América primero y que se joda España - por Adolfo Piñedo

Anatonio Aguado, coherente veterano socialista, exmilitante del PSOE, destaca este artículo

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América primero y que se joda España

Adolfo Piñedo

NUEVA TRIBUNA

Han entrado en vigor los aranceles que Trump ha impuesto a unos 90 países que comercian con EEUU. El arancel va del 10% hasta el 50 %. Es sabido que para los productos europeos el arancel es del 15%.

Se podrá pensar que con la entrada en vigor de estos aranceles acaba el período de incertidumbre que se inició el 2 de abril, cuando Trump exhibió la famosa tabla arancelaria. Desde entonces no ha pasado día sin que Trump anunciara nuevos aranceles a este o a aquel país, a este o a aquel producto, subiendo o bajando a capricho del humor que el aspirante a déspota tuviese ese día. Sin embargo, no podemos considerar definitivamente cerrado el período de incertidumbre por, al menos, tres motivos.

Primero porque Trump no se considera obligado por ningún acuerdo aunque sea el propio Trump el que lo haya hecho. Quiere decir que hacer un acuerdo con Trump no significa nada, en concreto, no significa que ya sepamos a qué aranceles atenernos. Cualquier día puede que Trump decida otra cosa. O, como ya mismo está haciendo, amenazar con una tarifa del 35%.

Segundo porque los aranceles impuestos por Trump están sujetos a una impugnación en EEUU. Los demandantes entienden que el Presidente de EEUU no tiene la competencia para establecer aranceles salvo en circunstancias excepcionales, siendo el Congreso de los EEUU el competente. Puede ocurrir que la justicia anule los aranceles por ser palmariamente ilegales.

Tercero, porque Trump no solo pone aranceles a un país en bloque, sino también a determinados productos, tales como acero, aluminio, farmacia o chips. Con esa complejidad, terminar de definir el panorama arancelario completo parece el cuento de nunca acabar.

La primera conclusión que se desprende de aquí es que la incertidumbre va a continuar, a pesar de los acuerdos alcanzados por algunos países, entre los que destaca el de la UE. En curso hay negociaciones de otros importantes países (entre ellos China) para intentar minimizar el golpe sobre sus economías. Nada ha concluido, pues, el 7 de agosto.

La globalización ha cambiado tanto la economía que es imposible una vuelta atrás. Y es poco probable que la guerra comercial desatada desemboque en una recesión

De lo que podemos estar seguros es que el 2 de abril se cerró un largo período de “libre comercio” (o casi libre). En concreto, ha sido un periodo de cada vez más bajos aranceles. En el caso de EEUU el arancel promedio ponderado vigente antes de la llegada de Trump era del 2 – 2,5 %. Se calcula que después del 7 de agosto será del 18%. Para encontrar una cifra así hay que remontarse casi 100 años atrás. Con estas u otras cifras similares, es seguro que se va a reducir el comercio internacional y a frenar el crecimiento de la economía mundial, tal y como han advertido ya los principales organismos internacionales. Ahora bien, la globalización ha cambiado tanto la economía que es imposible una vuelta atrás. Y es poco probable que la guerra comercial desatada desemboque en una recesión. 

Importa analizar brevemente el acuerdo anunciado por Trump y Von der Leyen.

Los EEUU de Trump se han convertido en una potencial hostil a la UE. Trump opina que la UE se creó “para joder (sic) a EE UU”; que, desde su creación, la UE se han “portado muy mal” con EEUU, a quienes han timado provocándole un gran déficit comercial. Desde el 2 de abril estaba claro que la UE iba a encajar un buen golpe en forma de subida de aranceles. Contestar a la subida de aranceles de Trump con la misma moneda es algo que solo se ha atrevido a hacer China. Y aún así, cuando los aranceles han alcanzado niveles que, en la práctica suponían el cierre del comercio, ambos han preferido desescalar y abrir negociaciones. En la guerra comercial, China – EEUU, China tiene en sus manos una baza excepcional: es el suministrador principal de ciertos componentes imprescindibles para la industria americana. Esa baza negociadora no la tiene nadie más. Aún así, hay un principio de acuerdo de China y EEUU que se ajusta al esquema de que China acepta una subida arancelaria y levanta el embargo sobre materiales estratégicos. Nadie más ha contestado elevando el listón de la guerra comercial.

Desde luego, la UE no estaba en condiciones de entrar en una guerra comercial de esta naturaleza porque, a diferencia de China, la UE es una unión de 27 países, no siempre bien avenidos y con intereses muy distintos.

