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viernes, 14 de junio de 2024 06:05h.

URUGUAY / ARGENTINA Por la trilla de El Ruso: obituario intolerable - por Emilio Cafassi

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Por la trilla de El Ruso: obituario intolerable

Emilio Cafassi *

Es duro admitir que sea la falta la que otorga un plus de valor sobre lo humano. No el plusvalor con cuya violencia cohabitamos, sino la valoración de esa rara floración de lo humano que brota esporádica entre tanta maleza. Hablo de la vida de El Ruso que encarnó una fracción de la historia, parcialmente tortuosa y, en momentos, iluminada del Uruguay de posguerra aunque en su mayoría transcurriera en Argentina. Una vida y una nación forjadas a golpes de luchas y ponchazos, de una resistencia tan pertinaz que la razón performativa de la lengua tuvo que pasar a llamar resiliencia. 

Un pionero de las luchas, tanto que en un humilde pueblito oriental llamado Santa Rosa, organizó de gurí -como llaman allá a los pibes- una huelga de monaguillos porque algunos oficios religiosos se cobraban y el cura, cual patrón de estancia, ninguneaba la distribución de regalías. De este modo su carrera al Vaticano se vio interrumpida, abriéndole paso a la resistencia revolucionaria al terrorismo de estado.

14 AGOSTO URUGUAY
14 AGOSTO URUGUAY

El ´68 fue un año determinante para el mundo entero, y para el movimiento estudiantil en particular, desde el Mayo francés hasta la masacre de Tlatelolco o la Primavera de Praga. La lucha ya no era para monaguillos, así que adolescentes y jóvenes tuvieron que tomar sobres sus hombros el peso de dos generaciones enteras para enfrentar la barbarie. En Uruguay se recuerda el 14 de agosto a los estudiantes que fueron reprimidos, asesinados o desaparecidos por la policía durante su lucha por los derechos. Líber Arce, estudiante de Odontología, asesinado en 1968 durante una marcha, convirtiéndose en símbolo de resistencia. Su muerte encendió la llama de las movilizaciones masivas y la unidad de obreros y estudiantes en la lucha contra las políticas antipopulares desatando una cadena de violencia y represión. Bajo el yugo del gobierno de Jorge Pacheco Areco, la brutalidad policial desencadenó más violencia, intensificando la resistencia. El Frente Estudiantil Revolucionario 1968 (FER 68), donde El Ruso comenzó a militar en su primera adolescencia, surgió en este contexto. Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza, integrantes del FER 68 y del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), fueron asesinados en la Toma de Pando en 1969. El movimiento estudiantil secundario y universitario se convirtió en un bastión de lucha contra la dictadura y la represión, con numerosos estudiantes sacrificando sus vidas por la causa. A ellos se sumaron los asesinados en 1973 durante la Huelga General contra el Golpe de Estado de Bordaberry padre.

En esta fragua se templó la vida de El Ruso, cuya libertad no logró mediante la confrontación directa, sino por el sigilo para eludir camellos militares, retenes y exhibiciones de armamento. La pertenencia al FER 68 era razón suficiente para que al volver de las primeras clases de medicina en la universidad y bajar del ómnibus, encontrara las culatas de los fusiles golpeando a su puerta. En ocasiones dramáticas quedar afuera no es sinónimo de intemperie. El Ruso, con las astucia de un zorro, logró seguir disimuladamente de largo hasta desaparecer por las arterias laberínticas del barrio, evadiendo la captura para mantener viva la llama de la resistencia, la de su propia vida.

Halló refugio entre seres queridos, pidió unos pesos y anunció su partida de Montevideo sin revelar su destino, para no comprometer a nadie. A partir de allí, su vida se convirtió en un thriller lleno de tensión, que sin duda atraparía tanto a quien suscribe como al lector, pero él protagonizaba su propio escape, convirtiendo el suspenso en inenarrables miedo y angustia. Recibió apoyo y comenzó a caminar por la ciudad, cada paso atento a los detalles. Decidió dirigirse a la terminal de ONDA, donde esperaba tomar un bus hacia San José, un santuario donde más almas confiables aguardaban. En el taxi, percibió señales sospechosas: el conductor, silencioso, vigilaba por el espejo y hacía titilar las luces de baliza cerca de policías. En ONDA, encontró la terminal plagada de uniformados y ningún bus partía hasta las 4:10 de la mañana. Optó por caminar hasta la terminal de CITA, distendiéndose y esquivando a los vigilantes. A las 4 de la mañana, dos policías subieron al mismo bus. El viaje transcurrió en un silencio cargado de tensión, hasta que un hombre intentó subir, pero fue rechazado por órdenes de las "fuerzas conjuntas", confirmando sus temores de vigilancia. Al llegar a San José, los policías se bajaron para tomar café, permitiéndole continuar hasta la casa anhelada donde recibió dinero y ropa para su viaje a Buenos Aires. En el puerto, compró su pasaje con la certeza de que debía mantener la calma para evitar la detención. Tras una breve pero angustiante revisión de documentos, abordó el histórico ferry Nicolás Mihanovich. Al zarpar, un profundo alivio lo inundó al ver el paisaje de Colonia desvanecerse en la distancia, consciente de que su vida estaba cambiando radicalmente. En la capital argentina, volvería a encontrar camaradas y esperanza. La travesía marcó el inicio de un largo exilio, el primer paso hacia una nueva vida llena de incertidumbres y promesas.

