Buscar
15:17h. domingo, 09 de agosto de 2020

Coalición busca su esencia - por Nicolás Guerra Aguiar


Ignoro si el apelativo CoATIción es de nuevo o antiguo cuño, pero, desde luego me parece acertado y me propongo, con permiso del interesado, utilizarlo en el futuro. Pero no se engañen. Esa travesura es la única falta de respeto que se permite Nicolás Guerra Aguiar en este artículo que se revela como un testimonio de mesura constructiva. Lo que le pide Nicolás a CoATIción es que deje de serlo y se renueve, que recupere sus esencias originales para que, con una ya renovada y asentada Nueva Canarias, pueda constituirse en un "compacto grupo político nacionalista con fuerza, con empuje, que actúe como recordatorio a los partidos nacionales de que somos distintos no por nuestra cara o por el seseo, sino porque la mar nos separa, nos aísla, nos acerca con facilidad al continente africano y con mayor rapidez nos aleja de Europa."
Como de costumbre, yo, de este texto de Nicolas, firmo hasta las comillas 

Coalición busca su esencia - por Nicolás Guerra Aguiar

 Hay agoreros radicales: si Coalición Canaria pierde el Gobierno (más preciso, CoATIción, pues quien manda es Tenerife) desaparecería en pocos meses. O lo que es lo mismo, aquel tan variopinto conjunto de visiones nacionalistas (o de nacionalismos dispares) tiene cuerpo en cuanto que ejerce el poder, único elemento identificador que relaja conciencias, sosiega temperamentos y distiende ardores. Porque veinte años con todo el control en sus manos ha ido dejando por el camino -a veces con precipitaciones- lo que fueron filosofías políticas, planteamientos ideológicos, ideas de nacionalismo moderno y renovador, elementos identificadores allá en sus comienzos, ha dos decenios y muchos muertos vivos, cuando no relumbramientos personales. Y votos. Miles de votos, miles, en cada convocatoria.

Coalición Canaria había nacido como un producto electoral, mezcla de una aparente izquierda de las islas orientales y ATI, la derecha tinerfeña desideologizada pero muy organizada. Fue, pues, combinaciones de intereses, mixtura de personas variopintas que llegaban desde muy distantes procedencias, antagónicas a veces: hijos de aparceros, burgueses conservadores, restos del PC… Pero su propia aparición en aquellos tiempos ya lejanos fue necesidad para muchos, ilusión nacionalista, esperanza y ensueños, ardientes deseos expresados en calles y zaguanes, tribunas, en los corazones de miles y miles de canarios que ansiaban cambios de verdad desde Canarias, transformaciones sociales, serenas revoluciones en los pueblos y buscaban dignidades, razones de ser en la vida, vida más justa y relajada porque ya estaban hartos de palabras, vacíos huecos con sonoridades.

Y Coalición Canaria se convirtió en poder casi omnímodo en pocos años. Pero fue más por los apasionados deseos de quienes la estaban esperando para hacerla suya que por serenidades y prudencias con que sus dirigentes la condujeron, pues muchos de ellos se dejaron llevar por desajustes, desequilibrios emocionales, y no razonaron con la frialdad exigible que tanto y tanto dominio podía embriagarlos, enajenarlos, aturdirlos exageradamente. Y llegó su primer error, perplejante inicio desideologizador: el pacto de poder con el Partido Popular, en aquellos iniciales noventa aún recogimiento espiritual de ciertas actitudes trasnochadas e ideología nada renovada, más bien consecuencia directa de improntas anteriores. Fue ahí, me parece, cuando empezó a dejar de ser no porque ansiara el mando en el Cabildo, sino porque tuvo que abandonar –e, incluso, secuestrar- ideas, pensamientos, comportamientos y actitudes. Y los cambió por posicionamientos que rozaban la contradicción más absoluta con su esencia, si no la despreciaron para cambiarla por nominillas, despachos, coches oficiales, trajes incómodos por su propia textura, corbata incluida.

