Xi Jinping le recuerda a Trump la “trampa de Tucídides” - por Joaquín Rábago

Xi Jinping le recuerda a Trump la “trampa de Tucídides”

Joaquín Rábago

Apenas tardó Xi Jinping en recordarle, a modo de advertencia, al visitante del otro lado del Pacífico la llamada “trampa de Tucídides”, algo que debió de sonar a chino, nunca mejor dicho, al presidente de EEUU.

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El dirigente comunista asiático se refería así a la tesis expuesta en un artículo publicado en 2015 con ese título por el politólogo estadounidense Graham T. Alison sobre el riesgo de guerra que supone un país temeroso de perder la hegemonía de la que hasta ese momento disfrutaba.

GRAHAM ALLISON

Alison ponía el ejemplo de lo ocurrido en las guerras del Peloponeso, en la antigua Grecia, cuando, como cuenta el historiador Tucídides, Atenas desafió a Esparta, aunque se refería concretamente al potencial de conflicto entre Estados Unidos y China.

A juzgar por lo que se sabe hasta ahora, sobre todo,  dado el relativo silencio de un presidente que cuenta en otros casos con insoportable verborrea sus supuestos triunfos en política exterior, la segunda visita oficial de Trump a China debió de ser más bien decepcionante.

Resulta significativo que el propio Xi no acudiese al aeropuerto de Pekín a recibirle, como ha hecho en cambio en otras ocasiones con el ruso Vladimir Putin o incluso con el norcoreano, Kim Jong-un, y lo es también que el mayor diario chino en lengua inglesa no dedicase su portada a Trump sino a otro visitante, el presidente de Tayikistán.

Con su anfitrión, Xi, como cicerone, el Donald tuvo la ocasión, eso sí,  de admirar la belleza de las maravillas arquitectónicas del imperio chino- el Templo del Cielo y el complejo de palacios de Zhongnanhai- pero no mucho más.

TRUMP XI

Trump había llegado a Pekìn con la pretensión de convencer a su homólogo chino de que presionara a Teherán para que pusiese fin al bloqueo  del estrecho de Ormuz, que perjudica al mundo entero, pero los iraníes se le adelantaron astutamente,  dejando pasar por esas aguas varios petroleros chinos.

Acompañado de algunos de los más importantes empresarios de los sectores tecnológico y aeronáutico, como Tesla, Apple, Boeing o GE Airspace, el Presidente confiaba también en poder anunciarles a sus compatriotas al final de su visita que se habían grandes negocios con ese  país de más de 1.400 millones de habitantes.

El gigante aeronáutico Boeing aspiraba a  venderles a los chinos hasta 200 de sus aviones; la General Electric, por su parte, 450 motores, mientras que el director ejecutivo de Nvidia confiaba en que se desbloquease la venta a China de sus procesadores. Poco o nada de eso se concretó durante la visita.

Los chinos saben que tiene la sartén por el mango, pues las empresas tecnológicas y del sector armamentista de EEUU necesitan sus tierras raras, como el disprosio o el terbio. El país asiático controla el 70 por ciento de la extracción de esos elementos, el 75 por ciento del  refinado  y hasta el 90 por ciento de los imanes permanentes.

En cuanto a la política exterior, y sobre todo en lo referente al tema más delicado, los estrechos vínculos de EEUU con Taiwán, que Pekín considera parte de su territorio nacional, vale también la referencia que hizo Xi en su discurso de bienvenida a la trampa de Tucídides sobre el potencial de conflicto militar.

Durante el vuelo de regreso a Washington, el Presidente les dijo a los periodistas que le acompañaban que no había decidido aún si seguir adelante con el proyecto de su Gobierno de venderle a la isla independentista armamento por valor de más de 14.000 millones de dólares. Pronto lo sabremos.

 

JOAQUÍN RÁBAGO