Las contradicciones del capitalismo verde. La resistencia colonial - por Juan Viera Benítez
Las contradicciones del capitalismo verde. La resistencia colonial
Juan Viera Benítez
1.-Introducción
Lo que estamos viendo hoy en el mundo es la inevitable caída del imperialismo, y los esfuerzos militaristas que realiza el imperio del capital, los EE.UU. y los países occidentales, por evitar el declive acelerado que están sufriendo. Aun cuando consigan que con el negocio de la guerra y las matanzas humanas se salven unos cuantos gigantes económicos, no significa que el país vaya bien; significa que se está perdiendo la hegemonía, que ya no es la locomotora de la humanidad. El último recurso que les queda es la guerra.
Hasta la fecha las grandes potencias han podido mantener su posición económica mundial exprimiendo los recursos naturales de diferentes zonas del planeta como África, Latinoamérica y Asia. Hoy pierden terreno, muy especialmente en África. De allí han podido obtener elementos imprescindibles para su producción material y contribuir a sostener un elevado bienestar de amplios sectores de sus poblaciones.
2.- El capitalismo verde
El capitalismo mundial trabaja en lo que llaman el capitalismo verde, es decir, la obtención de energías renovables que sustituyan a las que proceden del carbón, petróleo y la energía nuclear. Sin embargo, la cuestión está en que esas energías renovables exigen la extracción de minerales que abundan en el territorio africano. Algunos de ellos: el Coltán (es un término comercial que agrupa minerales con tantalio y niobio, que se usan para fabricar condensadores eléctricos y otros componentes para los móviles, Smart phones y dispositivos electrónicos portátiles cada vez más potentes y sofisticados); el tantalio (metal resistente, conductor y superconductor, que se extrae del coltán en África y que ha generado conflictos bélicos), el Cobalto, el Manganeso, el Hierro, la Tantalita (mineral de Tantalio, representa un elemento importante para la fabricación de componentes electrónicos para dispositivos de alta tecnología). Todos estos minerales escasos y estratégicos, están provocando con su explotación problemas geopolíticos y sociales en África. A destacar de modo muy especial la República Democrática del Congo: La guerra por el coltán ha provocado millones de desplazados y muertos. Pobreza y hambrunas. Un conflicto cuyo territorio se superpone con el de la extracción de uno de los minerales más buscados del planeta para la industria electrónica. El corazón del África colonial es una fuente que sangra. Desde hace casi tres décadas, el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) está sumido en una guerra que parece interminable. Lo que está claro es que la transición a las energías limpias no salva al planeta. Los paneles solares, las turbinas eólicas, las baterías eléctricas necesitan de enormes cantidades de minerales que están de manera abundante en tierras africanas. Estos minerales son imprescindibles para controlar la economía mundial, por lo que África es un campo de batalla, por un lado, de los pueblos africanos contra el saqueo imperialista, y por otro, de una feroz competencia entre las mismas potencias occidentales. Recientemente, se ha producido la expulsión de Francia de países de la región del SAHEL en un período de menos de dos años: Malí en 2022, de Burkina Faso y Níger en 2023. Estos pueblos se rebelaron contra los gobiernos corruptos apoyando a militares jóvenes que tomaron el poder y echaron a los gobernantes fuera de las instituciones del Estado. Durante muchos años los dirigentes políticos corruptos nacionales han sido fieles servidores de los gobiernos occidentales. El capitalismo necesita recursos específicos que sólo África tiene en cantidades industriales; toda la infraestructura necesaria para la transición energética requiere de estos minerales que deben ser extraídos en proporciones cada vez mucho mayores. Níger tiene Uranio del que Francia ha estado disponiendo libremente durante muchas décadas. El Congo produce más del 70 % del cobalto mundial para baterías de coches eléctricos, el platino representa el 80 % de la reserva mundial, el 90 % lo es del Cobalto, el 70 % del Coltán, el 64 % de la Tantalita, el 60 % del Manganeso.
3.- La lógica del capital
Los medios de comunicación y todo el sistema político de las sociedades capitalistas nos venden que el cambio climático se detiene con el capitalismo verde, con las energías renovables. Esto es la excusa para que prosiga el saqueo de África cada vez más intenso que hasta ahora. Este hecho, es un ejemplo más de las contradicciones que tiene el capitalismo. El capital necesita su expansión para sobrevivir, para reproducirse y seguir acumulando. El capital tiene la necesidad de explotar todos los rincones del planeta hasta sus últimas consecuencias. El capital no puede quedarse estático porque entonces llegaría su ruina, tiene que buscar nuevos mercados, buscar nuevas tierras para extraer nuevos y viejos recursos, generar nuevas mercancías de todo lo que existe, de la fauna y flora, y sobre todo, incrementar la explotación de los seres humanos. La lógica es acumulación infinita en un planeta finito. Los países imperialistas construyen bases militares en África con la idea de vigilar y controlar todos los movimientos rebeldes de la población, y para asegurar sus dominios en vista de que China se expande de un modo más atractivo para la población. Con políticas muy diferentes, China está realizando millonarias inversiones en infraestructuras que crean las bases para el desarrollo económico y elevan el nivel de vida de los pueblos africanos, mientras que Francia, EEUU y otras potencias occidentales lo que hacen en llevarse las materias primas sin aportar riquezas que consoliden el crecimiento económico y social de los territorios.
4.- El colonialismo africano
El colonialismo sigue presente en África con distintas formas, pero la lógica del capital es la misma que en los siglos XIX y XX. Ahora todo se hace con ayudas humanitarias, acuerdos de cooperación, financiación de la deuda y, sobre todo, con la presencia de bases militares permanente con la justificación de asegurar la protección del terrorismo. De este modo, se abre camino y se facilita la penetración de grandes Corporaciones Económicas extranjeras que se llevarán los recursos casi gratis, con la explotación sangrienta de mujeres y niños. El capitalismo necesita saquear África para continuar con un modelo de desarrollo que necesita uranio, cobalto, tantalio, niobio, manganeso, hierro, etc. Sin embargo, las resistencias aumentan y aunque muchas de ellas han sido derrotadas, su memoria persiste en las gentes. Muchos líderes de pueblos africanos se enfrentaron al neocolonialismo y su ejemplo revive con fuerza en las generaciones jóvenes, en la medida que se endurece el latrocinio y el robo de sus bienes. Quien no recuerda el ejemplo significativo de TOMÁS SANKHARA que en 4 años que pudo gobernar antes de ser asesinado en 1987 transformó la economía y la sociedad de Burkina Faso, extendiendo la educación, redistribuyendo la tierra, luchando por la igualdad de género, la soberanía alimentaria y denunciando sin tapujos la explotación colonial francesa, rechazando las ayudas del FMI, y negándose a pagar deuda ilegítima y nacionalizando recursos. Las poblaciones africanas con otros pueblos del mundo se preguntan por qué son pobres si tienen todo, y a partir de esa reflexión se originan movimientos y, luchas importantes de rebelión contra gobiernos que al servicio de potencias extranjeras son elegidos en votaciones que llaman democráticas pero que están amañadas por el dinero y son muy singulares. Los elegidos son políticos relacionados con las oligarquías locales, muy corruptos, dependientes que sólo sirven a las potencias que controlan las elecciones. Sin embargo, las condiciones materiales generan irremediablemente una resistencia política que se extiende contra el atraco y el pillaje de las potencias extranjeras. Probablemente no triunfará de modo inmediato, pero es una conciencia que se construye día a día de que la pobreza no es algo natural, no es el destino de los pueblos sino el resultado de relaciones de poder que pueden cambiarse.