A ochenta años de las bombas de Hiroshima y Nagasaki la locura se mantiene - por Joaquín Rábago
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A ochenta años de las bombas de Hiroshima y Nagasaki la locura se mantiene
Joaquín Rábago
Se cumple precisamente esta semana un nuevo aniversario del lanzamiento por EEUU de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y el fantasma nuclear vuelve a planear sobre el mundo.
El republicano de la Casa Blanca se dice provocado por alguien que fue cuatro años presidente de Rusia, pero que ya no lo es, y ordena a dos de sus submarinos nucleares aproximarse a las costas rusas.
El provocador, Dmitri Medvédev, es hoy sólo vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa y de sobra conocido por sus frecuentes y mordaces pullas contra Estados Unidos y la OTAN.
De ahí que su mensaje en la red social X, que suscitó la respuesta inmediata y contundente de Donald Trump, no debería haber sido para nadie que le conozca una sorpresa.
Pero no importa: Trump, que llegó a la Casa Blanca con la promesa de volver al diálogo con Rusia, que su predecesor, Joe Biden, había totalmente interrumpido, no tolera que no se le tome en serio. Por ejemplo cuando amenaza con durísimas sanciones a Rusia y a quienes como la India sigan comprando su petróleo.
El hombre que durante su primer mandato presumió ante Kim Jong-un de tener un botón nuclear “más grande y más poderoso” que el del dictador norcoreano, se siente al parecer ninguneado porque Putin no le hace caso y, en lugar de negociar una tregua con Ucrania, prosigue allí una guerra que Rusia va claramente ganando.
Lo que sucede estos días es especialmente grave si se tiene en cuenta que el único acuerdo de reducción y control de armamentos aún vigente, el llamado New Start, sobre armas estratégicas, vence el próximo febrero, y nada parece indicar que haya intención de renovarlo.
Porque no se trata ya sólo del reposicionamiento ordenado por Trump de dos submarinos nucleares, sino también los misiles de alcance medio que Washington proyecta instalar el próximo año en Alemania o los que ha encargado la propia Alemania a Estados Unidos y que le permitirían atacar blancos en el interior de Rusia.
O también las bombas termonucleares recientemente transportadas a una base británica por bombarderos norteamericanos o la aparente disposición del presidente francés, François Emmacron, de extender el paraguas nuclear del país a sus aliados europeos.
Y, por si fuera poco, el irresponsable anuncio del general Christopher Donahue, que está al mando del Ejército de EEUU en Europa y África de que su país podría ocupar rápidamente el óblast ruso de de Kaliningrado, situado entre dos países de la OTAN: Polonia y Lituania. ¿Es que nos hemos vuelto locos?