¿Qué pensaría un profano que se acercara con sana curiosidad a los sesudos tratados de los teóricos de la economía, con el loable fin de mejorar su comprensión de las intrincadas aristas de la realidad económica, ante la afirmación de que en esos modelos no hay cabida para el análisis del dinero, del beneficio, del capital, del tiempo, de la renta, de las grandes corporaciones ni del estado?
El neoliberalismo es la expresión descarnada de los intereses del capital en su fase imperialista más desarrollada. Es, al tiempo, la ideología del imperialismo estadounidense como fuerza hegemónica.
La pederastia y otras depravaciones no son una anécdota en la ICAR (Iglesia Católica Apostólica Romana). Desde que el emperador Constantino se apropió de la entonces pequeña secta para convertirla en religión oficial, la ICAR no es sino una religión de Estado, fundamentada en el control de la actividad sexual de las personas y en la alianza con el "poder secular", esto es, con la clase dominante, que cristianizaba manu militari.
El diputado de Izquierda Plural, Joan Coscubiela, se une desde este artículo en NUEVA TRIBUNA al clamor argumentario que demuestra que las medidas en el mercado de trabajo, coronadas por la Reforma Laboral, son la brutal herramienta de conculcación de derechos de la gente. Los tópicos al uso actual, como esas patrañas de las bondades de las restricciones salariales y de la liberalización de los despidos, quedan desmentidas repetidamente por la lógica, la teroiía y la evidencia de los hechos.

El teólogo Juan José Tamayo contrapone sus diez mandamientos de la ética liberadora, al otro decálogo de la teología neoliberal que, sardónicamente, presentara Ricardo Petrella
