Jeffrey Epstein, un personaje tóxico después de muerto - por Joaquín Rábago
Jeffrey Epstein, un personaje tóxico después de muerto
Joaquín Rábago
El depredador sexual y magnate financiero estadounidense de origen judío Jeffrey Epstein se ha convertido en un personaje tóxico después de aparecer muerto el 10 de agosto de 2019 en una cárcel neoyorquina.
Suicidio o, según algunos, asesinato, porque Epstein, que trabajó posiblemente para los servicios secretos israelíes y sabía demasiado sobre los dirigentes políticos que aprovecharon su siempre bien surtido harén de menores, se había convertido en un peligro por todo lo que sabía y podría revelar un día.
Su última víctima es Peter Mandelson, personaje clave desde hace décadas en la política británica, destituido como embajador en Washington después de que se descubriesen sus estrechas relaciones con el delincuente sexual.
Mandelson, enemigo íntimo del líder de la izquierda laborista Jeremy Corbyn, fue determinante tanto en la elección de su correligionario Tony Blair al número10 de Downing Street como después, en la de Keir Starmer.
Starmer debía de estarle tan agradecido que incluso trató de defenderle y mantenerle en su puesto diplomático tras estallar ese último escándalo, que debilita aún más al Primer Ministro, acosado por los crecientes problemas del país.
Su principal sostén en este momento dentro del Partido Laborista es su jefe de gabinete, el irlandés Morgan McSweeney, que dirigió su última campaña electoral y fue quien más insistió en que Starmer nombrara a Mandelson embajador ante la Casa Blanca.
La resistencia hasta el último momento, aconsejado por McSweeney, a despedir a Mandelson hace dudar del instinto político de un jefe de Gobierno cada vez más impopular entre los ciudadanos, incluidos los votantes laboristas, y que parece más interesado en cómo hacer frente a Rusia en Ucrania que en lo que sucede en casa.
El escándalo en torno a Mandelson no hará sino aumentar la presión sobre Starmer dentro del propio Partido Laborista para que se desprenda de su poderoso jefe de gabinete, lo cual podría acelerar al mismo tiempo su propia caída.
Mientras tanto no parecen prosperar los esfuerzos de quienes buscan en EEUU que se haga la luz sobre el caso Epstein, en el que están implicados legisladores de ambos partidos- demócratas y republicanos- así como políticos y poderosos empresarios, incluso miembros de la realeza, a los que ayudó a satisfacer sus apetitos sexuales con menores.
Según algunos, agente del Mossad, secreto que se llevó a la tumba, Epstein fundó una empresa de gestión financiera con la cual atrajo a clientes multimillonarios y que le permitió amasar una fortuna considerable y construir una red de relaciones de enorme influencia política así como social.
Sus contactos incluían al príncipe Andrés de Inglaterra además de a personajes como los presidentes de EEUU Bill Clinton y Donald Trump, el magnate de los medios británico, también judío y agente del Mossad, Rupert Murdoch, el primer ministro británico Tony Blair y el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman.
Epstein instaló cámaras ocultas en sus numerosas propiedades, que incluían una isla privada en el Caribe y una lujosa mansión en Manhattan, para grabar la actividad sexual de sus invitados con menores de edad y poder luego chantajearlos.