EEUU COLOMBIA: Indignante equiparación entre agresor y agredido - por Joaquín Rábago

 

Recientes de Joaquín en La casa de mi tía:

EEUU COLOMBIA:

Indignante equiparación entre agresor y agredido

Joaquín Rábago

Se lamentaba el otro día en un editorial uno de nuestros periódicos de referencia la que calificaba de “manía personal” entre los actuales presidentes de EEUU y Colombia: Donald Trump y Gustavo Petro. 

PETRO TRUMP

Durante décadas, escribía el editorialista, esos países han sido “un paradigma de alianza estratégica en el Continente: un socio fiable para EEUU en la región, un respaldo clave para Bogotá en su batalla contra el narcotráfico, la insurgencia y la inestabilidad”.

¿Cuándo, habría que preguntarse, ha ocurrido eso? ¿Tal vez cuando presidía Colombia  Álvaro Uribe, un político ultraderechista con estrechos lazos con los paramilitares, por lo que fue incluso condenado por manipulación de testigos aunque le hayan exonerado de esos y otros cargos en segunda instancia?

ÁLVARO URIBE

¿Qué han hecho, por otro lado,  los gobiernos de Washington con cualquier presidente latinoamericano que intentase acometer una reforma agraria capaz de poner en peligro los grandes latifundios y el poder de sus  multinacionales?

Lo indignante del editorial que comento es sobre todo la equiparación que en él se hace entre quien es claramente el agresor y el agredido.

Si Trump con su “estilo amenazador y arrogante”, que por supuesto tampoco gusta al periódico, acusó a Petro de ser “un líder del narcotráfico”, el colombiano replicó que Washington violó la soberanía de su país al bombardear una narcolancha en el Caribe que “podría haber sido colombiana”.

¿Una narcolancha? ¿Como las embarcaciones venezolanas al parecer dedicadas a la pesca que también hundió EEUU en las mismas aguas y con el mismo pretexto en una demostración de fuerza bruta? 

 

NARCOLANCHA HUNDIDA EN EL CARIBE EL PAÍS

¿No es también este último ataque una violación de la soberanía de otro país de su patio trasero en un momento en el que Washington trata de desestabilizar a su “régimen”,  como insistentemente le pide la fogosa opositora venezolana  galardonada con el último Nobel de la Paz?

¿No es cierta la acusación de atropello de la soberanía nacional que hace Petro y que el periódico madrileño atribuye sobre todo a “un deterioro profundo de la confianza y el cálculo estratégico”.

¿Deterioro de la confianza en un país que no se contenta con agredir a otros porque no le gustan sus gobiernos sino que se inmiscuye además descaradamente en sus sistemas judiciales en apoyo de ultraderechistas o golpistas como ha ocurrido en Colombia con  Uribe o en Brasil, con Bolsonaro?

Por cierto, ¿no tendría España algo que decir, por ejemplo, en los foros internacionales como la ONU en defensa de unos países a los que tantas veces nos gusta llamar “hermanos” cuando se ven agredidos por un matón supremacista que desprecia abiertamente a todos los de piel morena? 

JOAQUÍN RÁBAGO