Se cumplen 90 años desde el Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura - por Joaquín Rábago
Se cumplen 90 años desde el Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura
Joaquín Rábago
En unos tiempos en los que vuelve a imponerse la ley del más fuerte ante el hipócrita silencio o la complicidad de políticos e intelectuales, conviene recordar el Primer Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura...
El congreso, celebrado en París a finales de junio de 1935, dos años después de la llegada al poder de Adolf Hitler por la vía de las urnas – no lo olvidemos-, reunió a los más importantes escritores e intelectuales del momento (1).
Tuvo lugar en el edificio de la Mutualité y atrajo a tanta gente que se decidió instalar altavoces fuera de la sala, que tenía capacidad para 3.000 personas, de modo que todos los interesados pudieran escuchar las intervenciones.
El objetivo de aquel encuentro era permitir el intercambio de ideas sobre el peligro que representaba el creciente fascismo y las posibles formas de combatirlo.
Sobre todo se trataba de superar las diferencias existentes entre liberales burgueses, por un lado, y socialistas y comunistas, por otro, frente al enemigo común que representaban los fascismos.
El Congreso permitió al mismo tiempo a las asociaciones de escritores de distintos países superar su aislamiento en un momento en que era absolutamente necesario unir esfuerzos y voluntades.
La iniciativa partió de grupos de izquierdas como la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios o el congreso contra la guerra convocado en 1932 por los escritores pacifistas franceses Henri Barbusse y Romain Rolland.
Por su parte, el dramaturgo alemán Bertolt Brecht había propuesto en 1933 la celebración de una conferencia para coordinar estrategias frente al nuevo peligro.
Todo ello coincidió con la nueva política de la Internacional Comunista, que abogaba por una especie de frente amplio contra el fascismo que incluyese a las fuerzas burguesas.
El concepto de “defensa de la cultura” utilizado por los organizadores del Congreso se debió al escritor comunista francés Paul Vaillant-Couturier, que se había distinguido por sus artículos pacifistas en diversas publicaciones.
La cultura abarcaba desde las vanguardias de comienzos de siglo a la literatura socialista, representada sobre todo por los escritores soviéticos presentes en el congreso y por supuesto el humanismo burgués posterior a la Revolución francesa o el nuevo humanismo de inspiración socialista.
En el congreso se discutieron asuntos tan diversos como el legado cultural europeo, el humanismo, la relación entre cultura nacional y universal, la complementariedad u oposición entre nacionalismo e internacionalismo y, por supuesto, la responsabilidad política del escritor, su compromiso en tiempos tan revueltos.
Uno de los organizadores del congreso, el francés André Gide, expuso las supuestas contradicciones entre patriotismo e internacionalismo, entre individualismo y comunismo y el significado de todo ello para el conjunto de la sociedad.
Para el autor de “El inmoralista” no existían tales contradicciones: se podía ser al mismo tiempo por convicción internacionalista y francés, individualista y ya que no comunista, como en su caso, sí compañero de viaje.
Para el antibelicista Henri Barbusse, el nacionalismo era anti-universal ya que erigía la nación en objetivo final y la convertía en una muralla tanto frente a los de fuera como frente al propio pueblo.
El jurista y periodista alemán Alfred Kantorowicz habló en el congreso de los preparativos de Alemania para la próxima guerra, que exigían no sólo el rearme tecnológico sino también la movilización ideológica. Algo que por cierto vemos ocurrir ahora en la Europa que se arma frente a “la amenaza rusa”.
Bertolt Brecht llamó a su vez la atención sobre los horrores del fascismo, que estaba ahogando a la cultura “en sangre y mugre”.
Según Brecht, “la acumulación de crímenes” bajo el fascismo terminaba haciéndolos “invisibles”. La injusticia se convertía en algo inevitable y contra lo que apenas podía hacerse nada.
Así, en lugar de limitarse a una simple y natural reacción emocional, convenía, según Brecht, preguntarse por las causas: ¿A qué se debe ese golpe? ¿Por qué se arroja la cultura por la borda como lastre?
Para el autor de “Madre Coraje”, el fascismo celebra el culto de la fuerza bruta, de la intervención descarada, la disposición a la guerra, la autodisciplina y el espíritu de sacrificio, y lo presenta como el ideal cultural de la nación.
¿No nos mueve todo ello a pensar en lo que sucede en nuestro mundo? ¿A qué se debe el silencio de tantos intelectuales frente al insufrible redoblar de los tambores?
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Wolfgang Klein: “Paris 1935. Erster Internationaler Schriftstellerkongress zur Verteidigung der Kultur. Reden und Dokumente. Berlin 1982.
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