Fue la época del impulso económico del este grancanario, allí donde se invirtieron las mayores partidas, los grandes presupuestos, que sí es cierto que los necesitaban, pero no eran los únicos. Así, Telde, Santa Lucía, Agüimes… recibieron todo lo que la torpe oligarquía platanera del norte les había negado a los suyos, el pan y la sal. Pero fue a costa de abandonar a los restantes municipios, receptores de palabras, desencuentros, no sé si desprecios, como así le pasó a Gáldar, a don Demetrio Suárez, por ejemplo, su alcalde en aquellos años, a Guía, a los pueblos del interior que no coalicionaban desde sus ayuntamientos. Los ayuntamientos del este, sí, necesitaban despertares, pues aún los feudalismos no se habían desterrado. Pero Coalición Canaria los empujó ficticiamente hacia el siglo XXI… a costa de miles de ciudadanos cuyos únicos delitos habían sido votar PSOE, PP o Asambleas de Vecinos. Y todavía son patentes las nefastas consecuencias como en Gáldar, por ejemplo, con uno de los mayores índices de paro.

Pero tras el pecado, la penitencia. Hoy, a su pesar, Coalición Canaria es solo sombra de sí misma, atizada año tras año por el poder de Tenerife, último reducto de aquella grandísima ilusión –más, esperanza- que representó para nuestros paisanos que vieron en ella la posibilidad de la justicia social y el arranque hacia metas de prosperidad y equilibrios merecidos. Y lo siento, porque Canarias necesita un compacto grupo político nacionalista con fuerza, con empuje, que actúe como recordatorio a los partidos nacionales de que somos distintos no por nuestra cara o por el seseo, sino porque la mar nos separa, nos aísla, nos acerca con facilidad al continente africano y con mayor rapidez nos aleja de Europa. Por eso la población creyó en Coalición Canaria, y le perdonó incluso hasta sus iniciales aburguesamientos en Gran Canaria.

Su segundo gran error, quizás embelesada por festines y cornetas de pasajeros éxtasis, fue que se convirtió en la panacea para cientos de personajes trepadores, sin ideologías, que de la noche a la mañana se descubrieron nacionalistas sin tener ni idea de que el nacionalismo es también eso, ideas, sentimientos, maneras de ser, formas de entender la sociedad, visiones universales. Pero entre asistencias a luchadas, levantamientos de arados, roniadas y perras de vino en romerías con vestimentas recién compradas en almacenes de capital foráneo se curaron todos los males y se hicieron los milagros: quienes ayer eran nacionales por conveniencia y tradición, o simplemente vividores, iluminados, se encontraron investidos de esencias patrióticas e incluso fanáticamente conversos, los peores, claro.

Y es una pena, porque aún quedan en sus filas gentes que podrían significar avances y progresos para Canarias. Pero permanecen en silencio, no sé si ya acomodados o acaso acomplejados por el aislamiento a que se ven sometidos desde otros estadios del poder, incluso del pueblo, y cada vez más limitados geográficamente. También es cierto que les sobra mucha gente arribista, interesada, sin ideologías, ni tan siquiera con capacidades aunque sí con ambiciones de perpetuidad en carguillos de tercera, cuarta categoría.

Sí, CoATIción (la que fue pálpito como Coalición) necesita no ya una profunda renovación: reclama para su reencuentro con Canarias una revolución interna. Y esta debe comenzar –si me permiten la opinión, ajeno al grupo político- por sus propios cuadros de mando (expresión esta que tiene su significado simbólico). Año tras año, cuatrienio tras cuatrienio, decenio tras decenio, las mismas caras cada vez más añejas sea en el puesto que sea, que lo mismo no sirven para la consejería de Educación que para la ZEC, pero da igual, el politburó maquina para que del poder no se mueva nadie de los suyos.

Y después de la renovación humana, a los conventos y monasterios, a la meditación, al debate, a su propia búsqueda porque, ideológicamente, CoATIción no es ni tan siquiera una transparencia de sí misma. Y al final, ya ideologizada en su esencia primigenia, ya Coalición Canaria otra vez, podría acercarse a NC, también renovada. Hay en ella valores recuperables que pueden servir a Canarias (por ejemplo, el señor Rodríguez ídem, a pesar de imprudentes desequilibrios, pero hoy ya asentado y con visión). En gente de valía no andamos muy sobrados, es cierto. En junio tendrá CoATIción su palabra, su oportunidad quizás última. Por Canarias le deseo la resurrección.

http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=257917

http://www.teldeactualidad.com/articulo/opinion/2012/04/21/7413.html

http://www.infonortedigital.com/portada/component/content/article/13163