Hay que enviar a un equipo de loqueros a la Casa Blanca - por Joaquín Rábago
Hay que enviar a un equipo de loqueros a la Casa Blanca
Joaquín Rábago
Sí, hay que enviar cuanto antes a un equipo de loqueros a la Casa Blanca para que saque allí con una camisa de fuerza si es necesario a su ocupante antes de que nos vuelva a todos locos.
Apenas parecía haber superado Europa, no se sabe por cierto aún cómo, su conflicto con Donald Trump a propósito de la soberanía de ese “trozo de hielo” que es, según él, Groenlandia, cuando el republicano inicia uno nuevo, esta vez con Canadá.
Lo de menos es que en su red social conocida con lenguaje orwelliano como Truth (Verdad), Trump anunciase haber retirado al país vecino la invitación para que formase parte de su Junta de Paz para Gaza por oponerse a la Cúpula de Oro que quiere construir en Groenlandia aunque, según él, protegería también a Canadá.
Es más que dudoso en cualquier caso que el primer ministro de ese país, Mark Carney, fuese a aceptar la invitación a un organismo más bien privado, presidido con carácter vitalicio por Trump, integrado por multimillonarios amigos, sionistas, dictadores y criminales de guerra, y del que se sospecha que tratará de suplantar a la ONU no sólo en Gaza sino en otros conflictos.
Sobre todo después del discurso que pronunció Carney esta semana en el Foro Económico de Davos, en el que habló de la ruptura del orden mundial y el comienzo de una “realidad brutal donde la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a limitaciones”.
Y a lo que opuso la capacidad que tienen las potencias medias como Canadá para construir, como dijo, un orden nuevo que encarne “nuestros valores”.
No sé si Trump habrá tomado nota de ese discurso, que era un clarísimo ataque a su forma despótica y brutal de tratar a otros países, pero lo que sí parece haberle enojado es el reciente viaje de Carney a Pekín para inaugurar una nueva etapa de relaciones comerciales bilaterales, ventajosa para ambas naciones.
Así, como reacción, este sábado Trump volvió a lo que más le gusta, sus amenazas a otros países con aranceles, y amagó a Carney con imponer a su país aranceles del 100 por ciento si profundiza sus relaciones con Pekín, como ya ha anunciado.
El presidente se dirigió a Carney como “gobernador”: Carney ha sido, es cierto, gobernador tanto del Banco de Inglaterra como del de Canadá, pero Trump quería darle un trato despectivo como si fuese el gobernador de un Estado más de la Unión.
Y le dijo que si pretende convertir a su país en puerto de entrada de los productos y servicios chinos “está muy equivocado” porque China se va a “comer” a Canadá con patatas en menos de un año.
Ayer, Groenlandia, ahora Canadá. Trump no descansa. ¿Quién será el próximo?