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22:11h. miércoles, 20 de enero de 2021

Mayor carga impositiva para grandes fortunas y multinacionales

Tras la aparición del coronavirus, ¿ha dejado de ser una utopía la renta básica universal? - por Kanni Wignaraja

 

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Nota de Chema Tante: Contra mi costumbre, publico estos dos textos de Kanni Wignaraja, a pesar de carecer de autorización expresa, porque lo publica NOTICIAS ONU y siento que se trata de un material de altísimo interés. Con Francisco Morote, que recomienda la entrevista y el artículo, publicados en mayo y julio de este año, estoy persuadido de que la Renta Básica Universal Incondicional, aplicada sin las trabas administrativas que la burotecnocracia escrivaniana suele imponer, por un importe lógico y razonable, no mezquino, y financiada con un impuesto a las fortunas y rentas alt5as, no solamente es un asunto de justicia inexorables, sino la única solución para una economía devastada por la pandemia. En Canarias, donde la actividad de turismo masivo, monocultivo estúpidamente impuesto por la oligarquía, hace aguas sin remedio, la Renta Básica Universal tendrá que imponerse, tarde o temprano, les guste o no. En ese sentido, tengo que aplaudir la iniciativa del Gobierno Canario y de su Consejera de Sociales, Noemí Perera, de distribuir otra ayuda complementaria a la PCI y la RBI. >Aunque su importe, 250 euros siga siendo raquítico y su carácter, puntual, no deja de ser un paso adelante. Confiemos en que el dinero europeo para la recuperación y los presupuestos sirvan para seguir avanzando. Pero el objetivo, sin duda es la Renta Básica, Universal Incondiciona

Tras la aparición del coronavirus, ¿ha dejado de ser una utopía la renta básica universal? - por Kanni Wignaraja, Subsecretaria General y directora de la Oficina Regional para Asia y el Pacífico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)​
 

6 mayo 2020

Aparte de dejarnos una crisis sanitaria sin precedentes, uno de los efectos colaterales de la pandemia de la COVID-19 es el desastre económico que ha supuesto para un gran número de personas en todo el mundo. Para ayudar a los más vulnerables una alta funcionaria de la ONU llama a los países a proporcionar una renta básica universal a los  ciudadanos.

La directora de la Oficina Regional para Asia y el Pacífico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Kanni Wignaraja, habló con Noticias ONU y comenzó explicándonos por qué empieza a cobrar fuerza la idea de una renta básica universal (en la que los gobiernos dan una suma mínima de dinero a todos los ciudadanos, en función de la situación laboral o de los ingresos).

"La propagación de la COVID-19 ha sacudido profundamente las economías y la gente empieza a cuestionar los modelos económicos existentes: esta pandemia ha disparado los actuales niveles de injusticia y desigualdad en todo el mundo. Así que se necesitan ideas más atrevidas incluyendo algunas que se dejaron antes de lado", asegura.

En la ONU decimos que cuando se produce y nos golpea este tipo de situaciones y no hay un nivel de ingresos mínimos, la gente se encuentra literalmente sin opciones. Sin los medios necesarios para subsistir, es mucho más probable que sucumban al hambre u otras enfermedades, mucho antes de que la COVID-19 les alcance.

Actualmente, millones de personas están desempleadas. Una enorme proporción de ellas trabajan en el sector informal, sin contrato, cobertura sanitaria o cualquier tipo de seguridad laboral. A esta situación hay que sumar a las personas desplazadas, los refugiados y los indocumentados que nunca formaron parte de ningún sistema formal.

Por ese motivo, para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo es esencial recuperar el debate sobre la renta básica universal, y convertirla en una parte esencial de los paquetes de estímulo fiscal que los países están planeando.

 

¿Qué tipo de respuesta está recibiendo de los gobiernos de la región de Asia y el Pacífico?

Bastante mayor de la que tuvimos en el pasado. Por primera vez, también cotamos con muchos más datos que nos permiten identificar a las personas más vulnerables. Hacemos preguntas muy específicas sobre el tipo de paquetes de seguridad social que hoy en día cubren a las personas, y hemos descubierto que, en Asia y el Pacífico, alrededor del 60% de las personas no tienen ningún tipo de protección social, y ciertamente no pueden permitirse algunas de las opciones que existen actualmente.

