La ciencia, al servicio también de la guerra - por Joaquín Rábago
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La ciencia, al servicio también de la guerra
Joaquín Rábago
DESY son las iniciales del acelerador alemán de partículas de Hamburgo, equivalente al CERN de Ginebra, y en él se llevan a cabo importantes investigaciones sobre partículas elementales.
Desde su fundación estaba claro que esas investigaciones debían servir sólo a objetivos civiles, pero hace un año la dirección del centro anunció a los físicos que allí trabajan que se planteaba dedicarlas también a fines militares.
Esa decisión obedecía a un cambio de orientación del propio ministerio federal de Investigación, que poco antes había propuesto poner fin a la división entre investigaciones civiles y militares.
Estaba perfectamente claro que esa decisión formaba parte de la militarización de todos los aspectos de la sociedad alemana en respuesta a la invasión rusa de Ucrania.
Como cuenta al diario Junge Welt el físico Hannes Jung, que trabajó en el DESY y es hoy portavoz del grupo de científicos pacifistas Science4Peace, un día después del inicio de la invasión se decidió suspender cualquier proyecto de cooperación científica con Rusia.
Se obligó a los científicos de esa nacionalidad que trabajan en el instituto hamburgués a renunciar a sus puestos, incluso aquéllos que llevaban allí un cuarto de siglo tuvieron que dejar de utilizar sus viejas direcciones de correo electrónico.
https://www.youtube.com/watch?v=gImeSqQyIzo
Desde su fundación en 1959, el DESY ha establecido vínculos con científicos de otros países, incluidas la Unión Soviética o la Alemania comunista cuando existían.
A raíz de la nueva orientación de la dirección del centro, un grupo de científicos expresó claramente su oposición, aludiendo a las experiencias negativas de la Segunda Guerra Mundial.
El CERN ginebrino prohíbe en sus estatutos, que datan de 1954,que sus investigaciones puedan utilizarse para objetivos que no sean propiamente civiles.
La petición iniciada por aquel grupo de científicos del centro hamburgués fue firmada por 350 de sus trabajadores, más del 10 por ciento de la plantilla.
Los firmantes se comprometían personalmente a no participar en ningún experimento de tipo militar, por lo que hubo muchos que, aun estando de acuerdo, no firmaron por miedo a perder su empleo.
Algo que sabemos que ocurre también en muchas otras profesiones: por ejemplo, la periodística.
Según el físico Jung, entre los trabajos en los que no quisieron participar los “ científicos para la paz” hay uno relacionado con el bombardeo de neutrones para la fisión nuclear.
Uno de los directores del DESY ha dejado claro que no se trata de trabajar en las llamadas tecnologías de doble uso – las que pueden tener aplicaciones tanto civiles como militares- sino que también se trabajará en las de uso exclusivamente militar.
Hace unos días, la fundación Alexander-von-Humboldt y el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) se lamentaron en un comunicado de la situación en Gaza, pero sin poner en cuestión la colaboración científica con Israel a diferencia de lo que hicieron con Rusia. Una vez más, la misma doble vara de medir.