorán (y hemos repetido, a su Madre, la Virgen, la llamaba Chaxiraxi, o Madre de Jesús, a quien rezaban por los demás y se dedicaban al apostolado de formar y educar a las jovencitas para que fueran buenas esposas y mejores madres, transmisoras de sus enseñanzas y doctrinas, comenzando por el bautizo de sus hijos, cosa que hacían. Sí, se preocupaban prioritariamente de las que se encargarían por naturaleza a la procreación y transmitir la vida, en contacto con el autor de toda Vida: Dios a quien servían y adoraban; veneraban a su Madre, y, ¡nada de adorar al sol y a la luna!, que en el sol contemplaban el poder de Dios, pero no a Dios (dicho queda). Volvamos sobre el matrimonio, para añadir, que como corresponde a doctrina católica, pues hemos repetido eran cristianos (de ahí la mínima o nula reticencia a aceptar el Credo y la Evangelización que les trajeron los religiosos, frailes primeros y sacerdotes y Obispos después, dado que desde su origen ya eran cristianos y nada de lo que les traían -salvo actualización y pérdida de su primera impronta- les era ajeno y nada chocante, de ahí la plena comunión con lo que no les era nuevo, sino algunos matices, que fácilmente aceptaron sin más, que les era propio -y repito- el matrimonio era de por vida y de ahí que el divorcio les era totalmente desconocido; la separación ni soñada y la fidelidad hasta la muerte, siempre con la misma pareja; que la poligamia sí era cosa de salvajes y de otros lugares, pero no entre cristianos viejos, como eran los guanches, fieles a su tradición y religión. Ya dije al comienzo de estos comentarios, les iba a ahorrar nombres y autores, para presentar primero una semblanza y luego comenzar a justificarla confrontando con citas, pero cuanto queda en este comentario lo pueden consultar con Sedeño B, que nos dice cuanto precede con otras palabras, que he resumido, pero que si alguien quiere ampliar cuanto dejo más arriba, consulte a Abreu Galindo, que redunda en lo dicho sobre la fidelidad matrimonial hasta la muerte de uno de los cónyuges. El Padre Báez, Licenciado en Historia de la Iglesia (U.P. de.C).

* Remitido para su publicación