De cómo preparar a los ciudadanos para que acepten el rearme frente a Rusia - por Joaquín Rábago
De cómo preparar a los ciudadanos para que acepten el rearme frente a Rusia
Joaquín Rábago
El semanario alemán Der Spiegel ofrece en un editorial firmado por su redactor jefe, Dirk Kurbjuwelt, un ejemplo de libro de cómo manejar a la opinión pública para que acepte sin rechistar el rearme frente a Rusia.
“Vladimir Putin agrede a una democracia (Ucrania) mientras mira de reojo a los socios de la UE en el Báltico y provoca (a Occidente) con drones”.
¿Acaso se ha demostrado de modo inequívoco el origen de esos objetos? ¿Y puede hablarse de “democracia” la de un país que ha ilegalizado partidos y medios críticos y prohibido la Iglesia ortodoxa rusa? Nada importa.
Pero sigamos: “Hace ya tiempo que Putin comenzó con sus ataques a Alemania. Las consecuencias no son ciudades destruidas ni cadáveres amontonados en el los campos de batalla, y tal vez por eso la palabra guerra no parezca la adecuada”.
Pero la guerra tiene hoy “rostros nuevos: ciberataques, desinformación a través de los medios sociales; Alemania está expuesta a una moderna guerra híbrida, con ataques sobre todo a la sociedad civil” ¿A qué ataques a la sociedad civil se refiere el periodista? Tampoco importa.
Y añade el redactor jefe : “El feo rostro de la guerra, ése al que tienen que mirar diariamente los ucranianos, puede aparecer en otro lugar y en cualquier momento?”
“Putin es imprevisible, sentencia Kurbjuwelt, y está sometiendo a prueba a sus enemigos. ¿Quién sabe cuándo lanzará sus misiles sobre territorio de la OTAN? Tal vez nunca”.
Pero, añade inmediatamente el periodista, “tal vez el infierno esté solo a un par de parpadeos de distancia”. Y por eso, argumenta, “el canciller (Friedrich) Merz tiene razón. Ésta no es ya la paz tranquila que disfrutamos durante algunas décadas los alemanes”.
De lo cual se derivan, dice, una serie de consecuencias. La primera es la necesidad de adoptar “la actitud correcta para esta época, que no es otra que un sereno estado de alarma”.
“Puede parecer contradictorio, pero estos tiempos no posibilitan otra cosa”, escribe también Kurbjuwelt, que plantea de ese modo la inevitabilidad del curso militarista adoptado por Bruselas.
Y tras haber asustado a los lectores del semanario con su descripción de las intenciones y acciones que atribuye al Kremlin, tiene para ellos un consejo: “nada de pánico, nada de histeria, sino serenidad”.
“No hay que caer en la belicosidad - ¿acaso se refiere Kurbjuwelt al retóricamente beligerante canciller Merz o su ministro de Defensa, Boris Pistorius?- sino seguir apostando por la diplomacia (¿de qué diplomacia europea habla?) pese a que Putin la rechace”.
Y añade: “Tal y como se comporta Putin, es un enemigo de Occidente. De nada sirve evitar esa palabra. Ayuda, por el contrario, emplear, aunque sea con pesar, la palabra “enemigo” porque agudiza nuestra percepción de la situación amenazante en que nos encontramos y permite extraer las consecuencias”.
Y la primera consecuencia es, como explica, algo que ya sucede: “La Bundeswehr (Fuerzas Armadas alemanas) se rearman y se preparan medidas defensivas contra los drones”.
Pero el Gobierno debería, dice, acometer todas esas medidas con “aún mayor decisión”, incluida una “conscripción obligatoria que merezca ese nombre. No se trata de enviar a los jóvenes a la guerra, sino de disuasión”.
¿No estaba desde el primer momento claro a dónde intenta el redactor jefe del semanario llevar al lector? Es lo que Noam Chomsky y Edward S. Herman en un libro que nunca me cansaré de recomendar calificaban de “manufactura del consenso”? Para eso están los medios. Al menos los medios como “Der Spiegel”.