La diplomacia no podrá poner fin a la guerra de Ucrania sin un mínimo acuerdo sobre sus causas - por Joaquín Rábago

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La diplomacia no podrá poner fin a la guerra de Ucrania sin un mínimo acuerdo sobre sus causas

 Joaquín Rábago

Imposible poner fin a la guerra de Ucrania mediante negociaciones diplomáticas si no se llega antes a un mínimo acuerdo sobre qué causas la desencadenaron.

Y ahí las posiciones de la OTAN y de Rusia son totalmente divergentes,  sin que ninguna instancia neutral haya querido o podido hasta ahora hacer nada por acercarlas.

¿No debería ser ése, por ejemplo, el papel de la ONU, por desgracia a su vez cada vez más desprestigiada por su impotencia en tantos otros casos, y de modo muy especial en el genocidio de Gaza?

Los medios podrían contribuir a aclarar muchas cosas, pero, lejos de eso, en su inmensa mayoría, abandonado todo espíritu crítico, algo que debería en cambio ser su función, se han convertido en meros transmisores del relato oficial de Bruselas.

Y éste coincide a su vez con la propaganda del Gobierno de Volodímir Zelenski, que se asume sin ponerla mínimamente en tela de juicio,  con trágicas consecuencias para todos.

Mientras los dirigentes de la UE se empeñen en situar el origen del conflicto en la invasión rusa de Ucrania y atribuyen esa acción, contraria al derecho internacional, exclusivamente a las ambiciones expansionistas del presidente ruso, Vladimir Putin, no se avanzará nada.

Porque será ignorar deliberadamente el cambio de régimen en Kiev propiciado sobre todo por los neocons estadounidenses como Victoria Nuland, la de “¡que se joda la UE!!”,  golpe anticonstitucional que los medios presentan solo como una “revolución popular”: el llamado Euromaidán.

INSURRECCIÓN EXTREMA DERECHA MAIDAN 2014 IMPULSADA POR USA

Como es ignorar también los ocho años de guerra civil entre las fuerzas del nuevo Gobierno y los independentistas de las regiones étnica y lingüísticamente rusas del este y el sur del país, que no aceptaron lo ocurrido en Kiev.

Situar además el punto de partida del conflicto militar ucraniano sólo en la invasión ilegal rusa sin mencionar la previa ruptura por Estados Unidos del compromiso estadounidense de no acercar la OTAN a las fronteras rusas a cambio del visto bueno de Moscú a  la reunificación alemana es falsear asimismo la historia.

Siguiendo el relato oficial de la OTAN, el único al parecer tolerado,  a juzgar al menos por las sanciones impuestas por Bruselas a los que acusa de “desinformación” como el ex coronel de los servicios secretos suizos y analista geoestratégico,  Jacques Baud, los medios acusan una y otra vez a Putin de no querer la paz y de sólo mentir.

¿Cómo se va a negociar la paz con alguien a quien continuamente llaman “criminal”, “mentiroso” y “secuestrador de menores ucranianos” con el pretexto de sacarlos de la zona de peligro en el bombardeado Donbás? 

De nada sirve explicar que Putin incluso quiso en un determinado momento, al comienzo de su mandato, ver a su país en la OTAN aunque en igualdad de condiciones y que Washington y Bruselas rechazaron tajantemente aquellos intentos de acercamiento.

De nada, tampoco, recordar que los llamados acuerdos de Minsk con Rusia fueron solo -o al menos eso reconoció la canciller federal alemana, Angela Merkel -un pretexto para ganar tiempo y permitir a Ucrania seguir armándose y enfrentarse a Rusia en mejores condiciones.

A. Lukashenko, Vladimir Putin, Angela Merkel, F. Hollande y Petro Poroshenko, durante la firma del Acuerdo de Minsk de 2015

O que las posteriores negociaciones de Estambul fueron saboteadas por el premier británico Boris Johnson, quien en total acuerdo con los EEUU de Joe Biden, animó al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a no firmar nada con Rusia porque la OTAN le suministraría las armas con las que ganar la guerra.

Todo eso está ampliamente documentado, pero se oculta una y otra vez porque no interesa estropear la narrativa oficial, que es que Putin ha saboteado todas las propuestas de paz de Occidente porque sólo ambiciona reconstruir el imperio soviético, cuya disolución él mismo calificó en 2005 como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo”.

Mientras continúe  la ceremonia de la confusión sobre las diferentes causas de esta guerra y los motivos de sus distintos actores, seguirán muriendo por decenas de miles ucranianos y rusos para beneficio sólo de las industrias de armamento, al parecer las únicas capaces, con ayuda de los gobiernos, de sacar a Europa de la mayor de las crisis.

JOAQUÍN RÁBAGO