La artista Hildegard Seemann-Wechler fue una de las víctimas de la “higiene racial” de Hitler - por Joaquín Rábago
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La artista Hildegard Seemann-Wechler fue una de las víctimas de la “higiene racial” de Hitler
Joaquín Rábago
La artista alemana Hildegar Seemann-Wechler, de cuyo asesinato en las cámara de gas se cumplen ahora 85 años, fue una de las víctimas inocentes de la política eugenésica o de “higiene racial” del régimen hitleriano.
Como explica el historiador Boris Böhm, a Hildegard se le diagnosticaron en el verano de 1931 síntomas que apuntaban a una enfermedad de tipo psíquico, que resultó ser una esquizofrenia.
El 13 de agosto de ese año fue internada en un hospital de Dresde y más tarde en otro del municipio de Arnsdorf, también en Sajonia, en el que pasaría ocho años y medio.
Durante ese tiempo, la joven fue trasladada provisionalmente a otro hospital femenino donde, de acuerdo con las nuevas leyes nazis para “la prevención de la descendencia de personas con enfermedades hereditarias”, fue esterilizada contra su voluntad.
En Arnsdorf, la Wehrmacht (Ejército nazi) estableció un lazareto, y a Hildegard la llevaron a otro centro sanitario de Leipzig primero y más tarde, al establecimiento psiquiátrico de Grossschweinitz, también en Sajonia.
Allí, el 3 de septiembre de 1940 se presentaron varios autobuses para transportar a 104 mujeres a otro establecimiento, el de Pirna-Sonnenstein, especializado en car muerte a las cámaras de gas a las personas con problemas mentales.
Ese mismo día, Hildegard Seemann-Wechler fue presentada ante una comisión de médicos y, acompañada luego por las enfermeras, trasladada con otras veinticinco pacientes a las cámaras de gas que los responsables habían disfrazado de cuartos de baño.
Un médico observó la dolorosa agonía de Hildegard y sus compañeras, que duró cerca de treinta minutos durante los cuales las mujeres se agarraron desesperadas a los hierros de las puertas sin poder salir de allí. La artista tenía sólo 37 años.
Pero Seemann-Wechler no fue la única artista de Dresde entre las mujeres asesinadas en las cámaras de gas de Pirna-Sonnenstein. Otras dos fueron Gertrud Fleck y la pintora vanguardista Elfriede Lohse-Wächtler.
Desde junio de 1940, cuando fueron gaseados los diez primeros pacientes hasta el 24 de agosto encontraron allí la muerte 13.270 personas, a las que a partir del año siguiente se sumarían otras mil procedentes de los campos de concentración de Sachsenhausen, Buchenwald y Auschwitz.
A los 6 millones de judíos, además de los representantes de otros grupos étnicos y prisioneros políticos asesinados entonces hay que añadir entre 200.000 y 300.000 víctimas más del régimen nazi, entre ellas alrededor de 5.000 niños y adolescentes, a los que se dio muerte en las numerosas instituciones eugenésicas del Reich repartidas por todo el territorio.