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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Social liberalismo, social democracia, falsa izquierda - por Juan Viera Benítez

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Social liberalismo, social democracia, falsa izquierda - por Juan Viera Benítez

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, que apoya al gobierno neonazi de Ucrania, que continúa comerciando con armas con el genocida Estado de Israel, que concede plena autoridad al gobierno de Marruecos sobre el territorio del Sahara y se carga el derecho de autodeterminación de este pueblo, nos inunda de narrativas, discursos hipócritas y cínicos que pretenden ocultar sus prácticas de gobierno. La legalidad internacional y los derechos humanos que Sánchez reivindica son pura falacia.

En el gobierno de coalición participan partidos políticos que se llaman de izquierdas y que están formando el aglomerado político que denominan SUMAR. Las perspectivas electorales de este grupo de partidos no son muy favorables, es continuo el descenso en las proyecciones preelectorales.  Se comienza a predecir una similitud, algo parecido a lo que ha ocurrido en Portugal, caída total de la izquierda en su conjunto. Pero no hay que buscar culpables externos a sus dirigentes ni a las políticas en las que vienen participando y aprobando en el consejo de ministros con el PSOE. 

Lo cierto es que la trayectoria del gobierno contra los intereses de la población trabajadora no ha parado ni un minuto. Así, recordando cuestiones recientes, siguen las relaciones comerciales de compra venta de armas con Israel, se aprueban importantes presupuestos destinados a los gastos militares siguiendo las directrices de la UE y de la OTAN con fondos públicos que se detraerán de los servicios públicos; reformas laborales contra la clase obrera que ya vienen desde años atrás, la mínima reducción del horario laboral sin resultados prácticos para la clase obrera, el incremento de la edad de jubilación y los recortes de las pensiones, el empleo de los fondos europeos utilizados por las grandes empresas para su modernización mientras mantenían en ERTES a sus trabajadores con salarios que pagaba el estado, etc.

Los resultados de estas políticas social liberales que practica la denominada socialdemocracia han tenido un resultado contundente en Portugal. En Portugal, y ocurrirá en España, la población trabajadora abandona a estos partidos que se llaman de izquierdas y se inclina por la abstención o se pone en manos de la derecha más reaccionaria que no deja de crecer en el interior de las estructuras políticas y sociales de las sociedades democráticos burgués. Así, las viejas izquierdas ancladas en políticas que para nada tienen en cuenta los intereses de las clases trabajadoras, están cayendo vertiginosamente. 

Es una evidencia en toda Europa que las crisis que soportan los partidos reformistas y socialdemócratas las han provocado ellos mismos, no hubo agentes externos que vinieran a alterar la estabilidad del sistema. En España, los efectos de sus políticas de servicio a la burguesía y a las pequeñas burguesías se vuelven como un bumerang. Algunos llegaron con propuestas radicales que al poco tiempo abandonaron, mientras que otros con una tradición de lucha durante la dictadura fueron abandonando a su base social cayendo en una actividad exclusivamente parlamentarista y de aspirante a los cargos institucionales. Han renunciado a su ideología y han buscado comportamientos pragmáticos que consideran modernos para recabar votos de todos los sectores sociales; sus discursos han renunciado a la transformación social revolucionaria y a la destrucción de los anacrónicos y reaccionarios aparatos del estado capitalista. Han considerado arcaico y anticuado sus clásicas posiciones ideológicas con el deseo de querer caer bien en el conjunto del electorado; han cedido su terreno doctrinario a los halagos de las clases altas y a las bendiciones de la iglesia católica.

Este tipo de comportamientos políticos que se mueven dentro de que consideran políticamente correcto lo que han conseguido es apartarse de unas bases sociales que pueden dar apoyos a políticas socialistas. Las democracias burguesas cooptan a los partidos políticos reformistas y les hacen realizar un trabajo que haga viable y facilite las mejores condiciones para la reproducción y acumulación de capital. Es decir, son políticas de colaboración en la gestión del sistema lejos de la adopción de políticas revolucionarias. En este orden de cosas, es necesario defender políticas en defensa de los derechos laborales, de la sanidad y la educación pública, de las pensiones y las residencias de mayores, etc. Todas ellas son luchas legítimas y necesarias. Pero si esas reivindicaciones no tienen un horizonte revolucionario estamos cayendo en lo que hacen los partidos social-liberales y reformistas.  En todo caso, la realidad cotidiana nos pone de manifiesto que todos los derechos y avances sociales que se han conseguido a lo largo de los años, después de muchas luchas y sacrificio siempre están en peligro de ser eliminados por las clases dominantes. Tienen el peligro de ser pasajeros y derrotados. El funcionamiento de las estructuras políticas y sociales capitalistas tienden a crear las condiciones más apropiadas para comerse todos los derechos sociales y laborales de las clases trabajadoras cuando ya no responden a los intereses de la lógica del sistema capitalista, es decir cuando obstaculizan la reproducción y acumulación del capital.

Lo que debemos pensar es que tipo de partido queremos, uno que se limite a trabajar en el interior de las estructuras democrático burguesas o una organización que sea capaz de romper los márgenes de la democracia burguesa para avanzar hacia el socialismo. No podemos construir un partido que se limite al parlamentarismo y a las negociaciones institucionales, a solucionar los problemas generados por el capitalismo sin entrar en las causas profundas de los mismos, necesitamos construir uno que sea capaz de desarrollar la lucha de clase penetrando y descubriendo las contradicciones del capitalismo.

Los partidos de la falsa-izquierda se han aplicado durante mucho tiempo a la colaboración con el gobierno del PSOE acompañados de la sumisión de los sindicatos de su majestad a los poderes establecidos. En estas circunstancias, ante la caída de la lucha de clases nuestra apuesta política debe ser la organización y el impulso a los movimientos y aconteceres que impulsen la conciencia de clase. No queda más remedio que este trabajo paciente y en la base de la sociedad cuando amplios sectores de trabajadores caen en las garras políticas de la extrema derecha, a la vez que sufren un fuerte endurecimiento de las condiciones laborales, una excesiva precariedad salarial y temporalidad, y una alienación influenciada por el cambio productivo provocado por el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la tecnología.

JUAN VIERA BENÍTEZ
JUAN VIERA BENÍTEZ
mancheta en 2025