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07:43h. sábado, 24 de julio de 2021

Atracada - por Harmonie Botella

 

FRASE HARMONIE

Atracada - por Harmonie Botella *

Hoy se difuminó la gran ira que ardía en mi pecho. Hoy intentaré relatarle con la más grande objetividad posible el atraco que me infringió uno de los bancos de estos lares. Bajo el sol implacable de un verano de colas y colas delante de Cáritas o la Cruz Roja para recoger alimentos y más colas y colas delante de los bancos para gestionar o retirar nuestro dinero que celosamente esconden en sus cajas fuertes los potentados que manejan el fruto de nuestro trabajo… y de nuestra inocencia, Sí. Inocencia e inconsciencia. Volviendo a las colas de los abuelitos y abuelitas que quieren sacar los cien euros que van a gastar semanalmente y nunca han utilizado un cajero o una tarjeta de crédito, me pregunto aún por qué no se les atiende personalmente y dignamente sentaditos al fresquito del aire acondicionado que refresca a los empleados de dicha oficina. Algunas veces vi como  expulsaban con arrogante pero disimulada elegancia a un  casi  centenario porque ya se acabó el plazo horario para ingresar o retirar dinero a pesar de una larga y desesperada espera. En esa época, reiteradas veces, tuve que discutir lo inexplicable con empleados porque todos los meses alguien robaba de mi cuenta unos sesenta euros o más sin que nadie se opusiera. Denuncié el hecho a la guardia civil a la asociación de consumidores, al banco sin que pudiera ganar el caso. Por el tema, bien sabido de la confidencialidad de dato,s no me daban el nombre de la persona que alegremente hacía su agosto con mi dinero. Por fin descubrí que una señora pagaba su cuota de canal de TV privado a través de mi cuenta. 

Demostré al banco que yo no había contratado dicho canal pero de ninguna forma me hicieron caso. Nadie se hizo responsable de esta estafa y la tuve que sobrellevar a pesar de la indigestión que me produjo. Y pasaron, los días, los meses y los años y como en los cuentos los actores y los decorados cambiaron. Hasta la forma de relacionarse con los detentores de nuestros ahorros fue diferente, desaparecieron las libretas, los extractos. Servidora que es muy negada para la tecnología y no ve casi nada se opuso a manejar sus dineros a través del móvil hasta el día que no tuvo más remedio porque no hubo forma de pagar una factura. Así que ¡horror! Descubrió una cuenta en números rojos.  Una armada de hormigas rojas listas para erigir un nuevo problema insoluble.  podía ser, no tenía otra cuenta y menos en números rojos. De repente me di cuenta de que era la libreta que le abrí a mi nieto para ingresarle un pequeño acervo el día de su cumpleaños. Le comenté a la empleada que este estado de cuentas era imposible, mi nieto vivía en Francia, desconocía la cuenta y por lo tanto era imposible que hubiera sacado ni un euro. La señora me contestó que era normal. Como el chico era no residente le cobraban treinta euros al trimestre por mantenimiento de cuenta. Cuatro veces más de lo que yo le ingresaba al año. Así que la cuenta de mi descendiente se había transformado en la huchita de ahorros del banco. Una forma más de abuso y violencia en contra de las mujeres, de los pensionistas y de los menores. 

Para colofón la ley bancaria me impedía cerrar la cuenta y como mi nieto vivía en Francia seguirían descontando 30 euros cada 15 días, ya no recuerdo la cuanta porque se me nublaron los ojos, los oídos   ideas, de una cuenta que ya vaciaron. Y mi pregunta tonta: ¿Esto es honrado y lógico? No sé si en estos tiempos de corrupción podemos hablar de honradez y ética así que por favor ignoren mi desfachatada pregunta. Y cómo un tren puede esconder  otro y una nube tapa un nubarrón, con aire de contrición la encargada me susurraba  que debía abonar los quinientos euros que me habían sustraído ellos mismos.  

Tiempo muerto en el relato. Creía que me daba un infarto.…

Nuevo tiempo muerto. Tenía  que abonarlo ya. Sólo faltaban los malhechores como en el oeste apuntando sus pistolas sobre mí nuca. Truco o trato. Vida o muerte. Ahí en esa oficina me sentía como un rehén sin fuerzas ni aliento para llamar a Superman o al sheriff para que me rescatara de este infierno. De momento el cuento se terminó hasta que el señor director de nuestros dineros decida si soy culpable de no haber adivinado las reglas que en su pasado crearon los dioses de las finanzas.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Harmonie Botella

HARMONIE BOTELLA

 

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