El objetivo es un “cambio de régimen” en Irán - por Joaquín Rábago
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IRÁN:
El objetivo es un “cambio de régimen”
Joaquín Rábago
“Tratan de derribarnos”, afirmó el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, antes de que volvieran a entrar en vigor las sanciones contra su país previstas en el que llaman en inglés “mecanismo de snapback”.
Incorporado a la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU, ese mecanismo permite la reimposición automática de sanciones internacionales en caso de grave incumplimiento por Teherán de sus obligaciones para con el Organismo Internacional de la Energía (Atómica).
Los tres mosqueteros de la geopolítica europea – los gobiernos del Reino Unido, Alemania y Francia- primero amenazaron y luego cumplieron su amenaza tras acusar a Teherán de esquivar sus obligaciones.
Las durísimas sanciones económicas contra ese país dificultan extraordinariamente la vida de los ciudadanos y buscan que éstos no vean un día otra salida que levantarse un día desesperados contra el Gobierno.
Para agravar la actual situación, la falta de agua da lugar a frecuentes recortes del suministro de electricidad, mientras aumenta también el desempleo en el país, con lo que algunos tienen la esperanza de que se produzca también allí una de esas llamadas “revoluciones de colores” que buscan derribar gobiernos y sustituirlos por otros favorables a los intereses de Occidente.
Eliminado con ayuda de Estados Unidos e Israel el “régimen” del presidente sirio Bashar al-Ásad, reemplazado por otro liderado por un yihadista supuestamente reconvertido, el Estado judío sólo tiene un obstáculo serio para su objetivo de dominación de Oriente Medio: el Irán de los ayatolas.
En 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, EEUU se retiró unilateralmente el acuerdo firmado por varias potencias internacionales con Teherán para limitar su programa nuclear con el pretexto de que estaba muy mal negociado y que, aunque Irán lo cumpliese, no le impediría hacerse con el arma atómica.
Desde entonces, sobre todo EEUU, animado por su aliado Israel, no ha cesado en su empeño en conseguir la decapitación del Gobierno iraní.
El último intento de ambos países fue el ataque que ambos llevaron a cabo contra Irán, tras el cual Trump aseguró haber destruido tres de sus instalaciones nucleares.
En lugar de acusar a Trump y al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, por ese ataque que violaba una vez más el derecho internacional, los gobiernos europeos culparon a la víctima del agravamiento de las tensiones.
Sucede como con las supuestas armas químicas sirias, que el gobierno de al-Ásad, eliminó en 2014, pese a lo cual Occidente siguió acusando a Damasco de no haberse deshecho de ellas para, a base de sanciones, provocar allí el buscado cambio de régimen.
Teherán acusa al Organismo Internacional de la Energía Atómica y a su director general, el argentino Rafael Grossi, de parcialidad en sus informes sobre la marcha de su programa nuclear.
Y desconfía de las intenciones reales de Occidente. La última noticia es que Irán ha trasladado a un complejo subterráneo bajo la cadena montañosa de Zagros un centro de producción de centrifugadoras de uranio, que no quedó dañado en el bombardeo por Estados Unidos de las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán.
Ni Israel ni los EEUU de Donald Trump estarán tranquilos hasta lograr su objetivo de decapitar al “régimen” de Teherán. Pero, como reconocen los propios medios sionistas, Irán está hoy mucho más fuerte y la guerra que se anuncia será “muy distinta de la anterior”.