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miércoles, 05 de octubre de 2022 09:44h.

HISTORIA UNIVERSAL DE LA INFAMIA: TRABAJO INFANTIL ¡160 MILLONES DE INJUSTICIAS!

Trabajo infantil: pobreza a futuro - por Marcelo Colussi

 

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Francisco Morote, de Attac Canarias recomienda este artículo y aporta el antetítulo

 

Trabajo infantil: pobreza a futuro - por Marcelo Colussi *

24 de Julio de 2022

Terminar con la pobreza no es sencillo. La misma funciona como círculo vicioso: la pobreza (que no es sólo material: es una suma de carencias materiales y no materiales) no permite el desarrollo integral, y sin él no puede haber mejoramiento en la calidad de vida. Si la educación es una de las claves para superar la pobreza, los sectores pobres, los históricamente marginados son justamente los que menos acceso tienen a esas posibilidades. Por cierto, donde con mayor elocuencia se ve el fenómeno es en la niñez pobre.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que hoy, a nivel mundial, trabajaban 160 millones de menores. De éstos, la mitad participando en formas de trabajo infantil que deben erradicarse por ser altamente peligrosas o entrañar explotación. Además, al menos 8 millones realizan actividades de prostitución o trabajo forzoso, incluyendo en esta última cifra aquellos que, sin ser trabajadores en sentido estricto, participan en conflictos armados. La situación es altamente compleja, porque ese trabajo infantil en todos los casos es imprescindible para completar el ingreso familiar.

Un niño o niña, o un adolescente trabajando constituyen un síntoma social; hablan no sólo del presente de la comunidad a la que pertenecen, sino también de su porvenir. Las causas de por qué un menor trabaja están indisolublemente ligadas a la situación de pobreza. En cualquier país donde se da el fenómeno, siempre hay que entender el mismo en la lógica de «ayuda» al presupuesto familiar. En las áreas urbanas, según estimaciones de la OIT, su trabajo puede aportar entre un 20 y un 25 %   del ingreso del hogar al que pertenece. En áreas rurales, donde su trabajo no se traduce monetariamente en forma directa, la ayuda es inestimable porque sin ella –en faenas agrícolas como en el ámbito doméstico– no se podrían sostener las familias.

 

El trabajo infantil puede salvar del hambre aquí y ahora, pero cercena a futuro las posibilidades de desarrollo

El trabajo infantil llena una acuciante necesidad; eliminarlo significa privar a una enorme cantidad de población adulta de una ayuda que, de no tenerla, se vería sumida irremediablemente en la indigencia total. Por lo que estamos ante un complejo círculo vicioso: poblaciones pobres–familias pobres–padres con pesadas cargas familiares–niños que deben trabajar–niños que no acceden a la educación formal–futuros adultos sin capacitación–nuevas familias pobres–continuidad de las poblaciones pobres.

Un menor trabajando tiene hipotecado su futuro, por tanto, el de su sociedad. El trabajo infantil puede salvar del hambre aquí y ahora, pero cercena a futuro las posibilidades de desarrollo.

Por otro lado, en sí mismo el trabajo infantil es cuestionable por otro cúmulo de razones. Que un niño o niña a cierta edad desarrolle alguna tarea doméstica, o aprenda el oficio de sus padres, puede ser un gran aliciente, tanto personal como colectivo. Es una forma de contribuir a la socialización, puede ser una manera de ir generando un espíritu de responsabilidad, de solidaridad incluso. Pero el trabajo al que nos referimos no es ése precisamente: se trata de algo realizado en un clima de dependencia con todas las cargas que sobrelleva un trabajador –cumplimiento de horarios, exigencias, a veces una gran cuota de peligro– a una edad en que ningún ser humano está preparado para ello, aunque la urgencia de la vida fuerce a soportarlo. Es eso lo que se denuncia como cuestionable: un menor que trabaja pierde, además de su estudio, la posibilidad de disfrutar su infancia, de jugar, de la magia de ser niño; es decir: sufre. Si queremos decirlo en forma simplificada: la niñez es la preparación para la adultez. Por tanto, un niño debe ser niño y no un adulto en pequeño.

Luchar contra el trabajo infantil es luchar contra una grosera forma de explotación. Un niño trabajador, al igual que un niño en la calle, que mendiga o que se droga, muestra que todavía falta muchísimo por trabajar en pro de la justicia. Los moldes del capitalismo no permiten encontrarle salida al problema.

* Gracias a Marcelo Colussi, a PLAZA PÚBLICA (Guatemala) y a la colaboración de Francisco Morote, de Attac Canarias, En La casa de mi tía con licencia CREATIVE COMMONS

https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/gt/

 

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