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08:07h. martes, 22 de septiembre de 2020

Empresario turístico canario: ciego, inválido, oligofrénico, muy peligroso - por Chema Tante

 

FRASE TANTE TURISMO

Empresario turístico canario: ciego, inválido, oligofrénico, muy peligroso - por Chema Tante *

Sí. El titular es fuerte, pero veraz. A los hechos me remito. Quién no ve lo que tiene delante, es ciego. Quién necesita muletas, es inválido. Quien no puede razonar, establecer relaciones lógicas entre las realidades, tiene deficiencia mental, es un oligofrénico. Y quien agrede fuertemente la habitabilidad del planeta, contribuyendo al calentamiento global, quien destroza el territorio y la cultura, quien abusa de la gente trabajadora y ahora no duda en poner en serio peligro la salud colectiva, mirando solamente a sus intereses, es fuertemente peligroso.

El empresario turístico canario estuvo muchos años pensando que era un maravilloso ejecutivo, porque obtenía jugosos beneficios, con muy poco esfuerzo. Iba a escribir "trabajo" pero sería una inexactitud. El empresario turístico canario montó un negocio que le daba dinero, pero sostenido con diversas muletas, públicas y privadas. recibía orondas subvenciones, le pagaban las promociones publicitarias, se aprovechaba de los servicios e infraestructuras públicas, pero pagaba una ridiculez de impuestos, porque se acogía a la RIC y a todas las subvenciones aplicadas por la estupidez oficial neoliberal. Abusaba, en salarios y horarios, de su personal, no contribuía a la economía canaria, porque atendía y alimentaba a sus turistas con productos importados, porque los isleños "no son rentables". Por no preocuparse, el empresario turístico canario ni reparaba en los mercados de origen, porque los y las turistas se captaban y se transportaban por operadoras y transportistas multinacionales. De esa manera, se diseñó un concepto de turismo ramplón, barato, buena parte del cual no sabía ni le interesaba dónde estaba ni la cultura ni qué cosa es Canarias. 

El empresario turístico canario no hacía otra cosa que acudir a las ferias internacionales del sector, para gozarse las francachelas y tenderetes. Eso sí, donde trabajaba con ahínco el empresario turístico canario era en sepultar en cemento a Canarias. Donde hubiera una obra y un 20 %, allá estaba el empresario turístico canario. De los hoteles ilegales conejeros a las monstruosidades urbanísticas de esos sures insulares. De Tindaya a Granadilla, de Arinaga a Tazacorte, de Las Teresitas a los barrancos de Güímar. Del gas a los obstáculos a las renovables. De las gigantescas terminales aéreas, las autovías y tranvías, a la planta de asfalto en La Palma. De las construcciones brutales, como la del edificio del puerto bagañete al emperretamiento por meterle un teleférico a la cumbre en Tejeda. En todos los aberrantes PGO, del que fue paradigma de la infamia el chicharrero que pretendía despojar a un montón de gente de sus propiedades. De los aparcamientos adjudicados digitalmente, al Mamotreto de San Andrés, sin olvidar el que erigieron en el Puerto de La Luz. Dónde hubiera una blasfemia ecológica, detrás estaba con la billetera el empresario turístico canario.

Con esas vacas gordas del negocio, aunque Canarias mantuviera año tras año los peores registros del estado español y de la Unión Europea en miseria, paro, precios altos, salarios bajos, importando alimentos y combustibles fósiles para la energía, el empresario turístico canario, que no tenía gran cosa que hacer, se paseaba por los medios de comunicación que pagaba generosamente, derramando el guineo exasperante de su labia tecnocrática. Cuánto sabía el empresario turístico canario. Cuánto le debe Canarias a este prócer.

Y, cuando a otros destinos les sobrevenía un cataclismo que les cortaba el negocio, el empresario turístico canario recibía privado los contingentes adicionales de turistas, sin ampliar sus plantillas laborales, sin otra medida que la de aleccionar a sus jefes de personal para que apretaran un pizco más la tuerca de crujir a la gente. No importa que Las Kellys tengan que trabajar con analgésicos, que las brigadas de restaurantes, barras y cocina queden extenuadas. Las cajas registradoras sonaban - en Europa, claro, que es dónde se cobra el turismo canario- y las ganancias del empresario turístico canario crecían, para alimentar sus juegos de la especulación financiera.

Nada de hacer reservas ni previsiones. La catarata de millones no se extingue. Y si se extingue, el dios neoliberal, el estado, proveerá.

Ah. Pero cuando se presentaba un problema, un volcán que rompe el flujo de turistas, un operador que quiebra, un transportista que se molesta y amenaza con reducir vuelos, entonces el empresario turístico canario reclamaba la muleta adicional y los gobiernos de turno, siempre pendientes de la fecha de la próxima campaña electoral, corrían a gestionar las perras públicas que hicieran falta, para apuntalar un negocio que es ruinoso socialmente para el pueblo canario, exterminador de su cultura, su identidad y de su territorio y extremadamente dañino para el Planeta, por la huella ecológica que produce. Nada de eso importa, porque se soluciona con unas buenas campañas de intoxicación informativa.

Ahora se ha presentado el problema terminal. La catástrofe final. El empresario turístico canario, acostumbrado a que la realidad se plegara a sus deseos, no fue capaz de aplicar la lógica. Y tampoco el gobierno canario, que no puede ver ni pensar, porque está abismado en los números de la calculadora. Creyeron que el turismo iba a volver, en cuanto al gobierno del estado se le terminara la bobería esa del estado de alarma. Como dijo un inefable político canario, antaño factotum del turismo "nuestro turista fiel volverá". Ilusos. Insensatos. Desde que esta pandemia se puso como se puso, era evidente que las ingentes manadas de personas que la bestia del turismo masivo necesita para más o menos operar, no iban a venir. Porque no hay manera de que el maldito virus desaparezca, por mucho que lo deseen, hasta que la vacuna se descubra y se aplique. Y después, para dentro de un par de años, la evidencia de que el turismo masivo en Canarias es una maldición ecológica se habrá impuesto y se terminará con esta historia estúpida. Y no es todo. A pesar de que el empresario turístico canario, ciego, inválido, oligofrénico y, encima tolete y el gobierno canario, que no se queda atrás en su simplonería, no se hayan enterado, estamos a las puertas de la más bestial crisis económica que haya habido desde la Guerra Mundial. Una depresión en la que poca gente podrá meterse en un avión para pasar sus días de vacaciones en Canarias. No. No hay futuro para el turismo masivo en Canarias. Por fortuna.

Así que no han venido. ¡Oh sorpresa! ¿Dónde está nuestro turista fiel, que no lo veo?

¿Que hace ahora el empresario turístico canario? ¿Buscar alternativas de negocio, como haría un empresario de verdad? ¿Presionar al gobierno para que invierta el dinero de la reconstrucción en nuevas actividades y en resucitar las antiguas abandonadas? NO. Lo que hace el empresario turístico canario es comprar líquido hidroalcohólico y llorar desconsoladamente repitiendo eso que le enseñaron en la escuela de negocios "Incertidumbre". Ya saben. Lección única de economía: "Las empresas requieren certidumbre y seguridad jurídica".

Mientras tanto, el gobierno canario encarga campañas de "táctica y contexto" en Reino Unido y prende velas a todas las vírgenes insulares.

* Lo escribe y lo sostiene Chema Tante

CHEMA TANTE

mancheta neoliberalismo