Tres casos de represión en Canarias

Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado.
Que me entierren en ella,
donde mi libertad dé sus rumores
a todos los que pisen sus orillas.
Cuando murió el dictador, alguna gente ingenua pensamos que las islas iniciaciaban su andadura hacia el sueño que Pedro García Cabrera poemara en 1949.
Pero ahora, tantos años después, comprobamos que vamos como los cangrejos, retornamos a la noche franquista. Jesús Giráldez Macía nos hace en CANARIAS SEMANAL un desesperante relato de tres casos en que la mordaza se le pone con crueldad a las mujeres y los hombres que osan levantar su voz contra la injusticia. Son tres casos nada más. los más sonados y recientes de los muchos que están ocurriendo ante nuestra pasividad. Sindicalistas, estudiantes, medios de comunicación. Aquí no se escapa nadie.

En LA PEJIGUERA, Jesús Giráldez publica un texto oportuno, ahora que alguien va a celebrar (?) el Día e Canarias
"Tiemble, después de haber reído". Recordaba yo el título de la inefable sección de LA CODORNIZ, años ha, cuando leía este artículo que publica Jesús Giráldez en SOMOS NADIE y en su LA PEJIGUERA. Porque la anécdota que cuenta sobre unas esperpénticas oposiciones majoreras a bombero es para descuajeringarse de la risa. Pero después, cuando uno toma conciencia de que esto es una prueba más de la descomposición de esta sociedad, se estremece de miedo



No sé ni cuantas veces lo habré repetido. Más asombroso que el impune descaro de la gente de Paulino es la capacidad de aguante -fruto de la ignorancia, claro- del pueblo canario. El saqueo incontenido del dinero colectivo de la manera más despreciable. Se embolsan el dinero directamente, con unos sueldos descomunales o indirectamente, participando, por arriba o por debajo de la mesa, en los negocios que depredan nuestro territorio, nuestro ambiente, nuestro futuro, nuestra dignidad. Jesús Giráldez, en CANARIAS SEMANAL se refiere a un político. Es decir, a una persona que, como ciudadano, no tiene la carga de la prueba, no tiene porqué demostrar la falsedad de la denuncia. Pero como político, Domingo Berriel sí está obligado a demostrar, punto por coma, que lo que dice Giráldez no es verdad. Y, si no lo hace, debe dimitir. Y la fiscalía y los tribunales deberían tomar cartas en este asunto.