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jueves, 29 de septiembre de 2022 10:05h.

Meri Pita y Alberto Rodríguez  - por Jaime Bethencourt

 

F BETHENCOURT

Meri Pita y Alberto Rodríguez  - por Jaime Bethencourt  

La tormenta perfecta que vive Podemos a partir del abandono de la disciplina partidaria de los diputados canarios, Alberto Rodríguez y Mary Pita, nos vuelve a dar las claves del concepto que para las organizaciones políticas españolas tiene Canarias y su gente. Para ellas, e independientemente de la bandera ideológica que ondeen, los canarios y su tierra deben ser ninguneados y sus problemas o reivindicaciones deben ocupar un lugar subsidiario frente a los de cualquier otra de las comunidades del Estado. El alto desempleo, los bajos salarios, la pobreza, o convertirnos en territorio de deportación de migración africana, son vistos, tanto por las organizaciones políticas como por los sindicatos españoles desde una perspectiva de territorio atlántico ultramarino en la que habitan ciudadanos de categoría inferior que, aunque con tarjeta de identidad española, en la práctica forman parte de un territorio colonial en el que la segregación social y laboral tienen carta de naturalidad frente a los “otros” españoles pertenecientes al continente europeo. 

Esta afirmación de Perogrullo, es concordante y paralela a la situación vivida por el expodemita, Alberto Rodríguez, al que, con la anuencia del gobierno del que su propio grupo político forma parte, se le usurpó su condición de diputado de las Cortes españoles y, ante ello, su manifiesta convicción de que su situación no se hubiese dado en el caso de haberle ocurrido a otro diputado no canario.  

El caso más reciente de la otra diputada, también de Podemos, en el que, Mery Pita, abandona la organización por las repetidas incoherencias ideológicas de su grupo, además del desprecio de Unidas Podemos o del PSOE a todas aquellas iniciativas que tienen relación con  el Archipiélago y el desdén con el que su grupo ha venido tratando su actividad e iniciativas, abundan en el mismo planteamiento de estigmatización de Canarias y de sus trabajadores.       

Ahora que la diputada Pita recibe los iracundos embates de los portavoces estatales de Podemos y de sus acólitos en Canarias, hemos de resaltar su valiente y meritoria actividad política como diputada, especialmente la desarrollada como presidenta de la Comisión para esclarecer las turbias circunstancias que motivaron el trágico accidente aéreo de Spanair, siniestro en el que 154 personas, la mayoría canarias, perdieron la vida.  

Por tanto, satisface saber que, contrariamente a lo exigido por su partido, la diputada Mari Pita no entregará al mejor postor su acta parlamentaria, mientras que, Alberto Rodríguez, mantenga su batalla legal  para recuperar el escaño que, burdamente, le fue sustraído.       

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Jaime Bethencourt Rodríguez

JAIME BETHENCOURT
JAIME BETHENCOURT

 

 

 

MANCHETA FEBRERO22