Suenan tambores de guerra - por Joaquín Rábago
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Suenan tambores de guerra
Joaquín Rábago
En el Foro de Seguridad recién celebrado en la capital polaca volvieron a sonar tambores de guerra.
El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, el socialdemócrata que se ha propuesto preparar a su país para un conflicto militar con Rusia afirmó que ésta “se convierte cada vez más en un peligro para la OTAN”.
No quiso ser menos el comisario de Defensa de la Unión Europea, el lituano -siempre esos bálticos- Andrius Kubilius, quien abogó por levantar una muralla de “drones” en la frontera este de la OTAN.
El cada vez más impopular en su propio país jefe del gobierno polaco, Donald Tusk, afirmó a su vez sin pestañear que “esta guerra es nuestra guerra”.
Y añadió: “Se trata de defender la civilización occidental frente a la barbarie despótica. Si perdemos esta guerra, las consecuencias no serán para nuestra generación, sino para las próximas generaciones en Polonia, Europa, EEUU y todo el mundo”.
Es decir que por nada del mundo puede permitirse la OTAN semejante humillación, por lo que no habrá remedio que continuar la guerra “hasta el último ucraniano”.
Por cierto, según leemos en el diario El País, Ucrania está buscando reclutas cada vez más jóvenes a los que paga -¿pagamos los europeos?- por arriesgar su vida durante un año 72.000 euros cuando el salario mensual medio en el país ronda los 550 euros.
Mientras tanto, al otro lado del océano Atlántico, el general retirado Keith Kellogg, enviado especial de Donald Trump para Ucrania, declaró a los medios que el Presidente ha dado permiso a Kiev para que ataque objetivos muy en el interior de territorio ruso.
Kellogg, uno de los halcones que susurran continuamente al ocupante de la Casa Blanca, no pudo confirmar de momento que éste haya dado luz verde a la entrega a Ucrania de los misiles de largo alcance Tomahawk, que con tanta insistencia reclama el presidente ucraniano.
Misiles que tienen un alcance de entre 1.300 y 2.500 kilómetros y que, disparados desde Ucrania, pueden alcanzar fácilmente el Kremlin, como fanfarroneó el otro día irresponsablemente el propio Zelenski.
Preguntado al respecto en Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, explicó que los especialistas militares rusos siguen atentamente la discusión sobre esas armas, que pagaremos también los europeos.
Y añadió que “no hay arma milagrosa” que pueda cambiar la situación en el frente, claramente desfavorable para Ucrania, pese a lo que digan los halcones a ambos lados del Atlántico.
En cualquier caso, dijo Peskov, habrá que ver “quién disparará esos misiles desde territorio ucraniano? “¿Podrán hacerlo los propios ucranianos o se reservará su uso así como la elección de blancos a los militares de EEUU?”.
Se trata de una cuestión crucial porque en el segundo caso, Estados Unidos estaría directamente en guerra con Rusia. ¿Se atreverá el autoproclamado candidato al Nobel de la paz a dar ese paso?