De cuando Alemania hablaba con Rusia - por Joaquín Rábago
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De cuando Alemania hablaba con Rusia
Joaquín Rábago
Se cumplen ahora setenta años del histórico viaje del primer canciller federal de la nueva Alemania, Konrad Adenauer, a la capital de la Unión Soviética.
Adenauer había visto antes con amargura cómo Estados Unidos nada había hecho para impedir la construcción del muro de separación entre las dos Alemanias: la occidental y la comunista.
Al fin y al cabo, su Gobierno había apostado desde el principio por recuperar la soberanía sobre toda Alemania aprovechando la superioridad militar de la OTAN sin que su propio país arriesgara gran cosa.
Las circunstancias mientras tanto habían cambiado, y con su ingreso en la Alianza Atlántica, Alemania occidental se había convertido en un aliado clave de Estados Unidos en la línea divisoria con el campo socialista.
Con la adhesión a la OTAN perdía toda vigencia el estatuto de ocupación de los aliados y, pese a no recuperar del todo la soberanía, como ocurriría finalmente en 1990 con la reunificación alemana, la RFA recuperaba al menos cierto margen de maniobra.
El 7 de junio de 1955, la embajada soviética en París entregó una nota diplomática a la de la RFA que contenía una invitación a Adenauer para visitar Moscú y tratar cuestiones de mutuo interés.
Los soviéticos proponían, entre otras cosas, hablar del establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, negociar un acuerdo comercial bilateral y ver si podían producirse avances en “la cuestión alemana”.
El tono de la nota del Kremlin era conciliador: de los países enfrentados en la guerra habían sido sus dos pueblos los que más habían sufrido, por lo que era de o interés mutuo evitar una repetición de aquello.
Los soviéticos decían no querer vengarse del pueblo alemán por todo lo sucedido: 27 millones de muertos junto a la destrucción material de muchas ciudades.
Algunas semanas después, el 30 de junio, el Gobierno de Bonn comunicó a Moscú estar dispuesto a “tratar del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, culturales y comerciales” aunque antes de nada había que discutir por qué orden se procedería.
El “viejo zorro”, como algunos apodaban a Adenauer, temía que los soviéticos aprovecharan esa aproximación entre los dos países para intentar sacar a Alemania de la alianza militar con Estados Unidos e impedir la reconstrucción de su Ejército con oficiales muchos de los cuales habían servido en la Wehrmacht hitleriana .
Consciente de que no todo el pueblo alemán aprobaba la integración militar en el bloque occidental, Adenauer trataba de impedir que prosperara la tesis según la cual la neutralidad austriaca podría ser un modelo también para una Alemania unificada.
De hecho, el Partido Socialdemócrata, entonces en la oposición, no aceptó el ingreso del país en la OTAN hasta cuatro años más tarde con el programa de Godesberg, que supuso su renuncia al marxismo y la adopción de la economía social de mercado.
En cualquier caso, Adenauer necesitaba como agua de mayo un éxito internacional, por lo que intentó que se resolviera antes de nada la llamada “cuestión alemana”, pero se topó con la firmeza del Kremlin.
Moscú tenía, por su parte, gran interés en el establecimiento de relaciones diplomáticas con Bonn porque significaba de modo implícito el reconocimiento de la existencia de dos Estados alemanes.
Si se abría en Moscú una embajada de la RFA además de la que tenía la RDA, no había razón alguna por la que sucediera eso mismo en el resto del mundo.
Adenauer se apuntó con aquel viaje a Moscú un gran éxito de política interior al conseguir garantías verbales del primer ministro soviético, Nikolái Bulganin, de que Moscú liberaría a los prisioneros de guerra alemanes.
Un total de 10.000 ciudadanos germanos, “ prisioneros de guerra” para los alemanes, “criminales de guerra” para los soviéticos, recuperaron la libertad entre octubre de 1955 y enero de 1956.
Lo cual ayudó a la Unión Cristianodemócrata de Adenauer a obtener la mayoría absoluta en las siguientes elecciones.
La pregunta que hay que hacerse hoy es ¿cómo no parece ya posible algo que lo era pocos años después del enfrentamiento a muerte entre los dos pueblos, es decir el diálogo diplomático entre sus gobiernos? ¿Qué ha pasado para justificar tanta y tan peligrosa ceguera?