Deshojando la margarita - por Joaquín Rábago

Deshojando la margarita

Joaquín Rábago

¿Decidirá por fin Donald Trump atacar a Irán? Es la pregunta que se hacen todos: unos, los sionistas y los “halcones” islamófobos como el senador estadounidense Lindsey Graham, con la esperanza de que lo haga; muchos otros, y no solo los pacifistas, esperando justo lo contrario.

Senador Graham

 

Me pregunto si, por ejemplo, en el Reino Unido, país de apuestas, se estará apostando incluso en uno u otro sentido con la esperanza de acertar y llevarse un buen dinero a casa. No me extrañaría pues el mundo está cada vez más enloquecido.

EJÉRCITO IRÁN

 

Irán no es en cualquier caso Siria. Es un país de 1.745.000 kilómetros cuadrados y con cerca de 92 millones de habitantes, al que han estado armando últimamente sus más estrechos aliados, como son Rusia y China.

Tiene fuertes defensas gracias a los radares y los sistemas antiaéreos suministrados de forma acelerada por esos dos países, sobre todo desde la “guerra de los doce días” del pasado junio, cuando Irán fue atacado por Israel y Estados Unidos con el pretexto del uranio enriquecido para fabricar la bomba.

Ahora, su archienemigo, Israel, ya no parece tan obsesionado con el uranio. Teherán ha asegurado por activa y por pasiva que no es su intención de dotarse del arma nuclear para equipararse al Estado judío, desde hace tiempo potencia nuclear no declarada, y que su uranio es sólo para usos pacíficos.

El objetivo del Gobierno de Benjamín Netanyahu no es otro que un cambio de régimen, y el pretexto que esgrime ahora para intentar convencer a Trump de que hay que acabar con el de los ayatolas es su ayuda a los enemigos de Israel como el libanés Hezbolá y sobre todo el programa misilístico iraní, que considera una amenaza a su seguridad.

Más bien habría que decir a su programa neocolonialista de expansión territorial a los países vecinos para crear el gran Israel, es decir las tierras que, según la Biblia, Jehová prometió a los descendientes de Abraham. 

En el caso de que tomase finalmente la decisión de atacar a Irán - las presiones de Israel y de los halcones del Senado en ese sentido son sin duda enormes- Trump desearía sin duda que fuese una operación rápida.

Pero eso sería prácticamente imposible, dada la actual capacidad militar de Irán, que si bien ha asegurado que no será el primero en atacar, al mismo tiempo ha advertido de que, además del propio Israel, todos los activos de EEUU en la región serán blanco de su respuesta militar, que promete será contundente.

Trump llegó por segunda vez a la Casa Blanca con la promesa de no meter al país en más guerras costosas e insensatas como las de Irak o Afganistán, pero no hay presidente de EEUU sin sus guerras y el republicano ha vuelto ya a demostrarlo bombardeando Venezuela, Siria, Irak, Irán, Nigeria, Yemen y Somalia.

No es lo mismo,  sin embargo,  un cobarde bombardeo desde el aire, en el que no muere un solo militar del atacante, que la presencia de sus soldados sobre el terreno que necesitaría sin duda EEUU para tratar de acabar con un régimen al que, pese a lo que diga la propaganda de Fox News, sigue teniendo el apoyo de un importante sector de la población.

Un ataque a Irán degeneraría además rápidamente en una guerra regional de consecuencias desastrosas no sólo por las inevitables pérdidas humanas, que incluirían también a los militares estadunidenses destacados en toda la región, sino también por su impacto económico.

Así, Irán cerraría inmediatamente el estrecho de Ormuz, por donde pasa en torno al 30 por ciento del consumo mundial de petróleo.

ORMUZ

Por cierto, ¿qué dice la ONU y qué dicen los países de la Unión Europea sobre las amenazas del césar de la Casa Blanca a un país soberano que no ha atacado a Estados Unidos, sino que ha sido, por el contrario,  bombardeado por éste? 

 

 

JOAQUÍN RÁBAGO