Visto en el contexto de lo que está pasando en otras partes del mundo, un arancel del 15% para los productos europeos que entran en EEUU puede considerarse un mal menor. Mal porque es un acuerdo totalmente desequilibrado ya que los productos americanos entrarán en Europa con arancel 0%. ¡Vaya con los aranceles recíprocos! Este desequilibrio ha desatado las críticas a Von der Leyden que no sale bien parada de su encuentro con Trump.

Sin duda este acuerdo arancelario tendrá consecuencias negativas para los países europeos. Para unos más que para otros. Pero, insisto, en el marco de una subida arancelaria generalizada es lo menos malo que nos podía pasar. Es similar a lo que han alcanzado Japón, Corea del Sur y otros países. 

Son las empresas y los Estados miembros los que deciden cuánto invierten en EEUU y en qué; qué equipo militar compran y cuánto gas licuado piensan adquirir

Sin embargo, hay una segunda parte del acuerdo que no es arancelaria y de cuyo contenido no se conoce en sus detalles. Llegado a este punto hay que decir que Von der Leyden, y la Comisión, son competentes en materia arancelaria. Pero ni remotamente lo son en el resto de los temas que se han anunciado: inversiones europeas en EEUU, compra de equipo militar americano y compra de energía en EEUU. Son las empresas y los Estados miembros los que deciden cuánto invierten en EEUU y en qué; qué equipo militar compran y cuánto gas licuado piensan adquirir.

En el siglo XI el rey Alfonso VI, tras conquistar Toledo, alcanzó la supremacía militar en el centro y oeste de la Península. Tradujo esa supremacía en el cobro de parias a los reyes moros del sur. Éstos pagaban parias como garantía de no ser invadidos por los ejércitos cristianos. En el fondo era un acto de vasallaje al “rey emperador de Hispania”, que, además, de recibir el correspondiente homenaje, incrementaba su tesorería y con ella podía mantener su ejército y la amenaza sobre sus vecinos del sur.

Con los acuerdos alcanzados, Trump quiere escenificar una relación de vasallaje parecida. Lo que ha venido a decir Trump es que los europeos van a pagarle parias y él va a engordar su tesorería.  En la edad media eso era real. Ahora tiene mucho de ficción,  del “reality show” en el que se mueve Trump. La Comisión puede pactar que procurará o recomendará a las empresas europeas que inviertan tal o cual cantidad en EE UU. En ningún caso que entreguen cantidad  alguna a Trump para que este la gaste como le dé la gana. Será cada empresa la que decide si invierte en EE UU. Si salen los números, es decir, si hay perspectiva de beneficio, invertirán y si no, no lo harán. Como siempre.

Las compras de material militar dependen de cada gobierno nacional. Y para apreciar por donde van los tiros, el gobierno español acaba de renunciar a adquirir aviones de combate norteamericanos para comprar otros parecidos europeos.

En realidad Von der Leyden no ha hecho un trato con Trump. Un trato exige que haya un quid pro quo. Y aquí se ha acordado lo que Trump ha decidido sin contrapartida alguna. Trump puede cantar victoria y así lo ha hecho. Pero va a ser una victoria meramente propagandística para consumo de su parroquia.

Los efectos de la política trumpista en la economía de EEUU empiezan a ser adversos. Se dice que en una guerra comercial todos pierden. No todos, claro. En concreto van a perder los consumidores norteamericanos porque pagarán precios más altos. Algunas estimaciones apuntan que cada hogar perderá unos 2.500 $ al año. Perderán algunas empresas americanas que deberán afrontar costes más altos de inputs básicos.

Abascal es el hombre de Trump en España y, por ende, es el hombre de los aranceles. La consigna “América primero” viene seguida de “y que se joda España”

Aquí perderán las empresas que exporten sus productos a EEUU. Sectores como el olivar, el vino o la maquinaria deberán afrontar un golpe importante. A nivel macro, el golpe será relativamente pequeño. Pero a nivel micro, bastantes empresas se verán afectadas por los aranceles de Trump. Esto es lo que trae la extrema derecha. Deberíamos recordar a los ciudadanos que este golpe que la extrema derecha americana infringe a algunas empresas españolas está avalado por Vox y la extrema derecha española. Abascal es el hombre de Trump en España y, por ende, es el hombre de los aranceles. La consigna “América primero” viene seguida de “y que se joda España”. 

Sin Trump no hay Abascal

A largo plazo la operación de Trump será ruinosa para EEUU. Europa necesita ir desacoplando su economía de la norteamericana y buscar otros socios comerciales. A corto plazo, habrá una reacción contra lo americano. Si quieres defender a tu país, no compres productos americanos y no votes a Vox.

Gracias a  Adolfo Piñedo y NUEVA TRIBUNA y a la colaboración de Antonio Aguado

ADOLFO PIÑEDO SIMAL

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