“Lasciate ogni speranza” - por Joaquín Rábago

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“Lasciate ogni speranza”

Joaquín Rábago

“Lasciate ogne speranza, voi ch´intrate”,  escribe,  en célebre verso,  el autor florentino de la Divina Commedia,  Dante Alighieri, a modo de advertencia a quienes traspasan las puerta del averno.

“Abandonad toda esperanza” parece decir hoy también el historiador estadounidense Norman Finkelstein, él mismo hijo de judíos polacos supervivientes del Holocausto, a quienes todavía sueñan con algún futuro para los palestinos en la franja de Gaza.

NORMAN FINKELSTEIN

El autor de “La Industria del Holocausto”, libro de clara y radical denuncia de la explotación por la comunidad judía de EEUU del sufrimiento de las víctimas de la Shoah, no oculta su radical pesimismo, en conversación con el podcast británico Novara Media.

La brutal reacción de Israel a los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 no fue, según él, fruto de la repentina indignación de un Estado herido en su orgullo, sino la culminación de un proyecto que data desde su misma fundación consistente en liberar ese territorio de su población palestina.

Aquellos atentados fueron “horribles”, reconoce Finkelstein, quien se niega, sin embargo, a condenarlos porque sus jóvene sejecutores no tenían otra alternativa sino la de  “vivir y morir como esclavos”.

Hamás lo había intentado, según él, todo. Es una organización  integrista desde el punto de vista religioso, pero al mismo tiempo práctica, responsable, honrada y caritativa, y por eso resultó elegida por los palestinos en 2006, explica Finkelstein.

Lo intentó después todo, buscó apoyo legal, practicó la resistencia civil pacífica como la Gran Marcha del Retorno, en marzo de 2018, en la que participaron decenas de miles de palestinos frente a la frontera israelí con la franja de Gaza.

Agotaron, afirma el historiador, todas las posibilidades de encontrar una solución del conflicto que al menos levantara el brutal bloqueo. No sirvió de nada. 

Israel quiere que desaparezcan sin que le importe cómo. Trata de vaciar la franja de Gaza. Y quienes la abandonan y buscan refugio en Occidente “seguirán mostrando lealtad a la causa palestina, pero habrán emprendido unueva vida y no estarán ya dispuestos a hacer sacrificios”, reconoce Finkelstein.

Según el historiador, tras destruir la Franja con sus bombardeos criminales, Israel utilizó la llamada Fundación Humanitaria de Gaza para su objetivo de “limpieza étnica” de los palestinos.

La Fundación montó tres puestos de distribución de alimentos, uno en el centro y los otros dos cerca de la frontera con Egipto para llevar allí a la población superviviente con la esperanza de que muchos trataran de escaparan de esa ratonera y cruzaran al país vecino, pero El Cairo se negó a admitirlos.

Israel ha pasado dos años, dice Finkelstein, “pulverizando la franja de Gaza y no va a reconstruirla mientras los palestinos sigan allí. Eso no va a ocurrir. Así que la única alternativa que les queda es ir a alguna parte: “o morir de hambre o marcharse”, como amenaza el Gobierno israelí.

Finkelstein se muestra especialmente duro con los ciudadanos israelíes porque “no sienten la menor vergüenza” ante el genocidio. “Quienes se oponen por principio a lo que está haciendo el Gobierno caben en esta pequeña habitación”, le dice al entrevistador.

Las continuas manifestaciones contra el primer ministro,  Benjamín Netanyahu,  que hubo en Israel sólo buscaban la liberación de los rehenes en manos de Hamás, y una vez conseguido eso, todos aprobaron lo que hacía el Gobierno.

Para la inmensa mayoría de los israelíes, “los palestinos son “alimañas”, “untermenschen” (infrahumanos), “basura”, y no exagero, dice Finkelstein. No sienten remordimiento alguno, no creen cometer ningún crimen”.

Es peor incluso que lo sucedido bajo el nazismo, critica el historiador estadounidense, quien recuerda los famosos discursos que pronunció en 1943 en la localidad polaca de Posen el jefe de las SS, Heinrich Himmler,.

Éste se refirió en ellos al proyecto de eliminación de los judíos como una pesada carga que por desgracia la historia había hecho recaer sobre los hombros de los pobres alemanes. 

“No quiero demonizar a los israelíes, me atengo a los hechos”, explica Netanyahu, quien recuerda la referencia de Netanyahu a Amalec, la nación descrita en la Biblia como enemiga acérrima de los judíos y a la que había que exterminar,  como quiere hacer hoy el Estado sionista con los palestinos. 

Abandonad, pues, toda esperanza, es la amarga conclusión de un hombre que dice “no querer reconciliarse con este mundo”, ni el del Holocausto de sus antepasados, ni el del actual genocidio israelí.

JOAQUÍN RÁBAGO