Los dólares invertidos en asegurar que las personas tengan algún tipo de red de seguridad son mucho más baratos que las enormes inversiones para rescatar ahora economías enteras o pagar subsidios a los combustibles fósiles.

Pero la renta básica universal es demasiado cara, ¿no?

La mayoría de los países de Asia y el Pacífico no tienen una elevada deuda interna o externa, y no queremos aumentar esa carga porque sólo servirá para causar mayores problemas durante varias generaciones.

Pero en la mayoría de los países de esta región la relación entre los impuestos y el PIB es muy reducida y la mayor parte de los ingresos públicos provienen de los impuestos indirectos o regresivos. En otras palabras, son principalmente los pobres los que están siendo gravados desproporcionadamente, y esto tiene que cambiar.

Las "termitas fiscales" se comen la recaudación tributaria de un país: las naciones permiten paraísos y exenciones fiscales. Además, otorgan grandes subvenciones a los combustibles fósiles. Esto representa una pesada carga para los recursos públicos. Además, los países en desarrollo pierden más de un billón de dólares cada año debido a las operaciones financieras ilícitas, y esto sin contar con la corrupción y la ineficiencia internas.

Tenemos que detener esta hemorragia financiera. Arreglar cualquiera de esas partes liberaría suficiente dinero para pagar la renta básica universal, que no es para siempre, pero lo es en estos momentos dados los impactos sociales y económicos de la COVID-19.

¿Cómo pueden los países de Asia y el Pacífico recuperarse de forma sostenible y reducir la desigualdad?

Una de las razones fundamentales por las que la mayoría de los coronavirus saltan tan rápido de las especies animales a las humanas, es que no hemos cuidado nuestro medio ambiente: hemos destruido tanto hábitat natural que las transmisiones de enfermedades de los animales a los humanos parecen inevitables.

Por ejemplo, fue alentador ver que en las recientes elecciones celebradas en la República de Corea durante la pandemia de coronavirus el partido ganador incluyó como promesa electoral la consecución de una economía baja en carbono y alcanzar las emisiones neutras para el año 2050.

El apoyo abrumador a esta plataforma demuestra que los votantes -y espero que así sea en todo el mundo- están empezando a juntar los puntos. No sólo ven esta situación como una crisis económica y sanitaria, sino que también reconocen su vinculación a una crisis climática y ambiental.

Por ese motivo, en las Naciones Unidas insistimos en la importancia de la sostenibilidad económica, social y ambiental, y en la necesidad de unir a la gente y al planeta, e invertir en ambos.

No se trata de un sueño inalcanzable que resulta demasiado costoso para convertirlo en realidad. El costo de vivir usando combustibles fósiles y con enfermedades como la COVID-19 es mucho más caro, no sólo a largo plazo, sino incluso a corto plazo.
 
Varios países de Asia temen la pérdida de millones de empleos debido a la pandemia. ¿Puede la renta básica universal salvar a la región?

La renta básica universal no es la solución a los problemas económicos de la región, pero salvará a las personas de caer en el abismo. Hay una creciente crisis de empleo en la región y las economías necesitan crecer de modo que se tenga en cuenta ese hecho.

Pese a algunas excepciones, muchos países de Asia tienen una población muy joven y en crecimiento por lo que cada vez se incorporan más personas al mercado laboral. Sus niveles de educación están mejorando y están dispuestos a colaborar. Pero ese mercado laboral no se expande con la suficiente rapidez, y esta vez se deben crear empleos más ecológicos y seguros.

Además, la interconexión más estrecha de las economías del mundo provoca nuevos problemas. Por ejemplo, Bangladesh tuvo muy pocos casos de COVID-19 hace un par de meses, pero se despidió a más de un millón de personas en la industria de la confección.

Esta situación se formó cuando, al inicio de la pandemia y tras la detención de la producción en China, se rompió la cadena de suministro no pudiéndose enviar a las fábricas de Bangladesh piezas esenciales como botones y cremalleras. Los trabajadores bangladesíes despedidos recibieron, en el mejor de los casos, una semana de salario y ninguna protección social. En muchos casos, ahora se viven en las calles.

Otro ejemplo se produjo en los países que dependen en gran medida del turismo, como las Maldivas, Tailandia, Sri Lanka y Bhután. Las economías de esas naciones se vieron gravemente afectadas al interrumpierse los viajes de los turistas internacionales.

