Viktor Orbán califica de “error” las sanciones de Trump contra Rusia - por Joaquín Rábago
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Viktor Orbán califica de “error” las sanciones de Trump contra Rusia
Joaquín Rábago
Uno puede pensar lo que quiera de la política interior de Viktor Orbán, que muchos en Bruselas condenan por no respetar la separación de poderes, pero no puede negarse que el húngaro es el único dirigente europeo con cierto margen de autonomía en política exterior.
Y capaz por tanto de criticar como ha hecho las sanciones que el presidente de EEUU, Donald Trump, ha anunciado contra las dos principales compañías petroleras rusas, con las que el resto de los gobiernos europeos, salvo el eslovaco, no sólo están de acuerdo, sino que además alientan.
Orbán, político que simpatiza claramente con Trump mientras propugna el entendimiento diplomático con Vladimir Putin, ha anunciado su intención de viajar a Washington para decirle al republicano lo que piensa de sus sanciones.
Hungría, país sin costas, sigue siendo muy dependiente de la energía barata rusa que le llega por el oleoducto Druzhba (Amistad) y la renuncia a ella, como le exigen no sólo Bruselas sino ahora también Washington, supondría un duro golpe para su industria y sus hogares.
Pero como si estuviese tratando con un país de su patio trasero en lugar de con países europeos, el embajador de EEUU ante la OTAN, Matthew Whitaker, conminó no sólo a Hungría, sino a Eslovaquia y también a Turquía, a reducir su actual dependencia de la energía rusa.
El diplomático criticó a esos países por no haber tomado hasta ahora medidas para evitar tal dependencia y dijo en plan paternalista que Washington trabajará con los países vecinos como Croacia para facilitar el “destete”, como lo llamó.
Hay que preguntarse qué faculta al embajador de Estados Unidos ante la Alianza Atlántica a criticar a un gobierno de la UE por defender la política energética que considera menos lesiva para su economía.
Pero así están las cosas en una Europa cada vez más beligerante con Rusia y al parecer dispuesta a profundizar su propio suicidio económico con tal de castigar al país que considera principal enemigo.
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, el presidente Donald Trump reaccionaba a su manera acostumbrada al anuncio del Kremlin de que Rusia había desarrollado un nuevo misil capaz de un recorrido de más de 14.000 kilómetros y prácticamente imparable.
EEUU tiene “los mayores submarinos del mundo y uno está situado justo frente a las costas rusas”, se jactó en tono amenazante el republicano, quien añadió que Putin debía preocuparse de poner fin a la guerra “que él mismo desencadenó en lugar de probar misiles”.