EEUU RUSIA Rodeado de halcones y presionado por los europeos, Trump parece no entender a Putin - por Joaquín Rábago
EEUU RUSIA
Rodeado de halcones y presionado por los europeos, Trump parece no entender a Putin
Joaquín Rábago
En su vanidosa estulticia, rodeado como está de halcones, entre ellos su secretario de Estado, Marco Rubio, y presionado por los dirigentes europeos, Donald Trump parece incapaz de entender a Rusia.
De entender, esto es, el motivo por el que el presidente de ese país, Vladimir Putin, lanzó la que llamó su “operación militar especial”, ciertamente ilegal según el derecho internacional, pero que aquél consideró en un determinado momento inevitable.
Desde el comienzo de la invasión de Ucrania, Putin dejó claro cuál era su principal objetivo: la seguridad de Rusia, amenazada, según él, por el plan estadounidense de convertir al país vecino en un caballo de Troya de la Alianza Atlántica.
Hubo varios intentos por poner fin al conflicto mediante negociaciones. Recordemos los acuerdos de Minsk, con los que los europeos trataron, sin embargo, sólo de ganar tiempo para permitir a la OTAN, ya entonces muy presente en Ucrania, continuar su rearme.
Algo que terminaría reconociendo, a toro pasado, la canciller federal alemana, Angela Merkel, protagonista directa junto al presidente francés, François Hollande, de aquel ficticio intento de negociaciones.
Más tarde, las conversaciones de Estambul, en la que los gobiernos ruso y ucraniano parecieron llegar a un acuerdo, frustrado en el último momento por el premier británico, Boris Johnson, que animó a los ucranianos a seguir luchando tras prometerles que les llegaría cuanta ayuda militar y financiera necesitasen.
Desde el principio de la guerra, el líder ruso dejó perfectamente claro cuáles eran sus objetivos, que no han variado un ápice desde entonces, como se han cansado de explicar gente como el conocido politólogo de la Universidad de Chicago, John Mearsheimer, o el economista de la de Columbia, Jeffrey Sachs.
Pero da igual, los dirigentes y los principales medios de Occidente insisten en que hay que garantizar no sólo la integridad, sino también la seguridad de Ucrania, algo perfectamente razonable, pero se niegan a reconocer que Rusia tiene también sus propias necesidades de seguridad y que sólo aceptará un acuerdo en ese sentido.
Mientras tanto, Donald Trump va a lo suyo: un día trata de modo humillante a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski , y habla de una próxima entrevista con Putin en Ucrania para tratar, entre otras cosas, de las oportunidades de negocio bilateral y al día siguiente su secretaría de Estado habla, para satisfacción de los europeos, de posponer sine día esa cumbre.
Gobiernos como el británico, el alemán, el francés y los de los países nórdicos sobre todo, empeñados en continuar una guerra que sólo financian pero en la que no mueren, al menos de momento, sus soldados, habían recibido como un jarro de agua fría el anuncio de que esa cumbre, ahora en el aire, fuera a celebrarse en Hungría, el país apestado de la UE, algo en lo que veían una afrenta.
Donald Trump ha demostrado más de una vez lo poco que le importan los europeos, pero no ocurre lo mismo con sus propias empresas del sector armamentístico, que sólo pueden ganar con la prolongación del conflicto. Y así estamos. Al fin y al cabo los que mueren son otros.