Además, esta crisis plantea varias cuestiones relativas a la capacidad de recuperación de las economías. Por ejemplo, ¿cuánto se debe cultivar y producir localmente para mantenerse seguro ante estas situaciones? Mientras permanecemos interconectados globalmente, aprendemos a las malas que las cadenas de suministro globales son tan fuertes como su eslabón más débil: cuando se rompe ese eslabón, pueden colapsar economías enteras.

 

 

Los argumentos a favor de una renta básica universal
   
17 Julio 2020 

La subsecretaria general de las Naciones Unidas y directora regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Asia y el Pacífico, Kanni Wignaraja, destaca la necesidad de poner en marcha este sistema de seguridad social y advierte que la alternativa a no implementarlo resultará en un aumento de la desigualdad que incrementará las tensiones.

La regla número uno del manual de gestión de crisis es la siguiente: cuando estás en un hoyo, lo primero que debes hacer es dejar de cavar.

La vorágine en la que nos ha sumergido el brote de COVID-19 ha llevado a varios países a considerar la posibilidad de establecer incentivos fiscales a gran escala y la impresión de dinero para mitigar las dos crisis que se están desarrollando simultáneamente: la pandemia y la desenfrenada depresión económica.

La aplicación de estas medidas resulta fundamental, pero deben ser estratégicas y sostenibles ya que, para tratar las crisis actuales, debemos evitar plantar las semillas de otras nuevas, ya que hay mucho en juego.

Por eso, ha llegado el momento de incorporar un nuevo elemento al conjunto de medidas políticas que los Gobiernos están adoptando. Un factor conocido de sobra, pero al que hemos olvidado por completo: La Renta Básica Universal, un mecanismo necesario como parte del paquete de medidas económicas que nos ayudará a salir de este abismo.

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Posible incremento de las tensiones sociales

Sus múltiples detractores niegan su funcionamiento al afirmar que ningún país puede permitirse el lujo de repartir dinero con regularidad a cada ciudadano. Argumentan que crean déficits insostenibles que no pueden ser costeados.

Sin duda es una afirmación válida, pero hemos de pensar que la alternativa resultará en un aumento de la desigualdad que incrementaría las tensiones sociales suponiendo un mayor coste para los Gobiernos y expondría a los países a un mayor riesgo de conflicto civil.

La pandemia que se inició en China ha hecho estragos en toda Asia, e incluso fuera de ella, dejando en evidencia las desigualdades y vulnerabilidades regionales de enormes grupos de población. Entre ellas encontramos a los trabajadores del sector informal -cuyo número se estima en 1300 millones de personas o dos tercios de la mano de obra de Asia y el Pacífico-, así como a los migrantes, con casi 100 millones de personas desplazadas únicamente en la India.

Si gran parte de toda una generación pierde sus medios de subsistencia y la red de protección los costos sociales serán insoportables. La inestabilidad económica seguirá al estallido de las tensiones sociales.

Falta un nuevo contrato social

En estos momentos en los que tenemos que reactivar unas economías que se encuentran en plena erosión, el beneficio que reportaría la estabilidad social sería enorme, lo que constituye un argumento aún más convincente en favor de la Renta Básica Universal.

Necesitamos que surja un nuevo contrato social de esta crisis que reequilibre las profundas desigualdades que prevalecen en todas las sociedades. Para decirlo sin rodeos: la cuestión ya no debería ser si se pueden encontrar recursos para una protección social efectiva, sino cómo se pueden encontrar. La Renta Básica Universal se presenta como un instrumento útil en ese marco.

En este sentido, algunas partes de los Estados Unidos y Canadá ya se pusieron manos a la obra. De hecho, durante décadas todos los residentes del Estado de Alaska han recibido pagos anuales de este tipo. Por su parte, el primer ministro canadiense Justin Trudeau prometió 2000 dólares canadienses al mes a los trabajadores que perdieron sus ingresos debido a la pandemia durante los siguientes cuatro meses. Lo que necesitamos ahora es ampliarlo y hacerlo funcionar a largo plazo, y podemos.

Pero debemos plantearlo de un modo diferente al del pasado. No deberíamos verlo ni como una limosna ni como una solución complementaria a las ya existentes. En su lugar, debemos usar la doble crisis para reevaluar dónde seguimos "cavando".

