
Ambas fuezas políticas pretenden que el Gobierno lagunero renuncie a aplicar los mecanismos excepcionales de modificación del planeamiento sin consenso y sin garantías ambientales, previstos en el Proyecto de Ley Canaria del suelo.

No cesa la brega de la Plataforma Canarias por un territorio sostenible, en defensa de los derechos de la #tierracanaria a la defensa de sus intereses populares. Esta vez se han ido hasta Madrid a contar su denuncia ante Europa de la Ley de la Islas Verdes. Esa Ley, con la que el genuflexo Clavijo, la toleta de González Taño y su horda desaprensiva pretenden repetir en La Palma, La Gomera y El Hierro, el mismo fracaso que ha condenado a la ruina social a las islas que han optado por el turismo del siglo pasado, en lugar de aprovechar las condiciones para rentabilizar el turismo del siglo XXI, el turismo responsable, respetuoso con el territorio y el ambiente y que aprecia los valores locales. Canarias tiene quien la defienda.
James Surowiecki: "los grandes colectivos son más inteligentes que la minoría selecta, por brillante que ésta sea, cuando se trata de resolver problemas, promover la innovación, alcanzar decisiones prudentes, e incluso prever el futuro".
Ya saben que si Thomas Piketty necesitaba de un respaldo teórico, se le acaba de dar Aznar y FAES oponíendose a sus teorías. Si esta banda cuatrera dice algo, hay que agarrar el camino opuesto. Pero no es solamente por ello que resulta interesante la recomendación de Francisco Morote, de ATTAC Canarias, de las declaraciones de Piketty que sirve EFE y difunde PÚBLICO.
La organización política anuncia un principio de acuerdo con los nacionalistas que mañana podría quedar cerrado en lo programático
Josep Toló recomienda este claro artículo de Javier Caraballo en EL CONFIDENCIAL, que insiste sobre la realidad de la carencia democrática de este sistema electoral. Algo remarcable en el estado, pero que en Canarias alcanza niveles esperpénticos.
El preacuerdo deberá ser ratificado por la asamblea de los trabajadores.
ECO REPUBLICANO reproduce este texto de Alfredo Álamo publicado en LECTURALIA, sobre la nueva andanada ultraliberal pepera contra la cultura popular. Se trata, en la línea de esta banda detestable, de acogotar las bibliotecas, reservando la lectura de libros para quienes puedan comprarlos, es decir, pagar por ellos.