La Deshumanización Como Modo de Vida. La Indiferencia Cómoda ante la Masacre en Gaza - por Jacinto Ortega del Rosario

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La Deshumanización Como Modo de Vida.La Indiferencia Cómoda ante la Masacre en Gaza

Jacinto Ortega del Rosario

exconcejal de Cohesión Social,Igualdad y Juventud del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria

Secretario General del SGU, Sindicato de Gremios Unidos

 

Cada cierto tiempo, la humanidad se enfrenta con su reflejo más sombrío, y lo que vemos es una monstruosidad disfrazada de civilización. En este preciso momento, el escenario de horror que presenta la Franja de Gaza debería ser suficiente para desatar una ola de indignación mundial. Sin embargo, lo que obtenemos, en su lugar, es una abrumadora indiferencia. La deshumanización ha alcanzado un punto tan arraigado en nuestras mentes que parece que hemos perdido incluso la capacidad de sentir algo genuino, más allá de la comodidad de nuestros dispositivos y el ruido ensordecedor de las redes sociales.

Los cuerpos de niños, mujeres y hombres amontonados en las calles destrozadas de Gaza no parecen tener la misma capacidad de conmover que una caída del mercado o la última serie de Netflix. La gente prefiere escandalizarse por nimiedades antes que detenerse a enfrentar el horror de las bombas cayendo sobre hogares, hospitales y escuelas. Seamos claros, el sufrimiento de los palestinos ha sido convertido en un espectáculo más, un mal necesario que aparece entre las pausas publicitarias y los memes de Instagram.

Hemos alcanzado un grado de insensibilidad que roza lo criminal. Nos hemos vuelto tan expertos en desligarnos del sufrimiento ajeno que la devastación en Gaza se percibe como un fondo inevitable, una noticia de segundo plano que rápidamente desplazamos al siguiente titular. ¿Muertes? Sí, muchas. ¿Destrucción? Absoluta. Pero al final del día, ¿qué importancia tiene si todo esto ocurre a miles de kilómetros de distancia y no perturba mi rutina diaria?

Quizás, esta deshumanización colectiva es el verdadero crimen, el que permite que atrocidades como las que se están cometiendo en Gaza continúen con impunidad. Nos hemos entrenado a ver imágenes de niños ensangrentados como quien observa un clip más de un videojuego bélico, con la desconexión emocional de alguien que ya ha sido condicionado para no sentir.

Pero lo más cínico, lo que realmente debería helarnos la sangre, es que hemos permitido que todo esto se justifique con una narrativa cómoda y complaciente: "Es una respuesta proporcional", "es parte de un conflicto que tiene siglos", "no se puede hacer nada". Este tipo de razonamientos no son más que excusas para encubrir una absoluta falta de empatía y una creciente complicidad en la barbarie.

Nos aferramos a la ficción de que el mundo moderno está gobernado por la razón, el derecho internacional y los derechos humanos. Pero Gaza, como tantas otras tragedias humanas, expone esta farsa. Los poderosos juegan con la vida de los vulnerables, mientras el resto de nosotros observamos desde la distancia, protegidos por el caparazón de la apatía.

La verdad es que ya no somos meramente espectadores pasivos; nuestra indiferencia, nuestra inacción y nuestra normalización del horror nos han convertido en cómplices. Y mientras sigamos mirando hacia otro lado, mientras sigamos excusándonos en la complejidad del conflicto o en nuestra incapacidad para actuar, el sufrimiento en Gaza continuará, y con él, la descomposición moral de una humanidad que ya parece haber perdido el rumbo.

Porque sí, es fácil cerrar los ojos y seguir adelante. Es fácil pensar que todo esto no nos afecta. Pero la verdadera tragedia es que la humanidad, al aceptar su propia deshumanización, ha decidido, consciente o inconscientemente, que ya no le importa. Y esa es, quizás, la victoria más siniestra de todas.

Jacinto Ortega del Rosario

 * Gracias a JACINTO ORTEGA DEL ROSARIO