Nos sepulta cada vez más la basura de internet - por Joaquín Rábago

Nos sepulta cada vez más la basura de internet

Por Joaquín Rábago

Cada vez nos vemos más sepultados por toda la basura que llega a través de internet a  la pantalla de nuestro ordenador o nuestro teléfono móvil.

Estamos escribiendo un texto en la última versión de Windows, por la que hemos pagado un canon a la empresa propietaria de ese sistema operativo y de modo inesperado aparece allí un mosaico de titulares de noticias que no buscábamos y de publicidad que no nos interesa, pero  que nos impide continuar normalmente.

PUBLICIDAD EN WINDOWS

Soltamos un juramento contra quien diseñó ese programa, y esperamos pacientemente a ver si desaparece y podemos seguir escribiendo, que es lo único que en ese momento nos interesa.

O bien ocurre que tratamos de sacar un billete de Renfe por internet en la página oficial de la compañía y saltan a la pantalla las más variopintas ofertas relacionadas con ese u otros viajes, que sólo consiguen ponernos de mal humor y dificultar nuestra búsqueda.

¿Qué está pasando aquí? El activista canadiense por los derechos digitales Cory Doctorow habla de “mierdificación”  de internet en un artículo reproducido el pasado fin de semana por el diario El País y que corresponde al título de su libro publicado en castellano con ese mismo título por la editorial “Capitán Swing”.

CORY DOCTOROW

Y describe así Doctorow ese proceso de degradación de las plataformas digitales: “Al principio se portan bien con los usuarios, al tiempo que buscan la forma de fidelizarlos” y una vez conseguido eso,  “los espían, los manipulan, los bombardean con anuncios”.

Ese valor que como usuarios atrapados en una plataforma proporcionamos a la empresa, “se transfiere a los directivos y a los accionistas” y aquélla “se convierte en un montón de mierda”.

Como dice un amigo profesor de Clásicas en la Complutense a quien le envié el texto de Doctorow, “nos dejamos dar por saco con vaselina”. A lo que añade: “la maldad de los tecnooligarcas es sólo comparable a la estupidez de los euroburócratas”.

Se refería mi amigo a otro fenómeno que el activista canadiense denunciaba en su texto: la aprobación por la UE de la Directiva sobre Derechos de Autor, que en su artículo 6 prohíbe “la ingeniería inversa y la modificación de productos digitales”.

Doctorow lo explicaba así: “Si HP nos vende una impresora con un software que nos obliga a pagar la tinta a 2.250 euros por litro, es ilegal cambiar ese programa para utilizar una tinta genérica que no cuesta más que 0.10 euros por litro”.

Aunque la impresora pertenece a quien la compró y “no hay ley que diga que el fabricante puede obligarle a utilizar su tinta, como Bruselas ha dicho que modificar la máquina es un delito, estamos atrapados en la cárcel de la mierdificación”.

Ese mismo artículo de la directiva de Bruselas establece también, critica Doctorow, que “ningún europeo puede crear un bloqueador de privacidad para Facebook e Instagram que suprima los anuncios y evite que Meta saquee ilegalmente nuestros datos” y haga negocio con ellos.

Como denuncia el activista canadiense, esa directiva “es también el motivo por el que no podemos impedir que Google nos espíe, ni sacar nuestros datos de la nube de Microsoft y trasladarlos a un servicio europeo”.

Mientras tanto, Trump sabe que sus empresas tecnológicas “nos tiene atrapados y las utiliza para sus objetivos geopolíticos”, cerrando, por ejemplo, el paso al Tribunal Penal Internacional en represalia por su denuncia como genocida del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Y es que como dice en una entrevista que aparece en la misma edición del periódico la escritora y activista india Arundhati Roy, lo único que “en cierto modo es coherente hoy en día es el capitalismo”. Esperemos, como añade la autora de “El dios de las pequeñas cosas”, que en esa coherencia esté la semilla de su destrucción.

ARUNDHATI ROY
JOAQUÍN RÁBAGO