Necesitaremos una carga tributaria justa. Los países tendrán que trabajar conjuntamente e intercambiar datos para evitar que las personas y las empresas evadan impuestos. Todos debemos pagar la parte que nos corresponde. Sinceramente, ya no podemos privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.

Después debemos acabar con las subvenciones, en particular las de los combustibles fósiles, que impiden el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente en las metas relativas al cambio climático. Esta medida supondría un beneficio común, al tiempo que generaría recursos económicos para un ingreso básico, pero también para apoyar a las empresas de combustibles fósiles.

Mayor carga impositiva para grandes fortunas y multinacionales

Warren Buffet y Bill Gates, dos de las personas más ricas del planeta, han defendido la postura de que los ricos han de pagar más impuestos, ya que su escasa aportación tributaria ha dado lugar a una creciente y enorme disparidad. Según el Informe sobre la Riqueza Global 2018 que elabora la empresa de servicios financieros Credit Suisse, el 10% de las personas más ricas del mundo poseen el 85% de la riqueza.

Las multinacionales tampoco pagan la parte que les corresponde. Apple, Amazon, Google y Walmart, por nombrar sólo algunas, generan beneficios estratosféricos y, después de aprovechar todas las lagunas de los sistemas fiscales, pagan cantidades limitadas. Si las primeras 1000 corporaciones de todo el planeta pagaran una justa cantidad de impuestos, permitiría la distribución de una modesta Renta Básica Universal en todo el mundo. Hay algo que simplemente va mal y no funciona cuando se priva a los gobiernos de los fondos que deberían tener de un modo legítimo para crear un mejor estado.

Para que los detractores no piensen que se trata de una teoría de la izquierda, la idea de la competencia fiscal se viene tratando desde hace años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos cuyos miembros incluyen a los Estados Unidos, Canadá y los países de Europa Occidental.

Según los expertos en política fiscal de la Organización: "para trabajar de forma eficaz, toda economía global necesita algunas reglas básicas para guiar a los gobiernos y a las empresas. Ese marco puede ayudarles a movilizar el capital a lugares donde puedan mejorar su rendimiento, sin obstaculizar el objetivo de los gobiernos nacionales de satisfacer las expectativas legítimas de sus ciudadanos de participar equitativamente en los beneficios y los costos de la globalización".

Pero lograr unas "reglas básicas aceptables" y "una participación justa en los beneficios y los costos" requerirá una coordinación mundial; porque si un país comienza a cobrar impuestos de este modo, el capital con alta capacidad de movilidad huirá a los países que no lo hagan.

 

¿Cómo poner en marcha la Renta Básica Universal?

Sin duda la Renta Básica Universal será difícil de poner en marcha. Es importante considerar imparcialmente los pros y los contras, las razones por las que no se ha aplicado de forma generalizada hasta ahora y los motivos que podría hacerla viable.

Más allá de su costo, un factor clave que complica es que no aparecería de la nada. Tendría que encajar y complementar los programas de asistencia social existentes y se necesitarían normas para evitar cobrar una doble prestación.

El cambio a este tipo de sistema debería garantizar que se mantengan intactos los beneficios para conseguir un empleo. Eso es relativamente sencillo de conseguir: la Renta Básica Universal debería bastar para mantener a una persona con un salario mínimo modesto, permitiendo que existan suficientes incentivos para trabajar, ahorrar e invertir.

Por último, se pueden aducir razones de peso para vincularlo a condiciones muy concretas, algunas de ellas relacionadas con intereses públicos, como vacunar a todos los niños y asegurar que asistan a la escuela. Estas situaciones puntuales no desvirtuarían el propósito principal de eliminar la pobreza y permitirían a las personas de bajos ingresos correr riesgos calculados para tratar de salir de la pobreza.

La alternativa a no disponer de una Renta Básica Universal es el incremento de  probabilidad de que se produzcan disturbios sociales, conflictos, migraciones masivas incontrolables y la proliferación de grupos extremistas que se aprovechan y agitan la frustración social. Es en este contexto que debemos considerar seriamente la posibilidad de aplicar una Renta Básica Universal bien diseñada, de modo que las crisis puedan golpear, pero no destruir.

* Tomado de NOTICIAS ONU

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Kanni Wignaraja

Subsecretaria General y directora de la Oficina Regional para Asia y el Pacífico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)​

 

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