La Inmigración, la Islamofobia, la Separación Religión-Estado, y la Explotación Laboral - por Juan Viera Benítez
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La Inmigración, la Islamofobia, la Separación Religión-Estado, y la Explotación Laboral
Juan Viera Benítez
1.-El rechazo al inmigrante y a sus costumbres
En la sociedad crece el sentimiento que pregona el sentido de la tradición, utilizando y manipulando las sensibilidades que asocian la identidad entre lo español y lo católico. Incluso en algunos ámbitos que se llaman de izquierdas se discute sobre las políticas derechistas que llaman a la necesidad de imponer limitaciones a la vestimenta o a la utilización de los espacios públicos para prácticas religiosas a personas que normalmente son inmigrantes con una religión diferente a la católica. Las ideas de la extrema derecha son asimiladas por sectores que se consideran de izquierdas. El recuento electoral como en otras cuestiones les lleva a la consideración de que debemos frenar que los inmigrantes haciendo uso del excesivo amparo legal que les da el estado nos invadan y pasen por encima de nuestras costumbres, normas y comportamientos culturales.
Sin embargo, antes de cualquier tipo de rechazo tenemos que preguntarnos por qué vienen a Europa y a nuestro país, quizás debiéramos pensar que son nuestros gobiernos y las grandes corporaciones económicas quienes los están expulsando de sus territorios de origen y empujándolos a buscarse la supervivencia en nuestros pueblos y ciudades. Aquí llegan como mano de obra explotable y fácilmente desechable, a la vez que material humano manipulado para provocar la división en el mundo obrero. El núcleo del capitalismo no es otro que la explotación de la fuerza de trabajo para acumular capital que será reinvertido en ampliar esa acumulación.
La restricción a las libres expresiones de la cultura y la religión de los migrantes sean de Rumanía, Marruecos, Senegal, o cualquier otro país, son expresiones de chovinismo y racismo más que cualquier otra consideración, puesto que en ese caso lo que se pretende no es la neutralidad del estado respecto a la religión, lo que sería laicismo, de lo que se trata es de imponer una identidad homogéneamente nacional-católica en costumbres y valores para quien viva en el territorio español que abra claramente las vías de la explotación asalariada hasta sus últimas consecuencias, tal y como está ocurriendo en los campos extremeños y en otros del estado español. En definitiva, es como si se quisiera organizar una batalla cultural para la preservación de nuestra identidad, impidiendo la penetración cultural de personas de otros países, pero facilitando el sometimiento laboral.
2.- Limitaciones a las prácticas de los cargos institucionales
Estos ideólogos posicionados en el profundo sedimento fundamentalista de la España de los Reyes Católicos y del período franquista quieren que todos aquellos valores reaccionarios y autoritarios se prolonguen y se perpetúen en la actualidad, en el espíritu de los acuerdos vaticanistas que refuerzan y condicionan comportamientos del Estado en el terreno político, educativo y económico.
Quienes quieren imponer limitaciones a las vestimentas y ocupación de los espacios públicos de por parte de otras culturas presentes en el mundo de la inmigración, también, en un régimen de igualdad habrían de imponer limitaciones a todas las prácticas culturales y religiosas que se dan en los territorios del estado español, y por supuesto a las prácticas reaccionarias y autoritarias católicas que gozan de un trato privilegiado tal y como sucede con en actos oficiales, tomas de posesiones de autoridades, visitas del Felipe VI a la catedral de Santiago de Compostela en representación oficial, las procesiones católicas, los belenes en instituciones públicas o las ceremonias religiosas con presencia de autoridades que no solo se toleran, sino que se promueven activamente. Basta recordar como en los pueblos hay una presencia institucional de las Corporaciones Locales durante las procesiones de semana santa, en donde buena parte de los nazarenos o participantes en las procesiones llevan el rostro tapado. Todo ello va en contra de lo que debiera ser el laicismo o la separación de religión y estado en sociedades democráticos burguesas, respetando las convicciones religiosas o el culto individual que cada cual tenga o quiera practicar. Al desviarnos por aquellos derroteros que tienen presente la indumentaria y no defender con firmeza la separación entre Iglesia y Estado como elemento de la lucha de clases, cedemos el terreno a los discursos tramposos de sectores reaccionarios y fascistas. Es urgente que recuperemos la esencia laica enlazada al compromiso contra la opresión, la explotación laboral y la transformación social. En lugar de limitarnos a tener un prejuicio negativo categórico contra los musulmanes, contra el islam globalmente o contra una parte de la fe musulmana, tenemos que articular un discurso que desmonte las contradicciones de los sectores derechistas y defienda un laicismo universal que no haga distinciones entre religiones. Ya se nos advirtió por los primeros marxistas, que la religión era y sería utilizada por el capital para favorecer el sometimiento, el miedo y la opresión a la clase trabajadora.
