El judaísmo como religión nada tiene que ver con el sionismo político - por Joaquín Rábago
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El judaísmo como religión nada tiene que ver con el sionismo político
Joaquín Rábago
El judaísmo como religión nada tiene que ver con el sionismo, que es sólo un movimiento político, y confundirlos como hacen el Gobierno israelí y el poderoso lobby estadounidense, es una peligrosa provocación.
SE PUEDE SER JUDÍO Y ANTISIONISTA, DE HECHO, MUCHOS LOS SON
El judaísmo es una fe con miles de años de antigüedad, tiene carácter universal mientras que el sionismo es un movimiento basado en la idea de reunir a todos los judíos del mundo en Palestina, explica el historiador canadiense y judío practicante Yakob Rabkin.
El sionismo político no se originó entre los propios judíos, sino entre los cristianos protestantes de los países anglófonos y atrajo incluso a un sabio como Isaac Newton, aunque se desarrolló sobre todo a partir de finales del siglo XIX.
Algunos judíos que sabían poco de su religión, según Rabkin, aceptaron esa idea y celebraron el primer congreso sionista en Basilea en agosto de 1897.
Si se celebró en esa ciudad suiza, que tenia sólo una pequeña comunidad judía, y no en Múnich, donde vivían muchos más, es solo porque los propios judíos alemanes pidieron al Gobierno que lo prohibiera por no estar de acuerdo con sus objetivos.
Incluso cuando el ministro de Asuntos Exteriores británico Arthur Balfour anunció en 1917 su apoyo al establecimiento en Palestina de un “hogar nacional” para el pueblo judío, el único judío del gabinete, Edwin Montagu, protestó vivamente porque imponer una “identidad nacional” a los judíos era, según él, “antisemita”.
Montagu negó que existiera una “nacionalidad judía”, pues el judaísmo era solo una religión, y advirtió de que lo que proponía Balfour pondría en peligro a todos los judíos del mundo porque podrían verse amenazados de expulsión. Y al mismo tiempo se desplazaría a los musulmanes y cristianos que vivían en Palestina para dejar sitio a los judíos.
EL IMPERIO BRITÁNICO ACEPTA LA CREACIÓN DE UN "HOGAR NACIONAL JUDIO"
La idea de reunir a todos los judíos del mundo en Tierra Santa fue promovida en buena medida por los sionistas cristianos, que creían que así iba a acelerarse la segunda venida de Cristo, que marcaría el final de los tiempos.
Es una idea que profesa, por ejemplo, el embajador de EEUU en Israel, el republicano Mike Huckabee, ministro bautista, que defiende el derecho del Estado sionista a ocupar todas las tierras desde el Nilo hasta el Éufrates, como prometió Jehová a Abraham, según la Biblia.
Según la Fundación para la Libertad Religiosa en el Ejército, varios cientos de soldados estadounidenses se han quejado de que sus jefes presentasen la actual guerra de Oriente Medio en defensa de Israel como conducente al Armagedón, es decir a la batalla final entre Dios y las fuerzas del mal.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirma que todos los judíos del mundo tienen la obligación de apoyar a Israel, algo que comparte el propio presidente de EEUU, Donald Trump, sobornado como está por el poderoso lobby israelí de su país.
El Gobierno israelí y los sionistas de todo el mundo acusan de “antisemitismo” a cuantos critican la política genocida de Israel cuando “antisemita” es sólo quien rechaza a los judíos únicamente por su condición de judíos.
El sionismo, explica el historiador Rabkin, representa una ruptura radical con el judaísmo tradicional, que, como las otras religiones monoteístas, el cristianismo o el islam, sólo exige seguir los mandamientos.
Por el contrario, el sionismo se propuso transformar la idea religiosa en una identidad nacional bajo la inspiración de los nacionalismos étnicos centroeuropeos de finales del siglo XIX.
Fue entonces cuando el periodista austrohúngaro Theodor Herzl, bajo el impacto del escándalo Dreyfus en Francia, desarrolló la idea de que el pueblo judío debía crear su propio Estado.
Todos los fundadores del sionismo moderno procedían, como Herzl y sus amigos, de Europa central, pero los primeros colonos que fueron a Palestina a principios del siglo XX salieron del imperio ruso, en el que coexistían numerosas minorías étnicas como ucranianos, polacos, bielorrusos o lituanos.
Muchos de esos pueblos tenían una identidad nacional y lucharon por independizarse del imperio zarista. Y los primeros sionistas modelaron su propia identidad siguiendo el mismo patrón.
Ocurría por otro lado que a los judíos que vivían en las tierras del zar y que no eran en muchos casos religiosos, es decir que no observaban los mandamientos, no se les permitía salir de sus aldeas para ir a vivir a una ciudad, salvo que se tratara de comerciantes ricos, de médicos o de otros profesionales.
A diferencia de un judío francés, que sí podía irse a vivir, por ejemplo, a París, casarse con una cristiana e incluso cambiarse de nombre, los judíos que hablaban sólo yiddish y vivían en las “shtetl” de la Europa oriental estaban condenados a no moverse de allí.
Y como explica el profesor Rabkin, aquellos judíos “conceptualizaron su identidad judía como una identidad nacional”, siguiendo el ejemplo de los nacionalistas polacos o ucranianos, entre otros.
Llegados a Palestina, aquellos pioneros sionistas comenzaron a hablar de una nueva identidad “hebrea” para distinguirla de la judía, que habían dejado atrás.
Como muchos movimientos revolucionarios, querían ser una vanguardia y quienes se oponían a ella eran vistos como enemigos del pueblo judío.
Muchos habían participado en la revolución rusa y algunos, incluso en asesinatos de autoridades del imperio zarista.
El nuevo “hebreo” debía ser “fuerte, musculoso, valiente, intrépido”, es decir todo lo contrario de lo que había sido el judío tradicional centroeuropeo.
“El sionismo, afirma Rabkin, tiene mucho de autoodio”. “Quiere cambiarte, transformarte en otra cosa porque odia lo que eres, y esa dimensión es muy importante en el sionismo político”.
Esos nuevos hebreos lucharon con fuerza contra su lengua materna, el “yiddish”, que hablaba entonces la mayoría de los que llegaron como colonos a Palestina.
El “yiddish” no es pese a todo una lengua muerta, sino que la hablan los judíos religiosos en todo el mundo. En Montreal, por ejemplo, viven unos 30.000 jasídicos (ultraortodoxos) que la utilizan habitualmente.
Rabkin dice haber visitado Irán, el país atacado ahora por Israel y EEUU, donde hay una comunidad judía que vive allí desde hace más de dos mil años, y le sorprendió no ver a policías vigilando las sinagogas, a diferencia de lo que ocurre en tantos países europeos.