GAZA: Como conejos - por Joaquín Rábago
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GAZA: Como conejos
Joaquín Rábago
Las Fuerzas de Defensa de Israel -¡qué sarcasmo ese nombre!- disparan una y otra vez, como si de conejos se tratara, contra los palestinos hambrientos que se acercan a los centros de distribución de comida en Gaza.
El mando militar dice que sólo se dispara en señal de advertencia, una mentira más de un Gobierno genocida que ha perdido todo sentido moral y acostumbra a matar a mansalva y a mentir luego impunemente.
El ministro de Defensa, Israel Katz, tiene incluso la desfachatez de calificar esas acusaciones de “libelo de sangre”, la falsa leyenda medieval de que los judíos asesinaban a niños cristianos para sus rituales religiosos.
Pero incluso un periódico israelí, el liberal Haaretz, recoge testimonios de soldados que dicen haber recibido de sus superiores la orden de disparar contra los hambrientos palestinos como si fueran una “fuerza hostil”.
Lo llaman “Operación Pescado Salado”, versión israelí del juego infantil “Luz verde, Luz Roja”, en el que una persona hace de semáforo y los demás participantes deben avanzar o detenerse, según cuál sea la luz, con la máxima rapidez.
Tales prácticas asesinas en las proximidades de los centros de distribución de alimentos, que podrían figurar en el “libro universal de la infamia” (J.L.Borges), han causado hasta ahora la muerte de cerca de 600 civiles palestinos y ha herido a 4.200.
Las proximidades de esos centros, gestionados por la empresa privada estadounidense Gaza Humanitarian Fund, se conocen ya en inglés como “killing fields”, en alusión a los “campos de la muerte” camboyanos durante el genocidio de los jemeres rojos.
Pero los soldados israelíes no sólo utilizan su arsenal- carros de combate, ametralladoras, granadas, morteros o lo que haga falta – contra quienes, desesperados, acuden a la trampa que son los centros, sino también contra los palestinos que en la Cisjordania ocupada tratan de evitar la demolición de sus casas.
Demoliciones totalmente ilegales, que llevan a cabo empresas privadas que reciben del Gobierno israelí 1.500 dólares por cada casa demolida. El crimen tiene su recompensa.
Y todo ello mientras, ante la pasividad de un mundo que parece haber perdido totalmente la brújula moral, el Ejército israelí prosigue diariamente su campaña genocida en toda la franja de Gaza.
Lleva ya asesinados a miles de civiles – son ya cerca de 60.000 los muertos y más del doble, los heridos- con las armas que le suministran EEUU y sus aliados, que permiten que continúe esa masacre.
Los nazis se preocuparon de ocultar al mundo lo que hacían con los judíos en sus campos de la muerte, pero los asesinos sionistas de hoy ni siquiera tienen que esforzarse en disimular sus crímenes. ¡Tan bajo hemos caído!