3.- La cacería del inmigrante
No podemos olvidar que la esencia del capitalismo, lo que lo identifica, determinando cualidades y comportamientos de otros aspectos vitales, es la explotación asalariada. En este orden de cosas, la situación material precaria de amplios sectores de la población trabajadora ofrece las condiciones apropiadas para que este racismo chovinismo facilite la explotación de la mano de obra. La persecución del inmigrante proporciona al capital lo que siempre quiere conseguir: que las condiciones materiales de producción sean las más favorables posibles para la producción de plusvalía. Esta encuentra condiciones inmejorables cuando la explotación asalariada se ve acompañada de un ejército de reserva formado por grupos étnicos que son sistemáticamente discriminados, intimidados o sometidos a violaciones de los derechos humanos lo que se ve favorecido por cuadrillas fascistas que meten miedo y siembran el pánico, a veces con el silencio tácito del Estado. La necesidad de trabajadores agrícolas para la vendimia y la recogida de la aceituna trajo a la comunidad extremeña muchos inmigrantes a nuestros pueblos. En la actualidad tenemos en Extremadura unas 40.000 personas de otras nacionalidades. Nadie pensó en las necesidades que pudieran tener de viviendas, derechos laborales y sociales. La falta de infraestructura social hizo que muchos de ellos se instalaran en naves y campamentos a las afueras de los pueblos, en viviendas deshabitadas o mal acondicionadas de barrios marginales, en infraviviendas en donde es difícil la convivencia, etc. Consideraciones similares pueden formularse para muchas otras partes de España.
4.- La ausencia de las instituciones. La Construcción Ideológica del Pobre
Poco han hecho las instituciones regionales y locales por facilitar la mediación, la convivencia y la integración social de las familias trabajadoras inmigrantes. En todo caso, se las ha valorado como mano de obra explotable y desechable, pura violencia laboral: salarios bajos, irregularidades laborales, contrataciones precarias a través de ETT, y empresas de servicios, uso de migrantes sin papeles, etc. Además, sufriendo otros tipos de violencia social, educativa, sanitaria y, abandono institucional que les hunde más en la pobreza y la desigualdad.
La explotación asalariada se facilita cuando con frecuencia se recurre a la construcción ideológica en donde se señala al pobre como al malo. Un engendro simbólico que se utiliza por muchos para criminalizar a las personas migrantes, se las deshumaniza y se las considera poco menos que un trozo de carne. En esta aberración de derrama todo lo que envuelve a la pobreza. Nos dicen que estas personas son sucias, que son peligrosas, que vienen a robar, que viven de las paguitas, que tienden en los balcones, que juegan a la pelota en la calle, que te pueden violar, que se aprovechan del país al cual han venido, que tienen las casas destrozadas, que se sientan en los bancos, que comen pipas, que ensucian calles y parques, que no se integran... Todo este discurso ha sido altamente beneficioso para muchos desalmados empresarios puesto que una vez deshumanizadas, a nadie importan, y se las puede manejar como trozos de carne.
La realidad es que mientras se mantenga la sociedad dividida en clases no es posible acabar con estas injusticias sociales, pero sí hay que combatirlas y exigir a las administraciones públicas que gobiernan el capitalismo una importante y continua inversión pública en infraestructuras que faciliten la convivencia y la integración. A los turistas los recibimos con aplausos, porque vienen a dejar dinero. Pero, parece que valoramos menos la importante aportación que hacen a la producción material de riqueza las personas inmigrantes que vienen a trabajar en la agricultura, la construcción, los cuidados a personas mayores y dependientes, hoteles, restaurantes, etc.
La aportación a nuestra economía es muy importante a pesar de las condiciones laborales que viven en el estado español. Debemos de ser conscientes que la llegada de personas migrantes no va a decaer en los próximos años dadas las crisis políticas y económicas, el saqueo y las guerras que están provocando los gobiernos occidentales y las grandes multinacionales en África, Asia, Oriente Medio. Estas circunstancias seguirán obligando a millones de personas a salir de esos países huyendo de la miseria y la muerte.
Es una condición esencial para un partido que aspira a la transformación de la sociedad la defensa de los sectores sociales más débiles y explotados entre los que se encuentra la clase obrera inmigrante. Es inexcusable la exigencia a los poderes políticos: el desarrollo de los servicios públicos, servicios de atención social, centros educativos, centros sanitarios, centros residenciales para los cuidados y la dependencia, la mediación para la resolución de conflictos interpersonales o grupales, la dotación adecuada de los centros de acogida a inmigrantes y la distribución de menores en las distintas comunidades para evitar hacinamiento, la intervención ante situaciones laborales injustas, hacer frente al enorme problema de la vivienda, la creación de espacios culturales donde las personas migrantes puedan cultivar sus identidades, la concesión de todos los derechos laborales, civiles y sociales, y en definitiva, tenemos que asumir en todo su contenido “que autóctona o extranjera es la misma clase obrera.”