Israel y Ucrania, parte del mismo combate - por Joaquín Rábago
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Israel y Ucrania, parte del mismo combate
Joaquín Rábago
Por más que gobiernos y medios a su servicio y al del gran capital que los financia traten de disimularlo, Israel y Ucrania forman parte del mismo combate.
Por más que se disimule, esto es, que se disfrace ese combate de lucha de las democracias liberales contra las autocracias o contra la barbarie islamista.
No hay que ser un agudo estratega para entender lo que pasa. Basta leer los documentos salidos de los “think tanks” atlantistas como la Rand Corporation o el Brookings Institute. Y ver que no se toca a ningún dictador siempre que sea uno “de los nuestros”.
Ocurre, sin embargo, que muchos de quienes hoy escriben en los medios no tienen ganas de leer esos informes ni tienen tiempo para reflexionar. Y además, aunque lo encontraran, seguramente su esfuerzo no se vería recompensado por la publicación de sus análisis.
Y quienes sí tienen ese tiempo y ven además publicados sus trabajos en las revistas especializadas o la llamada “prensa de referencia” están precisamente al servicio de ese combate global al que me refiero.
Combate que consiste, en lo que afecta tanto a Rusia como a Irán, en intentar fragmentarlos, aprovechando su gran complejidad étnica y religiosa.
La europea Ucrania del “servidor del pueblo” Volodímir Zelenski no es otra cosa que el gran ariete elegido por Estados Unidos para intentar “romper” la Federación Rusa. .
No es el único porque la asiática Georgia, que formó también parte de la desaparecida Unión Soviética , sirve también a ese fin, pero es el más importante.
La Rusia asiática la integran además muchas repúblicas de religión musulmana como las del Cáucaso Norte y otras en la zona del Volga y los Urales, que pueden ser terreno abonado para la agitación contra el poder central de Moscú.
Esa misma estrategia de “divide y vencerás” es la que han utilizado Estados Unidos y su principal aliado en Oriente Medio, Israel, para deshacerse, uno tras otro, de gobiernos que se resistían a su proyecto hegemónico como el Irak de Sadam Husein, la Libia del coronel Gadafi, o, con ayuda de un yihadista reciclado, la Siria de Bashar al-Ásad.
En lugar de traer estabilidad, las intervenciones ilegales de Washington sólo han provocado división y caos en todos esos países con graves problemas inmigratorios como consecuencia además para Europa.
El único peón importante que le queda por derribar al gobierno de Benjamín Netanyhu para culminar su proyecto expansionista del Gran Israel es el Irán de los ayatolas.
Es sin duda el hueso más duro de roer, pero no parece que Netanyahu, el lobby israelí y los halcones que rodean al presidente Donald Trump vayan a darse por satisfechos con el bombardeo de las tres instalaciones nucleares iraníes.
Su objetivo, que nunca han ocultado, es el cambio de régimen en Teherán. Ni Israel ni Estados Unidos toleran que algún otro país de la región acabe con el monopolio nuclear militar que tiene allí el Estado sionista.
Con ayuda de sus hábiles espías, Israel seguirá tratando de fomentar el descontento de sectores de la población iraní, en especial entre las minorías étnicas como la kurda, la baluchi, la azerí, la árabe o la turcomana.
¿Lo logrará? Los ataques de Israel y EEUU, en flagrante desafío del derecho internacional, sólo conseguirán el endurecimiento del régimen de los ayatolas y la unión, al menos en el primer momento, de los ciudadanos en torno a la bandera.