M/N NICOLÁS MIHANOVICH
M/N NICOLÁS MIHANOVICH

En verdad las promesas durarían menos de tres años porque en la orilla occidental también se instauraba un nuevo estado terrorista, que, bajo el manto del Plan Cóndor se globalizaría. De salvar su vida y su libertad, pasó a auxiliar vidas ajenas, a construir puentes de solidaridad y a construir refugios para los demás. La UBA a través de la medicina, también permitió reanimar el amor por lo público, tanto como posteriormente el Hospital y el PAMI. La salida de la dictadura y la reconstrucción del Frente Amplio (FA) en Uruguay y en el departamento 20 pavimentaron una tarea militante sistemática que podía comenzar a sustituir la resistencia por la transformación de la realidad. 

CASA GRANDE FRENTE AMPLIO
CASA GRANDE FRENTE AMPLIO

Lo conocí hace algo más de una década, en el resurgir del entusiasmo con Constanza Moreira frente a la abúlica candidatura naturalizada a la tercera presidencia de Tabaré Vázquez. Creo que fue conocernos y queremos. Nos hicimos viejos amigos sin que aún nos hiciéramos tan viejos. Aquella Casa Grande del origen, nacida como un frente dentro del FA, acogía a diversos grupos, sectores, además de independientes, creciendo antes de las elecciones, para achicarse luego cada vez más. Fue justamente El Ruso nuestro delegado, viajando al plenario en el que se decidió ceñir la Casa a un simple sector político más, una decisión virtualmente expulsiva y a la sazón impotente y desmovilizadora. Desde entonces potenciamos momentos de creatividad y lucha, desde aquella patriada hasta el trabajo en el Morroni, en los congresos, en las intervenciones. No creo que en toda la historia del Morroni, haya habido un momento más potente e influyente como aquel posterior a la elección de Tabaré porque El Ruso tejió con hilos de paciencia organizativa, tiempo y convicción en el telar de las definiciones programáticas.

CONSTANZA MOREIRA
CONSTANZA MOREIRA

Desde mucho antes de Casa Grande, tenía yo particular relación con Constanza porque por mi parte escribía cada domingo la contratapa del Diario La República, mientras ella, habiendo sustituido a Hugo Cores tras su fallecimiento lo hacía en la de los lunes, cosa que nos obligaba a cierta coordinación. El Ruso logró acoplar inmediatamente el estilo particular de candidata a la impronta de los exilados en esta orilla, siendo uno de los animadores del salto hacia el protagonismo político y el impacto en Buenos Aires, junto a los compañeros del PVP. 

Muchos asados pasaron en la chacra de Lavalleja, con hijos y compañera, hasta para transmitir por streaming desde allí, con la infaltable bandera tricolor de fondo. O en la casita de Cuchilla Alta en la margen oriental, los encuentros del departamento de Almagro, las reuniones en el Bauen, la casa de Santos Lugares u otros lugares non sanctos, donde nunca nos faltó un brindis. Tampoco las discusiones en su auto, cuando con la excusa de buscar primero a los pibes por el “Pelle”, hacía más tiempo estirando la tertulia y pensar en argumentos y creaciones que nos permitía la larga travesía desde San Martín hasta casa. Los años de pandemia nos encontraron separados. No deja de ser una ironía del destino que mi aislamiento de dos años y medio se diera en su orilla y el suyo en la mía.

El Ruso fue un labrador en la aridez, yuntero desde botija, cálido anfitrión en el hospital, el Morroni o su propia casa. Alguien que dejaba siembra cuando tomaba la palabra en la tribuna o su programa de radio a fuerza de voluntad y pulmón. Si alguna superficie no aró nos la deja en barbecho. Un tipo sencillo y a la vez profundo. Discípulo de Artigas e Hipócrates no dudó en enfrentar a arteros hipócritas, simuladores de asistencia para arrojados a la vera del camino.

La falta de El Ruso es la desgarradora excusa para seguir trillando la lucha y la solidaridad sin falta.

 

 

 

EMILIO CAFASSI Publicado originalmente en CARAS Y CARETAS. La casa de mi tía republica con autorización
 Gracias a Emilio Cafassi. La casa de mi tía republica con autorización

 

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