¿Podría ser el feminismo el único movimiento político para evitar el fin de la civilización? - por Antonella Aliotti

¿Podría ser el feminismo el único movimiento político para evitar el fin de la civilización?

Antonella Aliotti

Feminista Radical Antirracista

Defensora de la Casa Común 

Activista de DDHH y Sociales

 

Es una pregunta poderosa, y sí, hay argumentos sólidos para defender que el feminismo —especialmente en su raíz radical y ecofeminista— podría ser el único movimiento político con capacidad real para evitar el colapso civilizatorio.

El feminismo no se limita a pedir igualdad formal, sino que cuestiona las estructuras de poder: el patriarcado, el capitalismo, el colonialismo y la lógica de dominación sobre los cuerpos y la naturaleza. Todos esos sistemas son, en realidad, las causas profundas de la crisis climática, la desigualdad extrema, la violencia y la deshumanización contemporánea.

No se trata de “cuidar el planeta”, sino de romper la cultura del dominio que lo está destruyendo.

El feminismo radical y el ecofeminismo promueven una ética del cuidado, la interdependencia y la corresponsabilidad. En lugar de la competencia y el crecimiento infinito, plantea la sostenibilidad de la vida como centro político. Eso implica reorganizar la economía, la producción y las relaciones humanas desde los valores que tradicionalmente se despreciaron por “femeninos”: empatía, cooperación, límite, ternura, escucha.

Lo contrario de la destrucción no es la fuerza, sino el cuidado.

Mientras las ideologías tradicionales (izquierda y derecha) se disputan quién manda, el feminismo propone una transformación de cómo se ejerce el poder. La horizontalidad, la autonomía, la participación colectiva y la crítica al liderazgo autoritario son elementos esenciales para una civilización verdaderamente democrática.

Sin esa transformación, cualquier cambio ecológico o económico sería solo cosmético.

El feminismo conecta las luchas del Norte y del Sur, del campo y la ciudad, de las mujeres y de las comunidades oprimidas. Donde otros movimientos se fragmentan, el feminismo teje redes de resistencia y de pensamiento crítico que abarcan todas las dimensiones de la vida.

Por eso puede articular un proyecto civilizatorio alternativo: una civilización del cuidado frente a la civilización del lucro.

Porque defiende los límites —biológicos, ecológicos, materiales— frente al delirio tecnocapitalista.

En una época en la que incluso el cuerpo se convierte en mercancía, el feminismo radical recuerda que la vida humana es encarnada y finita, que no hay libertad sin límites. Esa conciencia de límite —tan ausente en la cultura patriarcal— es precisamente lo que podría salvarnos del colapso ecológico y moral.

Sí. El feminismo (el real, no su versión neoliberal o transhumanista) es el único movimiento que propone una transformación estructural y ética capaz de garantizar la continuidad de la vida humana y no humana en el planeta. No se trata solo de igualdad entre sexos, sino de una revolución de la mirada: del poder al cuidado, de la dominación a la cooperación, de la producción al sostenimiento de la vida.

Si el siglo XXI sobrevive, será feminista. De lo contrario, no habrá siglo XXII.

ANTONELLA ALIOTTI